Carta a Kbeto Zuleta

Ricardo Perdomo Pinzon

Carta a Kbeto Zuleta

Me matriculé en el ejercito de seguidores de la dinastía Zuleta; cuando apenas tenía 14 años de edad, estando en las montañas de San Andrés, municipio de Tello en el Huila, con azadón de cabo largo en mano para la desyerba, canasto en la cintura  para recolectar Café y radio Philips terciado sobre mi espalda, para escuchar las canciones de los hermanos Zuleta, Poncho y Emiliano; canciones, notas y melodías, que llegaron para quedarse en mi corazón, hasta el ultimo día de mi existencia. Escribiendo esta sentida nota, me entero que ya abriste los ojos, reconoces a las personas y recuperaste la razón. Que viva la vida de Carlos Alberto Zuleta García, hijo del Pulmón de Oro y Luz Mila, sobrino de Emilianito, nieto del viejo Mile y bisnieto de la vieja Sara; y  que mueran los pesares, como dicen los vallenatos.

Mi apreciado Kbeto: Hay veces que en la vida, nos encontramos con hechos de gloria o con alguna desgracia jamás imaginados, que cambian para siempre o parte en dos nuestra existencia; pero cuando nos enfrentamos ante una desgracia como la padecida por usted, en la plenitud de su vida y logros; dicho episodio, por doloroso que sea, termina convertido en una oportunidad y reto para saber de qué estamos hechos. Kbeto, usted está hecho de moléculas de nobleza y folclor. Esa composición molecular es la que nos exige a los seres humanos, entender que en el camino de la vida, somos unos pasajeros que se enfrentan a contingencias que pueden cambiar el rumbo de nuestra vida, o al contrario, afianzar nuestros retos en el proyecto de vida que hemos elegido o que estamos edificando. La tragedia por dolorosa que sea, también tiene capítulos que marcan positivamente nuestra existencia y nos llenan de motivos, para seguir adelante. Dentro de esas cosas buenas que nos deja la tragedia; esta la admiración, el apoyo, la solidaridad y el amor, que todo un país, le está profesando a usted mi querido Kbeto, en estos momentos de dificultad; trance  que nos ha permitido unir nuestros corazones y atarlos con el nudo más seguro de nuestra fe, pidiendo a Dios todo poderoso, protección a su vida y pronta recuperación de su salud; como así también lo viven y piden sus padres, hermanos, amigos y Zuletistas en general. 


Me matriculé en el ejercito de seguidores de la dinastía Zuleta; cuando apenas tenía 14 años de edad, estando en las montañas de San Andrés, municipio de Tello en el Huila, con azadón de cabo largo en mano para la desyerba, canasto en la cintura  para recolectar Café y radio Philips terciado sobre mi espalda, para escuchar las canciones de los hermanos Zuleta, Poncho y Emiliano; canciones, notas y melodías, que llegaron para quedarse en mi corazón, hasta el ultimo día de mi existencia. Escribiendo esta sentida nota, me entero que ya abriste los ojos, reconoces a las personas y recuperaste la razón. Que viva la vida de Carlos Alberto Zuleta García, hijo del Pulmón de Oro y Luz Mila, sobrino de Emilianito, nieto del viejo Mile y bisnieto de la vieja Sara; y  que mueran los pesares, como dicen los vallenatos.   


Mi querido Kbeto: Le escribo desde Neiva, al lado del río Magdalena, mientras usted libra su propia batalla, al otro lado del rio Ariguaní. Le escribo con el corazón parrandero que aprendió a quererlos como familia y la dinastía más grande del folclor vallenato.  Cuando me enteré  que se debatía entre la vida y la muerte, por los hechos trágicos ampliamente conocidos, entré en un silencio pasmoso, que solo se rompe orando; desde ese momento estoy sumergido en oración pidiendo por su pronta recuperación, como un acto y compromiso espiritual de amigo; los amigos de verdad, no solo brindamos en la parranda, también rezamos en la tragedia. La vida es un acordeón que se estira y encoge; que llora y ríe en la misma nota, como bien lo sabe usted, mejor que nadie. En un momento se puede estar en una tarima, cantando sus canciones y al momento siguiente estar debatiéndose entre la vida y la muerte. Un segundo separa la tarima de la UCI, y un segundo separa el aplauso del silencio. Así es la vida, mi apreciado Kbeto. Nada ni nadie es eterno en el mundo, como así lo cantó tantas veces, Darío Gómez (q.e.p.d.), emblemático e inolvidable exponente de la música popular. 


