Política Industrial para la Era de la Inteligencia

Sebastian Gutierrez

Política Industrial para la Era de la Inteligencia
OpenAI fue fundada en 2015 como organización sin ánimo de lucro, luego en 2025 se convirtió en empresa con fines de lucro y hoy está valorada en cientos de miles de millones, acaba de cerrar una ronda de financiación de 122.000 millones de dólares y se prepara para su salida a bolsa antes de 2027. Esta semana esa misma empresa publicó un documento de trece páginas que, sin sonrojarse?, puso sobre la mesa la pregunta más importante de nuestra época, ¿qué hacer ante la desaparición de millones de puestos de trabajo por la automatización de la inteligencia artificial?

El documento que motiva esta reflexión se llama Industrial Policy for the Intelligence Age, fue publicado el 6 de abril, hace apenas un par de días. Son trece páginas firmadas por OpenAI, la empresa que puso la inteligencia artificial en la cotidianidad de la humanidad, no es un texto técnico, es en realidad un reconocimiento público, redactado por quienes construyen esta tecnología, y habla sin mediaciones, la inteligencia artificial va a destruir millones de empleos a una velocidad sin precedentes, y los gobiernos del mundo no están preparados para enfrentar esa crisis. El documento propone medidas concretas como la renta básica universal, fondos públicos de riqueza para que los ciudadanos participen de las ganancias de la automatización, impuestos al trabajo realizado por máquinas, semana laboral de cuatro días, acceso a la inteligencia artificial como derecho fundamental.

Ahora bien, no podemos? perder de vista que este diagnóstico se formula en el contexto del desarrollo tecnológico, económico y militar de los Estados Unidos —una sociedad dotada de una infraestructura robusta de recursos sociales, académicos, financieros y tecnológicos—, entonces resulta especialmente revelador que incluso bajo estas condiciones de ventaja estructural la transición sea anticipada como potencialmente catastrófica. Esta paradoja no solo dimensiona la magnitud del cambio en curso, sino que sugiere que no se trata de un proceso de adaptación gradual, sino de una transformación de carácter sistémico cuyas disrupciones podrían desbordar incluso a las economías mejor preparadas.

Las cifras ya no son proyecciones lejanas, El Foro Económico Mundial proyecta que 92 millones de empleos desaparecerán para 2030, mientras que surgirán 170 millones de nuevos puestos, una ganancia neta que oculta el trauma de la transición.

Entonces pensé lo difícil que resulta comprender cómo una discusión de esta magnitud, de su urgencia y necesidad, ?en donde se redefinen conceptos como, trabajo, ?democracia, soberanía y política no ha encontrado todavía su lugar en la agenda pública colombiana. Estamos en año electoral, a 50 días de la primera vuelta presidencial. Los partidos afinan programas, los candidatos recorren territorios, los medios cubren las encuestas. Y sin embargo la inteligencia artificial, el fenómeno que está transformando la estructura del trabajo, la producción, la educación y la vida social en el mundo entero, brilla por su ausencia en ese debate.

Hace menos de dos meses, los días 16 al 20 de febrero de 2026, se realizó en Nueva Delhi la Cumbre de Impacto IA 2026. Ochenta y nueve naciones firmaron la Declaración de Delhi, el acuerdo diplomático más amplio de la historia sobre inteligencia artificial . El secretario general de la ONU, António Guterres, propuso un fondo global para garantizar acceso equitativo a la tecnología. Lula da Silva, presidente de Brasil, le dijo a los magnates de Silicon Valley presentes en la sala que "cuando pocos controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no estamos hablando de innovación, sino de dominación" . La declaración incluyó un plan de contingencia laboral ante el impacto previsto de la automatización masiva. Colombia no está entre los firmantes.

El debate tampoco llega sin evidencia. Sam Altman reconoció en marzo de 2026 ante la cumbre de BlackRock en Washington que la inteligencia artificial está rompiendo el equilibrio histórico entre trabajo y capital, y admitió que nadie sabe todavía qué hacer al respecto . Mark Zuckerberg declaró en enero de 2025 su intención de automatizar el trabajo de los ingenieros de nivel medio en Meta; en marzo de 2026, Reuters informó que la empresa estudia recortar hasta el veinte por ciento de su planta laboral . Sundar Pichai reveló en octubre de 2024 que más del veinticinco por ciento del código nuevo en Google ya lo produce una máquina, y advirtió que la sociedad tendrá que atravesar "una disrupción social" profunda . Estos no son académicos alarmistas. Son los dueños del sistema advirtiendo sobre las consecuencias de lo que ellos mismos construyen: el fin de una era, y el inicio de algo que no se sabe aún qué es.

Hay que leer el documento de OpenAI con los ojos abiertos, porque también es una operación de imagen. Eryk Salvaggio, investigador de la Universidad de Cambridge, lo calificó en TechPolicy Press de policymercial: relaciones públicas con envoltura de propuesta de política . Fortune recogió el análisis de especialistas que lo describen como cobertura para un "nihilismo regulatorio" . Y The Washington Post preguntó directamente si protege a la empresa antes que a los trabajadores . La sospecha se refuerza: el documento se publicó el mismo día en que The New Yorker divulgó una investigación de Ronan Farrow y Andrew Marantz que cuestiona la credibilidad del propio Altman, y todo esto ocurre mientras OpenAI se alista para su salida a bolsa . La empresa que convierte el conocimiento colectivo de la humanidad en activo privado propone cómo distribuir algo de los beneficios. Eso no es política industrial. Es gestión de imagen.

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