Walter cruz: la vida extraordinaria de un hombre común.

Ricardo Perdomo Pinzon

Walter cruz: la vida extraordinaria de un hombre común.
Amplios sectores y organizaciones sociales, despedimos en esta semana que acaba de terminar, a Walter Cruz; un hombre poco común, cuya existencia estuvo marcada por la vocación del servicio y solidaridad hacia las personas más necesitadas, y siempre dispuesto a atender un favor, intervención y consejo, a todo aquel que se lo solicitara. Su misión era la de servir a los pobres; testimonio de vida y forma personal, que sorprende a todos aquellos que no tuvimos la oportunidad de conocerlo en su esencia y profundidad; oportunidad que sí tuvieron muchos compañeros de su ideario y realidad social. Quienes no estuvimos cerca de él, solo vinimos a conocer sus condiciones de líder, servidor y solidario, en sus días de enfermedad y en los actos exequiales que  se realizaron para honrar su vida, brindar un saludo de solidaridad a su familia y despedirlo antes de llegar a su última morada.

 

Aunque sostuvimos varios y cortos diálogos con Walter, en ocasionales encuentros y diversos asuntos, no pudimos conocer las condiciones que gobernaban su forma de vida; porque su verbo, ideología y apariencia, no permitían una mirada cercana, amplia y objetiva de lo que había en su cerebro, alma y corazón. Era muy común que Walter renunciara a lo suyo, con tal de servir y apoyar a sus compañeros de lucha, amigos y ciudadanos del común, que seguramente merecieran más o primero que él, una oportunidad o ayuda. Fue a raíz de su enfermedad y en  reuniones diálogos entre ciudadanos de todas las tendencias y condiciones sociales que apoyamos el proyecto político y el gobierno del presidente Gustavo Petro, celebradas en los rincones y mentideros políticos de izquierda y sectores progresistas en general, donde comencé a escuchar sobre las condiciones humanas de José Walter Cruz, su honestidad y solidaridad ejemplar con las personas más vulnerables de nuestra ciudad y departamento. Fue un hombre leal a sus principios y los del partido.

 

Verlo caminar por la calle no llamaba la atención. Tenía ese aire sereno de quien transita el mundo sin pretensiones, a veces inmerso en sus propias reflexiones, otras regalando una sonrisa franca a la multitud de amigos y compañeros que lo saludaban. Nadie le decía “doctor” ni “don Walter”; para todos, simplemente, era el Compañero Walter.

 

En ese trato sencillo y sin adornos se revelaba su esencia: una relación de iguales, horizontal, donde las jerarquías no tenían cabida, ni hacia arriba ni hacia abajo. En él, la dignidad se expresaba con la naturalidad de quien ha hecho de la cercanía y el respeto mutuo, una forma de vida.

El atuendo de Walter era sobrio, casi austero. Su presencia evocaba cierta espiritualidad franciscana, como si la sencillez fuese su única riqueza. Daba la impresión de que había hecho un pacto silencioso con la moderación: deseaba poco, y lo poco que deseaba, lo deseaba apenas. En su forma de estar en el mundo había una humildad serena, una elegancia sin artificios, propia de quienes han aprendido a hallar plenitud en lo esencial.

 

La solidaridad fue su manera más natural de expresarse. Siempre encontraba tiempo para apoyar a los compañeros en dificultades económicas o para orientar a quien se enredaba entre los laberintos burocráticos donde suelen extraviarse los derechos. Con una disposición inquebrantable, redactaba un memorial, hacía una llamada, intercedía con paciencia y sin aspavientos. Era, sin proponérselo, un líder social genuino. Su autoridad nacía del ejemplo, no del cargo. Por eso, cuando sus compañeros lo postulaban a posiciones de dirección, declinaba con la misma humildad con la que vivía: se consideraba un hombre de a pie, parte del mismo pueblo al que servía con discreta grandeza.

 

Ha partido el compañero Walter. Se fue como vivió: en silencio, con serenidad, sin reclamar un lugar en la historia ni perturbar a nadie. Sin embargo, su partida deja en muchas personas, una huella imposible de borrar. Su recuerdo se ancla en la memoria de cientos de ciudadanos humildes que encontraron en su compromiso un alivio, una esperanza, un derecho restituido. El eco de su vida no se reduce a una fotografía colgada en una pared. Su presencia sigue viva en las esquinas donde escuchó, en las calles que recorrió, en las oficinas donde gestionó lo justo, en las mañanas y madrugadas donde su ayuda fue llamada y siempre acudió. Walter no se fue del todo: permanece en el pulso solidario de aquellos que aprendieron de él, que la grandeza se mide en actos sencillos.

 

Nota de cierre: El Pacto Histórico, según lo indican las diferentes encuestas y muestreos de opinión; es hoy, la fuerza política más representativa y decisoria en Colombia y sus regiones, incluida por supuesto, el departamento del Huila. Esta circunstancia y realidad política, obliga a los líderes, candidatos, militantes y simpatizantes en general, a pensar en colectivo, por encima de lo personal. En ese orden de ideas, consideramos que basados en el respeto por la divergencia conceptual ajena, se beben agotar todos los esfuerzos, análisis y reflexiones de conveniencia, sobre qué camino seguir frente a la lista a la Cámara de representantes en nuestro departamento; si esta deber ser cerrada o abierta. Seguidores de una u otra alternativa, están a la luz del día. No se trata que los abiertos impongan sus argumentos, porque así lo desean o les interesa,  por encima de los cerrados y viceversa. Llego el momento de pensar y actuar como cuerpo colectivo, para que el proyecto político del Pacto Histórico, esté por encima de las cúpulas de los partidos de izquierda y las agendas e intereses de las personas. Si no tenemos claridad de que la cosa es con todos los ciudadanos que hicieron posible el triunfo del presidente Petro; agotado su periodo presidencial y sin su presencia activa en los designios del Pacto; sería muy difícil la permanencia e incidencia del mismo, como fuerza política determinante en Colombia y sus regiones; reflexión y análisis, que pedía insistentemente el compañero Walter Cruz, incluso a pocos días de su muerte. Ese análisis, sin armas diferentes al argumento y el respeto por la opinión ajena, sería un buen homenaje a su memoria. Bien valdría  la pena, efectuar un estudio de partido, sobre los antecedentes, las causas, fundamentos e historia del partido Morena en México, para examinar desapasionadamente, si el Pacto Histórico está en el camino correcto.

Más de Opinión

Ver más