Subvertir el estereotipo universal del cine

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Subvertir el estereotipo universal del cine

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El viaje del héroe, línea de vida, dictamen de sentires impuesto por la industria cultural que homogeniza el ideal de la realización humana, aquella que está dotada de los mismos vacíos que su paralelo filosófico, la superación personal. Funciona como proyecto de argumentación para cada película de Disney, el arquetipo que nos tiene artos no planea retirarse, la poca variabilidad en la música o en el cine de consumo universal no parece una falla a remediar.



Cuando el sistema se piensa cada uno de los productos que consumes, particularmente los que demandan tiempo, se está pensando nuestra individualidad y la convierte en una nueva herramienta que fortalezca el estatus quo. Al obrero, a quien el capitalismo le controla su economía y tiempo de trabajo lejos está de dejar la opresión en sus ratos libres. Tu tiempo libre no es tuyo si te plantas frente a una pantalla que dogmatiza tu idea de vivir. Subvertir la lógica instrumental como camino hacia la defensa de la individualidad puede ser un trabajo pesado, cuando se llevan doce horas de laburo mal pagado y solo se busca descansar y quizá evadir, parece un argumento fuerte para quien ha sido víctima, sin embargo, es una consideración que fortalece la idea de entender como indigno e invivible el sistema que nos gobierna.



Con la indudable victoria cultural de Marvel (como ejemplo) se hace más sencilla la distribución de productos e identidades destapables, cruda y obvia verdad, fallidos intentos son los de mostrarnos destellos de inclusión cuando la estructura donde son adheridos está hueca y se esmera de manera grotesca por agradar a un vasto grupo de ideologías, pero hellip, qué pasa con el cine distinto, qué sucede con el cineasta independiente que planea hacerle terrorismo a los guiones superficiales y dañinos, aquellos que planean representar la crudeza de ser con bastas complejidades, diálogos untados de filosofía, teología, antropología y realidad. Pararse frente a la imperfección como estilo, trastornar y trastocar la idea de sufrir como una verdad negativa para reclamar así su capacidad de proyectar perspectiva, trazando la huella de reclamar el pensar desde la individualidad. Dialéctica de la ilustración.



Combatir realmente no es una acción que demande exceso de responsabilidades (soy condescendiente), consume arte, lo que quieras, si se me permite escoger caminemos pues con Mozart, Sinfonía No. 15 en G ,Muy elitista? Te aseguro que no, que la tv no te venda esa idea, una sinfonía no está compuesta de otra cosa más que humanidad, historia, sensaciones o magia, pero entiendo el punto, Tierra Santa , de Petrona Martínez junto a Totó La Momposina será entonces, que locura afirmar que sus fundamentos son similares, que se camina por una dimensión temporal y espacial supremamente lejanas pero que la misma mística las gobierna, que las sucesiones de ritmos transmiten sensaciones que aparentemente salen de la nada, tensión y resolución desenvolviéndose en nuestro cerebro permitiendo el disfrute, entender la magia de cada composición, eso es combate, pensar la obra a profundidad te brinda herramientas para no ser otra víctima de ese sistema cochino al que no le importas. Busca la magia y en cómo podrías conectarte con cada acorde, con cada trazo, con cada cincelada, no denotes de elitismo a una obra que está a tu alcance y que bien puedes interpretar como quieras, desobedece los patrones de consumo de arte para encontrar la lucha amena y desarrollar tus propias conclusiones.



El arte autónomo es luz aunque se vista de oscuridad para las galas, es bellísimo aunque muestre la fealdad y la crudeza.



He de hacer flaquear mi rudeza ante la industria cuando un producto que apela a las masas no desestima la condición de individuo, dada su capacidad de absorción de todo tipo de identidades, esta se ha llevado un par contraculturales, también lleva dolor y resignación, aunque el final termine siendo que te acaben vendiendo por la pantalla la imagen de quien se alzó para criticar al sistema, la idea contestataria termina siendo otro sueño que nos apacigua y quizá al final acabamos por confirmarnos que sí, incluso aquellas obras que hemos defendido aun en el ámbito comercial poco experimentan, su tono autoral y complejidad en el drama no las separan de los mismos esquemas. Optar por aprisionarnos en su defensa sería un engaño.



Disfrutar de una que otra obra de esta línea no es un limitante para asumir una posición crítica frente a ella, como personas y por ende vinculados naturales al arte precisamos su defensa, arrancarle la potestad de definir nuestros sueños a una empresa está en nuestra capacidad crítica de equilibrar el condicionamiento cultural y la búsqueda incesante de libertad. Así pues, que la magia y las luces vengan del cielo, de los libros, de una viola y no de Disney Plus.










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