Toda gran historia comienza con sueños

Enrique Ramirez

Toda gran historia comienza con sueños

El hospital nuevo no es únicamente un edificio: es la materialización de un sueño, fruto de una gestión que supo transformar la crisis en oportunidad. Reconocerlo ahora, mientras su protagonista está viva, es un acto de justicia y de memoria. La gratitud, cuando se expresa a tiempo, se convierte en semilla de futuro.

Los homenajes deben hacerse cuando las personas están vivas. Después de muertos, las exaltaciones se convierten en palabras tardías que no alcanzan a honrar la entrega ni el sacrificio. Por eso, hoy es justo reconocer la labor de Audrey Soraya Peña Rivera, quien asumió la gerencia del Hospital Departamental San Antonio de Padua de La Plata en 2003, en uno de sus momentos más críticos.  


Recibió una institución quebrada: siete meses de salarios atrasados, farmacias hospitalarias sin medicamentos y familias obligadas a comprarlos en droguerías externas para que pudieran ser suministrados a sus pacientes. Era un panorama desolador, marcado por la precariedad y la desconfianza ciudadana.  


Para salvar la empresa fue necesario firmar un convenio de desempeño que implicó la salida de un número significativo de empleados. Una decisión dura, pero indispensable para estabilizar las finanzas y abrir el camino hacia la recuperación.  


Como Martin Luther King, Audrey Soraya Peña Rivera tuvo un sueño despierto: dejar un hospital nuevo, digno y moderno al servicio del occidente del Huila y el oriente caucano. Ese sueño comenzó a tomar forma gracias al apoyo del gobernador Rodrigo Villalba Mosquera, quien aportó más de 2.900 millones de pesos, además de un crédito de 1.000 millones, que hicieron posible iniciar la obra en 2007. Lo que parecía una utopía se convirtió en proyecto tangible: la construcción del nuevo hospital.  


Hoy, esa obra es una realidad y se ha consolidado como una de las instituciones más importantes de la región, símbolo de compromiso con la salud y con la vida. No es exagerado afirmar que se trata de la obra más significativa realizada en La Plata en los últimos veinte años, no solo por su magnitud física, sino por lo que representa en términos de dignidad, confianza y desarrollo social.  


El hospital nuevo no es únicamente un edificio: es la materialización de un sueño, fruto de una gestión que supo transformar la crisis en oportunidad. Reconocerlo ahora, mientras su protagonista está viva, es un acto de justicia y de memoria. La gratitud, cuando se expresa a tiempo, se convierte en semilla de futuro.  


Pero su camino no fue fácil. La envidia y la resistencia marcaron su gestión. Tuvo enemigos gratuitos desde el interior de la empresa y algunos advenedizos exteriores que le declararon la guerra. La acusaron ante todas las IAS, intentaron impedir su gobierno y desgastar su liderazgo. Sin embargo, tras más de cinco años de lucha, triunfó en los estrados judiciales y demostró que la verdad y la transparencia se imponen sobre la intriga.  


Audrey Soraya Peña Rivera pasará a la historia como la gerente que dio el gran salto hacia la construcción del nuevo hospital. Quienes la acusaron, denigraron y se opusieron quedaron condenados al ostracismo. Gloria a quien triunfó y olvidó; condena a quienes se opusieron al desarrollo de los pueblos.  


Su nombre, Audrey Soraya Peña Rivera, está grabado con letras de oro en la memoria de los plateños y en el corazón de quienes creen que la salud es el mayor patrimonio de una comunidad.
 Tras pensionarse, Audrey Soraya Peña Rivera no solo deja un cargo, deja una huella imborrable. Su nombre será memoria viva como símbolo de lucha, visión y esperanza.

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