Un mundo en transición
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Vivimos tiempos de cambios a nivel mundial, incluido el sector energético. La energía comprende un concepto amplio, pero para efectos prácticos señalemos que las fuentes de energía se pueden clasificar en renovables (como la eólica, solar, hidráulica, biomasa o geotérmica) y no renovables (hidrocarburos y nuclear).
En los últimos 100 años, la humanidad ha dependido principalmente del petróleo y el gas, pero esto no siempre ha sido así. Durante el siglo XX pasamos del carbón al petróleo y al gas, precedido por una transición en los siglos XVIII y XIX desde la biomasa tradicional (como la leña), la energía eólica e hidráulica tradicional (molinos) y la energía muscular humana y animal.
Hoy vivimos una nueva transición, entendiendo transición energética como un cambio estructural desde unas fuentes de energía predominantes hacia otras. La actual va de fuentes no renovables, particularmente fósiles, hacia fuentes renovables. Sin embargo, una transición es paulatina, puede tomar décadas o siglos, y no implica necesariamente abandonar totalmente una fuente de energía (el carbón por ejemplo sigue siendo relevante).
Las transiciones suelen estar impulsadas por factores tecnológicos (nuevos desarrollos o mejoras), económicos (reducción de costos), geopolíticos (dependencia internacional) y ambientales (cambio climático). Si bien este último es el más mencionado, los demás son igual o más importantes. Sin las mejoras en la eficiencia de los paneles solares y su reducción de costos, por ejemplo, no estaríamos viviendo el bum actual de la energía solar.
En 2024, las fuentes renovables alcanzaron el 46.4% de la capacidad total instalada a nivel mundial, creciendo 585 GW respecto al 2023 (+15,1 %), el mayor crecimiento porcentual en la historia reciente (IRENA, 2025). De este crecimiento, 452 GW provino de la energía solar (+32,2 %), 113 GW de eólica (+11,1 %) y 4.6 GW de bioenergía (+3,2 %). Por regiones, destaca Asia con 421.5 GW nuevos (+21,5%), Europa 70.1 GW (+9 %), Norteamérica 45.9 GW (+8.7%), Sudamérica 22.5 GW (+7 %) y África 4.2 GW (+6.7%). Mención especial merece China, por sí sola instaló 373.6 GW, liderando ampliamente en las cuatro fuentes mencionadas. Solo en solar, China instaló 278 GW. Para ver estos números en perspectiva, TODA la capacidad instalada de Colombia es de alrededor de 21 GW. Así pues, la transición energética avanza a nivel mundial, aunque de manera desigual. La actual transición es un asunto complejo con múltiples implicaciones: infraestructura, tecnología, aspectos laborales, sociales y económicos, entre otros. El mundo ni siquiera ha alcanzado su pico de producción petrolera (a pesar que desde hace décadas se viene pronosticando), lo que ahora se prevé que suceda en los próximos 20 años. En cualquier caso, no hay solución única, cada país debe trazar su propio camino hacia la transición, considerando su matriz energética, sus recursos naturales, realidades socioeconómicas y su soberanía energética. No hay que olvidar que «la energía más costosa es la que
no se tiene», y, por tanto, la que debe importarse.
Juan Pablo Puentes Vargas
www.juanpablo.co
En los últimos 100 años, la humanidad ha dependido principalmente del petróleo y el gas, pero esto no siempre ha sido así. Durante el siglo XX pasamos del carbón al petróleo y al gas, precedido por una transición en los siglos XVIII y XIX desde la biomasa tradicional (como la leña), la energía eólica e hidráulica tradicional (molinos) y la energía muscular humana y animal.
Hoy vivimos una nueva transición, entendiendo transición energética como un cambio estructural desde unas fuentes de energía predominantes hacia otras. La actual va de fuentes no renovables, particularmente fósiles, hacia fuentes renovables. Sin embargo, una transición es paulatina, puede tomar décadas o siglos, y no implica necesariamente abandonar totalmente una fuente de energía (el carbón por ejemplo sigue siendo relevante).
Las transiciones suelen estar impulsadas por factores tecnológicos (nuevos desarrollos o mejoras), económicos (reducción de costos), geopolíticos (dependencia internacional) y ambientales (cambio climático). Si bien este último es el más mencionado, los demás son igual o más importantes. Sin las mejoras en la eficiencia de los paneles solares y su reducción de costos, por ejemplo, no estaríamos viviendo el bum actual de la energía solar.
En 2024, las fuentes renovables alcanzaron el 46.4% de la capacidad total instalada a nivel mundial, creciendo 585 GW respecto al 2023 (+15,1 %), el mayor crecimiento porcentual en la historia reciente (IRENA, 2025). De este crecimiento, 452 GW provino de la energía solar (+32,2 %), 113 GW de eólica (+11,1 %) y 4.6 GW de bioenergía (+3,2 %). Por regiones, destaca Asia con 421.5 GW nuevos (+21,5%), Europa 70.1 GW (+9 %), Norteamérica 45.9 GW (+8.7%), Sudamérica 22.5 GW (+7 %) y África 4.2 GW (+6.7%). Mención especial merece China, por sí sola instaló 373.6 GW, liderando ampliamente en las cuatro fuentes mencionadas. Solo en solar, China instaló 278 GW. Para ver estos números en perspectiva, TODA la capacidad instalada de Colombia es de alrededor de 21 GW. Así pues, la transición energética avanza a nivel mundial, aunque de manera desigual. La actual transición es un asunto complejo con múltiples implicaciones: infraestructura, tecnología, aspectos laborales, sociales y económicos, entre otros. El mundo ni siquiera ha alcanzado su pico de producción petrolera (a pesar que desde hace décadas se viene pronosticando), lo que ahora se prevé que suceda en los próximos 20 años. En cualquier caso, no hay solución única, cada país debe trazar su propio camino hacia la transición, considerando su matriz energética, sus recursos naturales, realidades socioeconómicas y su soberanía energética. No hay que olvidar que «la energía más costosa es la que
no se tiene», y, por tanto, la que debe importarse.
Juan Pablo Puentes Vargas
www.juanpablo.co