Un tenebroso sistema

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Un tenebroso sistema

Se desarrolló el primer Mercado Campesino Interinstitucional del año más de 30 emprendedores y productores obtuvieron ventas positivas

Los hechos son tozudos y hasta tenebrosos: la última masacre del Putumayo muestra un baile de la muerte, un bazar de sangre, una acción sacrílega, en cuanto la fuerza pública llega al teatro de los acontecimientos mediante una acción envolvente, disparando a todo lo que se mueva, a 'todo lo que tenga ojos'. Una operación militar de carácter horripilante se gesta contra líderes sociales, etnias organizadas, niños (no son solamente 'algunos civiles' del común), en la defensa de lo más parecido a unos intereses criminales inconfesables (un ejército lejos de su naturaleza constitucional y legal), que arropan a la dirección actual del país en relación con sus complicidades: el poder, la esencia de lo público y de lo privado, la mafia múltiple, por ende, la acumulación desproporcionada de las riquezas, el statu quo, quienes se quieren perpetuar en medio de las atrocidades a las que hoy deben llegar inexorablemente, por razones obvias. La estadística ahora dice que no sólo se asesina un líder cada dos días, sino que decenas de ellos pueden caer de forma continua, y hasta reducir con su martirio el potencial electorero de la oposición al modelo uribista, in crescendo. El despotismo del presidente y de sus colaboradores y mentores es insoslayable, aunque el jefe del Estado patrocine los nuevos actos de victimización social en desarrollo de un sartal de mentiras e inventos, maquillado sagazmente por los comunicadores oficialistas, interesados, perversos, por medio del uso amañado de la metodología de la opinión pública. Acaba el señor Duque de afirmar, sin ruborizarse, que Rusia está detrás de la primera línea 'terrorista', a través de la multimillonaria financiación en dólares a esa histórica jornada colombiana, en sus supuestas maniobras desestabilizadoras del establecimiento. Está en el plan ridículo, risible, de revolverle guerra fría a la protesta social de Colombia, mientras que en Chile esa primera línea acaba de ganar la presidencia de la república y es respetada como un mecanismo de expresión política civilizada. Entonces, la criminalidad desde lo alto del supuesto sistema de representatividad que nos rige en el territorio patrio es impune, y ello permite que aumenten los delitos atroces, de lesa humanidad, y en contra de la vida comunitaria, además de la consecuente destrucción de la naturaleza. Los órganos de control, la justicia, la institucionalidad, cedieron ante el imperio de una ola infame de dominio, sin precedentes, en apariencia. La guerra de Ucrania pone sobre el tapete esa disyuntiva política alrededor del nuevo orden de la Tierra, aunque los medios de comunicación se empecinen en desinformar, en persuadir, en imponer a los receptores su propia opinión y sus intereses privados, gremiales, de casta. En Colombia, por datos recientes de la ONU, publicados en la última semana calendario, se midió la violencia y arrojó un espeluznante 600 por ciento, mal contado, de alza en esta vigencia, con un primer lugar de registro en el Chocó, que vive una ola de suicidio juvenil nunca antes vista.






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