Plebiscito contra el estilo
El lenguaje autoritario, violento, amenazante, denigrante y pendenciero, adoptado como estrategia publicitaria y de aniquilamiento al que no comulgue con la visión del tigre, fatiga muy pronto a la sociedad, como ya se evidencia en las calles.
Las nutridas marchas de la semana pasada, son un mensaje contundente del pueblo a dos destinatarios: Por un lado, el pueblo marchante le dijo al presidente Abelardo, que los ciudadanos no respaldamos autoritarismos, amenazas y persecución de aquellos que libre y democráticamente critican o se oponen al gobierno. La magnitud de las protestas que se dieron en todos los puntos cardinales, obliga al gobierno a corregir su rumbo y soltar el espejo retrovisor que mantiene en sus manos, para ensuciar con estiércol al anterior gobierno; sin percatarse que la campaña política termino en Junio, y que el reloj que contabiliza el tiempo de su gobierno, hace dos meses y medio comenzó a correr implacablemente.
También es un mensaje del progresismo para el Pacto Histórico: Los ciudadanos progresistas que respaldaron al gobierno de Petro, están presentes y exigen la implementación de reformas, estrategias, organización y reingeniería, que permitan reconquistar el electorado, lograr triunfos en la elecciones territoriales del año entrante y la posibilidad de reconquistar el poder en el 2030.
Las nutridas marchas, no fueron exclusivas del Pacto Histórico ni de Partidos de Izquierda; fueron marchas ciudadanas, de jóvenes, mujeres, sindicatos, organizaciones sociales y gente que hace apenas tres meses, votó por el cambio de gobierno y hoy le dice a ese mismo gobierno: Tigre, así no es la vaina. Somos un país atípico; pasamos de la rabia a la ternura en un santiamén; los héroes de ayer, son los villanos de hoy, como le ocurre a los futbolistas y a la mismísima selección Colombia; se elige a un presidente con entusiasmo y furia; pero al poco tiempo, sus mismos electores y grupos opuestos, que antes no se podían ni ver, se encuentran en el rechazo al desempeño del gobierno. A Petro le fue mejor que a Abelardo en la luna de miel con sus electores; mientras a Petro le dieron un compás de espera considerable; al tigre, a escasos dos meses y medio de gobierno, muchos de sus seguidores, ya lo están cuestionando y correteando para caparlo. No le dicen perro, pero le están mostrando el tramojo.
El presidente Abelardo ganó la elección para el periodo 2026-2030, según lo certificó la organización electoral, con un discurso de orden, seguridad, anti corrupción, prometiendo ordenar la casa y la reactivación económica; está en su derecho de gobernar con el programa prometido, nadie lo discute; lo que la gente le está cuestionando tempranamente en las calles, es el pobre resultado de su gestión, el estilo y el espejo retrovisor que no le permite gobernar como debe ser. Su estilo de gobierno confunde la firmeza con la intimidación y el autoritarismo. La firmeza frente al tema de seguridad y la corrupción, encuentra respaldo en amplios sectores de la sociedad; pero no le respaldan las narrativas de cálculo meramente electoral, para aniquilar a quienes se oponen a sus designios.
El lenguaje autoritario, violento, amenazante, denigrante y pendenciero, adoptado como estrategia publicitaria y de aniquilamiento al que no comulgue con la visión del tigre, fatiga muy pronto a la sociedad, como ya se evidencia en las calles. El pueblo colombiano, no votó para cambiar un gobierno que según ellos, estigmatizaba como "paracos" y fascistas, a todo el que pensaba distinto, por un gobierno que estigmatiza como bandidos y terroristas a todo el que lo critica. Las marchas de la semana pasada, son la primera moción de censura social al gobierno; son manifestaciones contundentes, que le dicen al presidente De la Espriella, tres cosas: 1. No hay cheque en blanco; 2.Ganar no es poder hacer lo que se quiera, y 3. La protesta social no es una expresión de enemistad, sino un derecho que la democracia universal le otorga al constituyente primario. En una democracia, el opositor no es un delincuente o terrorista al que hay que desmontarle el esquema de seguridad; es un ciudadano que hay que proteger, aunque incomode. Rectificar es gobernar y el mejor atributo de un presidente no es nunca equivocarse; es corregir a tiempo. El gobierno tiene dos caminos: o lee las marchas como un aviso democrático, para que corrija el rumbo y el tono autoritario, pendenciero, humillante y denigrante, manteniendo conquistas sociales, bienestar para todos, respeto por la diversidad, la memoria histórica, la firmeza en el tema de seguridad y la corrupción; o se encierra y ve a los ciudadanos que protestan, como delincuentes y terroristas. Si corrige a tiempo, el ambiente y la gestión de gobierno se tornan llevaderas; pero si se encierra en delirantes narrativas, naufragará muy rápido en su propia ficción y estilo, y se estrellará con un pueblo protestando masivamente en las calles. El poder desgasta, la rectificación da dividendos y tranquilidad, pero la soberbia lo derrumba.
