Seguridad sin compasión: qué significa el discurso de De La Espriella para el Huila

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Seguridad sin compasión: qué significa el discurso de De La Espriella para el Huila

El presidente vinculó la lucha contra grupos ilegales con derechos de comunidades afrodescendientes. En el Huila, donde la ilegalidad ha fragmentado territorios enteros, la promesa de represión sin matices genera preguntas sobre cómo se protege a quién más sufre.

Cuando el presidente Abelardo De La Espriella dijo que "la represión de los ilegales es otra forma de esclavitud", no hablaba de teoría. Hablaba, según sus propias palabras, de una obligación histórica con comunidades afrodescendientes que han visto cómo bandas terroristas deciden quién trabaja, quién comercia y quién circula en sus territorios. En el Huila, donde municipios como Gigante, La Plata y el sur del departamento han sufrido el control de grupos armados ilegales durante décadas, ese mensaje resuena porque la inseguridad no es un problema abstracto: es el motivo por el cual pequeños comerciantes cierran negocios, campesinos abandonan tierras y familias se desplazan.


El discurso presidencial trazó una línea clara: combatir a terroristas, narcotraficantes, extorsionistas y reclutadores "sin matices". Eso suena contundente. Pero hay una tensión que merece examinarse. De La Espriella también rechazó explícitamente los "discursos de compasión" y los "subsidios asistenciales" como formas de reconocer a comunidades afrocolombianas. En su lugar propuso "respeto, oportunidades reales" e inversión. Ese cambio de narrativa, aunque comprensible en su intención de romper con asistencialismo, deja sin responder una pregunta que los huilenses conocemos bien: ¿quién paga el costo mientras se construye esa represión?


La represión y sus efectos en territorios quebrantados


Aquí está el nudo. En municipios del Huila donde grupos ilegales han tejido redes durante años, una ofensiva de seguridad sin claridad sobre cómo proteger a civiles puede profundizar el daño. El presidente fue claro en que su Fuerza Pública "lo está haciendo muy bien", pero en territorios donde la población civil está atrapada entre ilegales y operativos de seguridad, la confianza en las instituciones es frágil. Familias desplazadas en Neiva saben que el problema no termina con detenciones o bombardeos; termina cuando hay empleo, cuando hay presencia del Estado en educación y salud, cuando hay reparación.


El mensaje presidencial tocó eso al hablar de conectar "el Pacífico con inversión, educación de excelencia y empresa". Pero el Pacífico es una región geográfica específica. El Huila, con sus territorios rurales controlados por ilegales y sus cabeceras urbanas con poblaciones desplazadas, necesita la misma claridad: ¿habrá recursos simultáneos para represión y reconstrucción? ¿O la represión llegará primero y la reconstrucción será promesa para después?


¿Quién vigila a quien vigila?


De La Espriella también prometió castigar "con rigor a los corruptos que pretendan lucrarse con las necesidades de la gente". En el Huila, donde ha habido escándalos de funcionarios cooptados por ilegales y de recursos que no llegaron a víctimas, esa promesa debe probarse con hechos. La represión sin institucionalidad anticorrupción puede convertirse en otra forma de captura, donde uniforme y arma ganan poder sin contrapeso.


Lo que viene en los próximos meses será decisivo. La administración De La Espriella ha anunciado operativos en el Pacífico y zonas de conflicto. Huilenses tendremos que observar si esos operativos llegan también a nuestros municipios con las mismas características: coordinación entre autoridades locales y nacionales, presencia de derechos humanos como observadores, y simultáneamente, inversión visible en empleo y educación en territorios que salen del control ilegal. El discurso fue claro en sus palabras. La prueba estará en lo que suceda en el terreno.


Equipo editorial - Dime Media
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