“Si no trabajo, no como”: Hernán Darío, 14 años vendiendo maní en Neiva

Miguel Trujillo

“Si no trabajo, no como”: Hernán Darío, 14 años vendiendo maní en Neiva

Hernán Darío Martínez lleva 14 años vendiendo maní en las calles de Neiva, luego de que una lesión por arma de fuego afectara su movilidad y lo alejara de la construcción. Hoy, apoyado en un bastón, trabaja diariamente para pagar su habitación y conseguir sus alimentos, con el deseo de seguir adelante por sus propios medios.

A sus 41 años, Hernán Darío Martínez sale todos los días a las calles de Neiva con su canasta de maní y un bastón que necesita para caminar. Hace 14 años, una lesión causada por un ataque con arma de fuego cambió su vida, afectó su movilidad y lo obligó a dejar la construcción, oficio al que se dedicaba. Hoy, la venta de maní es su principal sustento y la manera que encontró para continuar trabajando por sus propios medios.


Su jornada comienza a las 9:00 de la mañana y puede extenderse hasta las 6:00 de la tarde. Vive solo en una habitación del sector de Los Mártires, por la calle 13 con carrera Primera, por la que paga $15.000 diarios. Con las ventas debe reunir el dinero para cubrir ese gasto y conseguir sus alimentos. “Si no salgo a trabajar, ¿quién me va a dar de comer?”, expresa al hablar de las dificultades que enfrenta.


De la construcción a los semáforos de Neiva


Antes de dedicarse a vender maní, Hernán Darío trabajaba en la construcción, especialmente en labores de pañete y obra gris. Sin embargo, la lesión que sufrió hace 14 años afectó su movilidad y lo llevó a buscar otra forma de ganarse la vida.


Con el apoyo de la Fundación Rescatados por Su Sangre, aprendió a preparar maní dulce y salado. Tiempo después, decidió comenzar a vender sus primeros paquetes en el semáforo del puente de La Toma con carrera Segunda, en Neiva. Recuerda que el primer día logró vender cerca de 13 paquetes y, desde entonces, encontró en esta actividad una oportunidad para salir adelante.


Actualmente, compra el maní ya preparado, pues no cuenta con una cocina donde pueda elaborarlo. Cada día sale con su canasta a ofrecer el producto y buscar el dinero necesario para sostenerse. En el camino también ha tenido que enfrentar el trato difícil de algunas personas que confunden su trabajo con la mendicidad. Sin embargo, hay clientes frecuentes que lo saludan, lo reconocen y le compran.


Su deseo es seguir trabajando por sus propios medios


Hernán Darío también busca orientación de las entidades correspondientes para tramitar su certificado de discapacidad y conocer qué apoyos podría recibir. Por ahora, continúa trabajando con la esperanza de mejorar sus condiciones y ampliar poco a poco los productos que ofrece.


“Mi anhelo es seguirme esforzando y seguir trabajando, porque yo soy un man trabajador y me gusta el trabajo. Y tener mi moneda en el bolsillo y no pedirle nada a nadie”, afirma.


En los semáforos de Neiva, su canasta de maní representa mucho más que una venta diaria: es el sustento con el que busca mantenerse y seguir adelante después de los cambios que marcaron su vida.

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