Muchos creían que después de la derrota presidencial, el progresismo se había ido para la casa; que la gente que votó por Petro estaba apenada y escondida. Las marchas demostraron lo contrario; la gente progresista está viva, está presente, está en la calle. No marchó gritando "vuelva Petro", marchó gritando "no al autoritarismo", y eso en la coyuntura actual, es mucho más poderoso. Es un mensaje para los que dirigen el Pacto Histórico. El electorado no se perdió, y a pesar de la “derrota”, está esperando una razón para volver; pero para reconquistarlo, el Pacto no puede seguir en la nostalgia del balcón; necesita tres rectificaciones urgentes: a) Dejar de defenderse y empezar a hacer autocrítica. La gente en la marcha no quiere que le digan que todo fue perfecto en el gobierno pasado. Quiere que le digan que se aprendió de la UNGRD, de la Paz Total mal implementada, de los escándalos de corrupción y de la ineficacia. Sin perdón y rectificación, no hay futuro. b) Dejar de hablar solo para la izquierda; las marchas no fueron de izquierda, fueron de ciudadanos que defienden la libertad de criticar y el derecho a protestar. Participaron liberales y conservadores progresistas, empresarios, comerciantes, emprendedores, agricultores que defienden la propiedad privada, el trabajo, el cultivo de arroz y la producción lechera; ellos no quieren un gobierno que persiga al que protesta y solicita democráticamente corregir el rumbo, a quien se considera un Rey. c) Pensar en clave territorial. Las elecciones del año entrante no se ganan en X, se ganan en Neiva, en la Plata, en Garzón, en Pitalito y pueblos circunvecinos. Se ganan con gente que conozca los problemas de la región y la ciudad, que trabaje 24 horas, que tenga comprobada experiencia, buenas maneras, reconocimientos por su comportamiento privado, que no haya tenido escándalos en el manejo de lo público, y no necesariamente debe provenir de las canteras de los partidos fundacionales que hoy ya no existen. No pueden ser candidatos importados o recetados desde de Bogotá, a espaldas de nuestra realidad y autonomía territorial.
Los retos electorales del 2027 y 2030, exigen pasar de la protesta a la propuesta en defensa de la justicia social, el derecho al trabajo, la seguridad, la empresa, la propiedad privada, y el derecho a adquirir bienes de capital con el producto del trabajo honrado, entre tantos anhelos de la gente que le gusta trabajar y quiere el progreso; escenarios que deben contar con la debida protección del estado y sus autoridades nacionales y territoriales. No se pueden celebrar las multitudinarias marchas como un triunfo de la izquierda o el pacto Histórico; es un triunfo del mosaico variopinto de colombianos que creemos que es posible un país mejor: Democrático, incluyente, con justicia social, defensor de las comunidades vulnerables, de los trabajadores, los empresarios y generadores de capital; teniendo perfectamente claro que la seguridad la necesitamos todos; que la corrupción es el enemigo común y que la eficiencia y ética en el manejo de los asuntos públicos, son requisitos innegociables de nuestra acción y plataforma política, que se deben incrustar puntualmente en nuestro catecismo guía. La estrategia para reconquistar el poder en 2030 no es esperar que el tigre fracase, es demostrar que a pesar de los errores cometidos, podemos hacerlo mejor y sin venganza. Las marchas de la semana pasada, fueron un plebiscito contra el estilo. Le dijeron al presidente: Gobierne, pero no abuse. Le dijeron al Pacto Histórico: El progresismo existe; no nos utilicen, reconózcanos, ábranos espacios y represéntennos como debe ser. Es el mejor momento para el progresismo, que defiende la seguridad sin autoritarismo, la propiedad sin egoísmo y el trabajo como fuente de riqueza para todos. Si ambos lados entienden el mensaje, Colombia gana; si no lo entienden, los ciudadanos seguirán marchando contra el gobierno y al Pacto Histórico, lo morderá la vaca.
Nota de cierre: 1. Se presagia un avance del progresismo en todos los niveles del poder territorial. 2. La reconstrucción de las regiones, ciudades y pueblos afectados por el temblor, ha sido un desastre. La gente en su desespero, se ven obligados a vender lo que fue su casa como un mero lote, a precio que los especuladores les quieran dar. 3. Dramático el anuncio del empresario de Arturo Calle por la pérdida de miles de empleos de su empresa, y su llamado a hacer algo para evitar la debacle. 4. Grotesco lo del museo nacional y la humillación calculada a la gobernadora y parlamentaria de San Andrés. 5. Tremendo error del gobierno, tomar partido en las elecciones de Estados Unidos, sabiendo que habrá un viraje político. 6. Si ganan los demócratas, puede develarse si hubo fraude electoral en Colombia, que hasta ahora está oculto, pese a que existen serios indicios de que sí ocurrió; será un reto y prueba de la institucionalidad y la justicia colombiana.