"Preguntan cuándo llegarán las soluciones": Honorio Henriquez, Presidente del senado

Enrique Ramirez

"Preguntan cuándo llegarán las soluciones": Honorio Henriquez, Presidente del senado

El discurso presidencial de Abelardo, fue populista, emocional y cargado de símbolos. Habló en clave de “nosotros contra ellos”. Prometió orden inmediato, megas cárceles y reformas económicas rápidas, Con metáforas y dramatismo, presentándose como el salvador

El populismo, sea de izquierda o de derecha, se presenta como la voz directa del pueblo contra las élites. La izquierda acusa a los ricos y corruptos de haber saqueado al país y promete redistribución, programas sociales y consultas populares. La derecha, en cambio, advierte que la autoridad se ha perdido y que los valores tradicionales están amenazados; ofrece mano dura, proteccionismo y defensa de la identidad nacional.  


Las consecuencias son claras y preocupantes. Se debilitan jueces, prensa y contrapesos institucionales. La oposición deja de ser adversario para convertirse en enemigo. Se privilegia lo inmediato —subsidios o autoridad— sobre políticas de largo plazo. Y las reglas se rompen con decretos de emergencia que erosionan la institucionalidad.  


El caso de Gustavo Petro, es ilustrativo. Su gobierno se levantó sobre la idea de pueblo contra las élites. Bajo el lema “El cambio es ahora”, presentó sus reformas como mandato popular. Al ser frenadas por Congreso y Corte, recurrió a decretos y a la movilización en las calles, con el mensaje implícito de que quien no lo apoyaba estaba con la oligarquía.  


Los choques marcaron su mandato. Para sus seguidores eran castas enquistadas; para sus críticos, un ataque a la independencia institucional. Y,  las redes sociales se convirtieron en trincheras de insultos y polarización.  


Con la paz total, buscaba un logro rápido, pero terminó generando más inseguridad y desgaste. El populismo de Petro se ejerció más en el discurso que en las reformas: un gobierno paralizado, un Congreso sin acuerdos y una ciudadanía cada vez más desencantada.  
Fue inevitable: el populismo de izquierda no logró imponer su modelo, tampoco aceptó negociar, y el país quedó atrapado en un clima de excepción retórica donde se votó más por miedo que por esperanza.
 
En la posesión de Abelardo De la Espriella, hubo dos voces que marcaron contraste: la del nuevo presidente y la del presidente del Senado, Honorio Henríquez. Aunque ambos vienen del mismo universo político, sus enfoques fueron radicalmente distintos.  


El discurso presidencial de Abelardo, fue populista, emocional y cargado de símbolos.  habló en clave de “nosotros contra ellos”. Prometió orden inmediato, megas cárceles y reformas económicas rápidas, Con metáforas y dramatismo, presentándose como el salvador.  


Honorio Henríquez, en cambio. No habló de batallas simbólicas, sino de plazos y resultados. Su frase “los colombianos no preguntan quién ganó", volvió  invisible al ganador y coloca a la ciudadanía como fiscalizadora. Para él, el Estado no es un escenario de emociones, sino un servicio público que debe garantizar bienestar.  


Honorio introdujo la ética de la función pública: gobernar no es un reality show, es cumplir con resultados claros. Su estilo fué directo, casi frío, sin adornos. Le dio autoridad moral y lo posicionó como la “voz de la cordura” frente al tono mesiánico del Presidente.  


Honorio,  Recordó que el capital político se agota rápido si no se traduce en hechos. Fue, en esencia, un mensaje del poder legislativo al ejecutivo: “Nosotros ponemos los pies en la tierra” y nos recuerda que gobernar es cumplir con resultados

Más de Opinión

Ver más