Repetidera incansable

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Repetidera incansable

<p>Algunos consecuentes de las crisis del último cuatrienio son visibles y son tomados como normales por las personas en el país.&nbsp,</p>

 

Algunas circunstancias se entronizaron en Colombia en medio de la incredulidad generalizada para que se produzcan los cambios esperados con insistencia por los asociados. Veamos: La repetición de programas y seriados de la televisión criolla hizo carrera como si se hubiera detenido la creatividad del medio y la disponibilidad de recursos de inversión, en apariencia. 

 

Ahora sí es posible pensar en que todo tiempo pasado fue mejor, aunque se vea igual que un concepto relativo, en entredicho, para muchos pensadores. Y es permanente esa situación que inyecta fuertes dosis de pesimismo a múltiples productores y creadores, víctimas del suspenso obligado. 

 

Para quienes acceden únicamente a la televisión abierta por razones económicas, sencillamente no hay nada que ver. De no ser por el acceso a los medios digitales, el silencio reinaría en los consumidores habituales de televisión. En definitiva, muchas actividades se desplomaron y no han logrado recuperarse pese a las buenas intenciones del nuevo gobierno, que tiende a crear medios propios aunque en el fondo trata es de defenderse de las derechas mentirosas y flemáticas, enfermizas en sus propósitos de controlar a una población que comienza a despertar del letargo, pero sigue dominada todavía por los bribones y malandrines. 

 

Algo da pie para pensar en un fatalismo de carácter inherente a esta sociedad en la que nos tocó vivir, cuando se profundiza en lo más semejante a las coincidencias interpretativas de rigor: no es un hecho mortal en sí mismo pero coquetea con los agravantes de las patologías colectivas, tan de moda. Un tratadista invocado de continuo en estas columnas, con origen académico territorial, afirma que estos vaivenes no pasarán del 2025, el tiempo estimado que les concede de vida, de supervivencia en el statu quo.

 

 No obstante, es difusa la luz al final del túnel frente a lo que surja para recrear el sistema. El arranque transicional, la regeneración, no proyectan imágenes de su establecimiento epistemológico. La teoría del conocimiento permanece en una suerte de limbo, de purgatorio, en medio de una angustiosa espera. Mientras tanto en el territorio, los especialistas guardan un silente manejo del tema, con honrosas excepciones, lo que en opinión de los observadores se volvió una costumbre perniciosa, una constante tal vez acomodaticia. Al menos, las nuevas generaciones no exteriorizan su parecer sobre este asunto, y es claro que los niveles formativos tienen una espiral alcista por razones tecnológicas.

 

       

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