Trece noches de fuego: la guerra no declarada de e.e.u.u. contra irán no da tregua
Estados Unidos completó trece noches consecutivas de bombardeos contra objetivos militares iraníes, en una campaña ordenada por Donald Trump para debilitar a la Guardia Revolucionaria Islámica y proteger la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, mientras Irán reporta al menos diez muertos en Juzestán y ha respondido atacando instalaciones estadounidenses en Kuwait, Jordania y Bahréin, en una escalada que la ONU calificó de fuera de control.
Trece noches consecutivas de bombardeos marcan ya la campaña militar que Estados Unidos sostiene contra Irán, en una escalada que el propio secretario general de la ONU describió como una región completamente fuera de control. Lo que comenzó como una serie de ataques puntuales se ha convertido en una rutina bélica nocturna que amenaza con normalizar, noche tras noche, lo que hace apenas unas semanas habría sido considerado un acto de guerra abierta.
El jueves, el Comando Central estadounidense, CENTCOM, confirmó el inicio de una nueva oleada de bombardeos contra objetivos militares iraníes a las 18:45, hora del este, con lo que la ofensiva llegó a su decimotercera jornada ininterrumpida. Según el propio comando, el objetivo declarado es debilitar la capacidad operativa de la Guardia Revolucionaria Islámica y reducir las amenazas contra la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, una de las arterias energéticas más sensibles del planeta. El mandato, según CENTCOM, responde a órdenes directas del presidente Donald Trump.
La respuesta iraní no se ha hecho esperar. Según cifras difundidas por Teherán, en las últimas dos semanas los ataques han dejado al menos diez muertos en la provincia de Juzestán, una de las regiones más golpeadas, además de dos fallecidos y once heridos en un bombardeo reciente contra un paso fronterizo. Irán, por su parte, ha respondido atacando instalaciones estadounidenses en Kuwait y Jordania, así como un centro de datos vinculado a Amazon en Bahréin, ampliando el radio de la confrontación mucho más allá del territorio iraní.
Trump, mientras tanto, ha insistido en su discurso de mano dura. El mandatario volvió a advertir que responderá con lo que llamó un gran castigo militar si Irán o los hutíes atacan de nuevo embarcaciones o intereses estadounidenses en la región, y adelantó que estudia usar fondos iraníes congelados por Washington para cubrir los daños causados a barcos y cargamentos. Es una estrategia que combina presión militar directa con presión financiera, sin que hasta ahora Washington haya presentado ante el Congreso o la opinión pública un plan claro de cómo o cuándo terminará esta secuencia de bombardeos.
Lo que preocupa a analistas y organismos internacionales es precisamente la ausencia de un horizonte de salida. Trece noches de ataques consecutivos no equivalen a una operación quirúrgica y acotada, sino a un patrón sostenido que compromete cada vez más a Washington en un conflicto sin fecha de cierre declarada, mientras crece el riesgo de que la escalada arrastre a otros actores regionales, desde los hutíes hasta las propias rutas comerciales que transitan por Ormuz.
Para entender la magnitud de lo que ocurre hoy conviene recordar que el estrecho de Ormuz concentra buena parte del transporte mundial de petróleo, y que cualquier amenaza sostenida sobre esa vía tiene efectos que trascienden Oriente Medio y llegan directamente a los mercados energéticos globales, incluidos los latinoamericanos. La tensión actual se inscribe además en una historia larga de enfrentamientos indirectos entre Washington y Teherán, marcada por ciclos de ataques, represalias y treguas frágiles que rara vez han logrado desactivar por completo el conflicto de fondo, y que hoy, con esta escalada de casi dos semanas, parece lejos de encontrar una salida negociada.