Su segunda oportunidad de vida, es un milagro, y los milagros, tienen un mensaje a tener en cuenta. Haber salido vivo de semejante accidente, es la oportunidad más grande que le ha dado la vida para demostrar de qué material está hecho. Es la oportunidad para demostrar el linaje de los Zuleta; esa dinastía que no se arrodilla y canta aunque le duela el alma. He pensado mucho en Poncho; lo vi llorando, pidiendo a los colombianos que oráramos por usted mi hermano querido; que a sus 46 años de edad,  parece un hombre menor de treinta y siempre se muestra como un ser humano noble, solidario, querendón, sencillo, humilde, muy familiar, amigo de sus amigos y dispuesto a querer y apoyar a todo el mundo; razones que me impulsan a decirle, que su historia y la dinastía Zuleta, no se pueden acabar en un puente; sus amigos lo estamos acompañando y lo queremos sin pedirte una canción a cambio.


Quiero que recuerde tres noches, ahora que tiene tiempo de recordar. La primera vez que lo conocí; no fue en una tarima, fue en la casa de sus padres, Poncho y Luz Mila, en Valledupar, en esa histórica parranda que Poncho organizó en su propia casa, a finales del mes de abril de 1997, donde mezcló sin protocolo alguno, a senadores, presidentes, expresidentes, gobernadores, militares, empresarios, medios de comunicación, poetas, compositores, juglares e invitados especiales, dentro de los cuales tuve el privilegio de ser invitado por su padre con un combo de tres amigos, que lo conocimos en la noche anterior en la caseta Rio Luna, con la trampa Carmen Zuleta. Ahí estaba usted jovencito, como hijo del patrón, pero sin ínfulas, saludando amigos, riéndose, tocando el acordeón y cantando con Poncho, mi hermano y yo. Cuando lo vi, dije: este muchacho tiene la nobleza y picardía del padre y el tío. Ese día le puse mi reflector y me propuse ser su amigo. La segunda noche de nuestro grato recuerdo, fue acá, en mi tierra, cuando lo traje a Neiva, junto con su tío, el maestro  Emiliano Zuleta y otros artistas, a la gran parranda de clásicos vallenatos que organizamos en el Club los Andaquies. ¡Qué noche fenomenal e inolvidable, Kbeto!. Neiva, que es tierra de sanjuanero, se volvió plenamente vallenata en esa noche de exquisita garganta y digitación. Emilianito con su acordeón clásico; y usted con esa voz, que es un eco de Poncho, pero con su propio sello y estilo, cantando canciones clásicas de la dinastía, que nunca pasaran de moda, porque se incrustaron en el corazón y la memoria de todos los colombianos. La tercera noche del recuerdo fue en el batallón Tenerife de la ciudad de Neiva. Usted vino a cumplir su palabra empeñada con el coronel Norberto Salgado Zubieta, quien en ese entonces, se desempeñaba como comandante; pues en la extensión de la parranda vallenata del club los andaquies, usted se comprometió con él, a venir a tocar gratis al Batallón Tenerife, como así lo cumplió, mi hermano querido. Esa noche entendí que usted no era "el hijo de"; entendí que usted era Kbeto, con su propia historia y estilo. Pues bien, mi hermano, esa historia no ha terminado. Le falta el mejor verso. Le espera una nueva vida, con una pierna menos, pero con el corazón más grande; con el mismo pulmón de su padre, con las mismas manos de su tío. Colombia y el mundo ha visto a gente levantarse de cosas peores; y usted se va a parar como gallo en cuerda. Poncho dijo que cuando usted se pare de esa cama, le hace una iglesia al pueblo que lo apoyó. Yo le digo que cuando se pare de la cama, nos reuniremos de parranda otra vez aquí en Neiva, con los huilenses que lo queremos, admiramos y apoyamos, para que cante, sentado si quiere, pero más duro que nunca. La casta Zuleta no se mide por cuántas piernas tiene uno de sus hombres, sino por cuántas veces es capaz de levantarse. Recupérese pronto, Kbeto querido. Estamos en oración permanente, esperando su canto y sonrisa; con mi solidaridad más sentida, mi abrazo fraterno y mi compromiso de amigo para lo que usted necesite. Su amigo de siempre, Ricardo Perdomo ´Pinzón. 

Más de Opinión

Ver más