Violencia insufrible

Luis Fernando Amezquita

Violencia insufrible

Fuentes de ASFADES, asociación de familiares de detenidos desaparecidos, con ocasión del conflicto político y social en el territorio, aseguran que es todavía muy pobre el balance de la JEP en estos espinosos temas asociados a la confrontación armada. Incluso, piensan que de un centenar de casos acopiados, muchos de ellos sin pruebas de identidad suficientes, no se va a saltar a los miles y miles reales que dejaría el balance más pesimista frente a la fuerza de los acontecimientos.

Fuentes de ASFADES, asociación de familiares de detenidos desaparecidos, con ocasión del conflicto político y social en el territorio, aseguran que es todavía muy pobre el balance de la JEP en estos espinosos temas asociados a la confrontación armada. Incluso, piensan que de un centenar de casos acopiados, muchos de ellos sin pruebas de identidad suficientes, no se va a saltar a los miles y miles reales que dejaría el balance más pesimista frente a la fuerza de los acontecimientos. De allí el bautizo de ese asunto temporal, tras producirse la intervención especializada de las ciencias sociales y humanas, de los expertos, como ‘la guerra de baja intensidad’, para referirse a los afectados civiles y a sus familias en razón de sus ideas, y a la oscuridad de los hechos relativos a una victimización sobrecargada de complicidades. No se debe olvidar que estamos en un país impenitente, enfermizo en su concepción de las relaciones del poder y de la riqueza, sumido en la ignorancia política facilista, sin comprometerse aún con un cambio definitivo. Según los informantes de ASFADES, el territorio involucra zonas álgidas del fenómeno, por investigar plenamente, en cuanto se tiene un vecindario propio del sur del país, por lo menos la mitad de él, en el que se fundan y se diseminan las extintas Farc, así como diferentes movimientos sociales nativos (de origen disperso, diverso), algunos por igual guerreros, hasta llegar a convertirse en un monstruo de mil cabezas. En esas condiciones históricas, los gobiernos derechistas, frente-nacionalistas e híbridos fascistas-militaristas, organizaron una planificada matanza de connacionales de la que no se conocen todos sus ribetes ni sus tentáculos. La falta de un reconocimiento de la existencia jurídico-social, popular, de las colectividades, y la compleja extensión geográfica del país, en medio de riquezas acaparadas por monopolios de clase, de sangre azul, impregnó de impunidad la matanza permanente de los ciudadanos. La justicia también participó de esa aristocracia, e intercambió el poder con sus promotores políticos. El mundo de los privilegios se entronizó en el ámbito de las exclusividades y del estándar de vida como el fin último de la existencia. Los intentos del actual gobierno cobran fuerza en la medida que se conocen más verdades de a puño sobre el genocidio colombiano y su penetrante olor a codicia, a avaricia. Se sabe que en los bordes de la carretera nacional entre Neiva y el límite con Rivera reposan víctimas del paramilitarismo ajusticiadas en los predios rurales de muchos finqueros, a lado y lado de la vía, que permitieron la matanza al interior de esas propiedades por solicitud del gobierno Uribe y sus secuaces realizada durante sus constantes visitas a Neiva. Los terceros responsables del crimen masivo, llevados por el arrepentimiento, confesaron sus culpas ante las autoridades académicas de la Universidad Surcolombiana. El archivo pertenece al Plan de Ciencia y Tecnología del Huila, etapa investigativa con las comunidades y los gremios. Se desconoce si la JEP pudo dictar medidas sobre este particular en unos terrenos que con posterioridad fueron adquiridos y construidos por muchas instituciones y empresas sobre las fosas comunes…

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