"Primero Cae Un Mentiroso Que Un Cojo"
El lunes 10 de septiembre escuché nuevamente en la emisora Global Stereo de La Plata un diálogo muy interesante sobre la verdad, entre Don Arnoldo Barrera Cadena, excelente orientador, que transmite con veracidad y diligencia para que la información que llegue sea valiosa, de fuentes seguras y verificables, y el psicólogo Erik Caldon, excelente profesional.
"Nunca se miente más que después de una cacería, durante una guerra y antes de las elecciones"
El tema de la verdad y la mentira me transporta a mis años infantiles y me trae recuerdos de esas lecturas que nos ayudaban a estimular la imaginación, la creatividad, la memoria y la formación. Son muchas, pero por el tema voy a reseñar dos: El pastorcito mentiroso, una fábula de Esopo, que cuenta que un pastor cuidaba un rebaño en la cima de una colina y se le ocurrió hacerle una broma a los aldeanos. Comenzó a gritar: "¡El lobo, el lobo! ¡Se va a comer las ovejas!". Cuando los aldeanos llegaron, se echó a reír diciendo que no había tal lobo. Así lo hizo varias veces, burlándose de los aldeanos que subían a auxiliarlo. Más tarde, el pastorcito vio a un lobo cerca del rebaño. Asustado, gritó: "¡El lobo, el lobo! ¡Persigue a las ovejas!". Los vecinos no le creyeron y el lobo se comió las ovejas. Cuando bajó a reclamar, los aldeanos le respondieron: "Te hubiéramos ayudado, así como lo hicimos antes; pero nadie cree en un mentiroso, incluso cuando dice la verdad".
El otro cuento es un clásico de la literatura infantil, escrito por Carlo Collodi, un italiano de la Toscana. Es la historia de Pinocho, un títere de madera que sueña con convertirse en un niño real. La mentira es uno de los temas centrales, y Pinocho dice: "que los hay de dos clases, los que tienen las piernas cortas y a los que se les crece la nariz". Pinocho es de los últimos; cada vez que miente, su nariz crece, lo que se convierte en una metáfora visual de las consecuencias de la deshonestidad. A medida que Pinocho aprende a decir la verdad y a ser honesto, su nariz vuelve a su estado normal.
Con esta historia, los profesores nos obligaron a decir la verdad, a nuestros padres ha decir lo que pasó y a nuestros compañeros de infancia a no mentir, por miedo al grito de "¡se le crece la nariz, se le crece la nariz!". En total, en las variadas aventuras de Pinocho, se aprende a obedecer, a ser responsable, a no fiarse de extraños, a dar valor a la escuela, pero lo más importante que nos enseñó fue el valor de la verdad.
La honestidad es una virtud esencial para vivir una vida buena y plena. Mentir es inherentemente incorrecto, ya que va en contra de la dignidad humana. Mentir acarrearía desconfianza entre las personas y no se podría vivir en sociedad, pues la confianza es la base primordial para establecer vínculos entre los seres humanos
Mi madre decía: “Primero cae un mentiroso que un cojo”, y la vida me ha demostrado que es verdad. No se puede esconder por tanto tiempo la mentira; en algún momento, todo sale a flote
No hay mentiras benevolentes, con el objetivo de tratar de causar el menor daño posible y evitar fricciones innecesarias o que puedan ser desagradables, de todas formas son mentiras. “No hay mentiras piadosas”, me corregía la exconcejal Amanda Trujillo Ramírez, porque es contrario a lo que se sabe, se cree o se piensa.
"«Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras». Hannah Arendt.
El tema de la verdad y la mentira me transporta a mis años infantiles y me trae recuerdos de esas lecturas que nos ayudaban a estimular la imaginación, la creatividad, la memoria y la formación. Son muchas, pero por el tema voy a reseñar dos: El pastorcito mentiroso, una fábula de Esopo, que cuenta que un pastor cuidaba un rebaño en la cima de una colina y se le ocurrió hacerle una broma a los aldeanos. Comenzó a gritar: "¡El lobo, el lobo! ¡Se va a comer las ovejas!". Cuando los aldeanos llegaron, se echó a reír diciendo que no había tal lobo. Así lo hizo varias veces, burlándose de los aldeanos que subían a auxiliarlo. Más tarde, el pastorcito vio a un lobo cerca del rebaño. Asustado, gritó: "¡El lobo, el lobo! ¡Persigue a las ovejas!". Los vecinos no le creyeron y el lobo se comió las ovejas. Cuando bajó a reclamar, los aldeanos le respondieron: "Te hubiéramos ayudado, así como lo hicimos antes; pero nadie cree en un mentiroso, incluso cuando dice la verdad".
El otro cuento es un clásico de la literatura infantil, escrito por Carlo Collodi, un italiano de la Toscana. Es la historia de Pinocho, un títere de madera que sueña con convertirse en un niño real. La mentira es uno de los temas centrales, y Pinocho dice: "que los hay de dos clases, los que tienen las piernas cortas y a los que se les crece la nariz". Pinocho es de los últimos; cada vez que miente, su nariz crece, lo que se convierte en una metáfora visual de las consecuencias de la deshonestidad. A medida que Pinocho aprende a decir la verdad y a ser honesto, su nariz vuelve a su estado normal.
Con esta historia, los profesores nos obligaron a decir la verdad, a nuestros padres ha decir lo que pasó y a nuestros compañeros de infancia a no mentir, por miedo al grito de "¡se le crece la nariz, se le crece la nariz!". En total, en las variadas aventuras de Pinocho, se aprende a obedecer, a ser responsable, a no fiarse de extraños, a dar valor a la escuela, pero lo más importante que nos enseñó fue el valor de la verdad.
La honestidad es una virtud esencial para vivir una vida buena y plena. Mentir es inherentemente incorrecto, ya que va en contra de la dignidad humana. Mentir acarrearía desconfianza entre las personas y no se podría vivir en sociedad, pues la confianza es la base primordial para establecer vínculos entre los seres humanos
Mi madre decía: “Primero cae un mentiroso que un cojo”, y la vida me ha demostrado que es verdad. No se puede esconder por tanto tiempo la mentira; en algún momento, todo sale a flote
No hay mentiras benevolentes, con el objetivo de tratar de causar el menor daño posible y evitar fricciones innecesarias o que puedan ser desagradables, de todas formas son mentiras. “No hay mentiras piadosas”, me corregía la exconcejal Amanda Trujillo Ramírez, porque es contrario a lo que se sabe, se cree o se piensa.
"«Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras». Hannah Arendt.