Ojalá las elecciones fueran todos los días
Y mientras estas necesidades exigen atención, hay otra escena que empieza a repetirse: aparecen nuevas propuestas, surgen ideas para transformar la ciudad, se multiplican los encuentros con las comunidades y muchas personas manifiestan su intención de participar en la fiesta democrática. Los barrios vuelven a ocupar un lugar visible en las conversaciones. Se habla de sensibilidad social, de compromiso, de oportunidades y de soluciones.
Hay algo que siempre me ha generado una pregunta: ¿por qué pareciera que el interés por la gente, las propuestas para solucionar los problemas de la ciudad y las ganas de trabajar por las comunidades se multiplican cuando se acercan las elecciones?
Neiva lleva décadas esperando el progreso que sus ciudadanos merecen. Nuestra ciudad parece avanzar más en los discursos que en las realidades: nos estamos acostumbrando a los elefantes blancos, a las obras inconclusas y a los proyectos que se quedan atrapados en una planificación deficiente y en decisiones que merecen mayor vigilancia. Seguimos esperando un estadio a la altura de nuestra gente, una solución definitiva al tratamiento de las aguas residuales, mayores garantías de seguridad, la llegada de grandes empresas que generen empleo y oportunidades, y una estrategia seria que convierta nuestro potencial turístico en una verdadera fuente de desarrollo. ¿Cómo es posible que una ciudad con la ubicación estratégica, la riqueza natural y el potencial humano de Neiva no logre consolidar una transformación sostenida?
Y mientras estas necesidades exigen atención, hay otra escena que empieza a repetirse: aparecen nuevas propuestas, surgen ideas para transformar la ciudad, se multiplican los encuentros con las comunidades y muchas personas manifiestan su intención de participar en la fiesta democrática. Los barrios vuelven a ocupar un lugar visible en las conversaciones. Se habla de sensibilidad social, de compromiso, de oportunidades y de soluciones.
¡Qué bueno que haya ciudadanos interesados en aportar a Neiva! ¡Qué bueno que existan personas dispuestas a asumir responsabilidades públicas! La participación democrática es necesaria y la ciudad necesita ideas, liderazgos y propuestas. Pero precisamente por eso vale la pena hacernos una pregunta incómoda: ¿por qué muchas de esas iniciativas no se mantienen con la misma intensidad cuando no estamos en temporada electoral?
¿Por qué esperar a que se acerquen las elecciones para escuchar con mayor frecuencia las preocupaciones de una comunidad? ¿Por qué no acompañar durante todo el año a los sectores que necesitan atención? ¿Por qué no convertir las propuestas en proyectos, las reuniones en compromisos verificables y las buenas intenciones en resultados que puedan evaluarse?
El liderazgo no debería depender de un calendario electoral. Quien tiene vocación de servicio encuentra maneras de aportar incluso cuando no ocupa un cargo público, no busca una candidatura o no tiene garantías de recibir reconocimiento. A veces, liderar significa acompañar a una familia que necesita orientación; otras veces, insistir ante una institución para que atienda una necesidad, promover una iniciativa ambiental, defender los derechos de una población vulnerable o ayudar a construir soluciones desde la propia comunidad.
No todos los liderazgos necesitan grandes presupuestos. Muchos comienzan con voluntad, organización y perseverancia. Pero sí requieren algo fundamental: coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, las personas no son fotografías, cifras ni instrumentos de promoción. Son ciudadanos con derechos, dignidad y necesidades concretas.
Ponerse en los zapatos del otro no consiste solamente en visitar su barrio, escuchar su historia o compartir una jornada. Significa comprender su realidad, respetar su dignidad y mantener la disposición de trabajar por soluciones incluso después de que termina la visita. La verdadera sensibilidad social se demuestra en la constancia, no en la duración de un saludo.
Por supuesto, tampoco podemos desconocer que hay personas que llevan años trabajando por sus comunidades sin buscar protagonismo, así como ciudadanos que se acercan por primera vez a la política con intenciones genuinas de servir. Sería injusto generalizar. La pregunta no es quién aparece en una fotografía ni quién habla más fuerte, sino qué ha hecho cada persona, qué está dispuesta a hacer y cómo podemos verificar que sus compromisos se traduzcan en acciones.
Por eso, a veces pienso: ¡ojalá las elecciones fueran todos los días! No porque debamos vivir permanentemente en campaña, sino porque sería maravilloso que la energía con la que hoy se presentan tantas ideas se mantuviera durante todo el año; que el interés por los barrios no desapareciera después de una jornada electoral; que las propuestas siguieran madurando y que el compromiso con la gente no dependiera de la posibilidad de obtener un cargo.
No se trata de descalificar a quienes quieren participar en política. Se trata de invitarlos a demostrar que su interés por Neiva va mucho más allá de una elección. Que sus ideas puedan conocerse, discutirse y ponerse a prueba desde ahora. Que la voluntad de servir no tenga fecha de vencimiento. Porque Neiva no necesita que la recuerden solamente cuando llegan las elecciones. Neiva necesita que la piensen, la escuchen y trabajen por ella todos los días.