Petro vs Bukele
El Instituto Departamental para la Recreación y el Deporte de Huila Inderhuila trabaja arduamente para impulsar el desarrollo deportivo de la región
El Salvador puso fin a su guerra civil después del proceso de paz de 1992, conflicto que lo dejo sumido en una grave crisis económica e institucional y que se desarrolló desde 1979, dejando más de 75 mil víctimas, en su mayoría civiles.
Esta barbarie fue fruto de una lucha entre una tiranía dictatorial apoyada por Estados Unidos y un alzamiento popular transformado en guerrilla apoyado por la Unión Soviética, reflejando otra partida más en el tablero de la guerra fría, librada entre potencias, a costa de un pueblo y su sufrimiento.
En su transcurso, cientos de miles de salvadoreños fueron exiliados a otros países, la mayoría emigraron a Estados Unidos, donde ocuparon una de las cadenas más bajas de la sociedad, trabajando como obreros, ayudantes o empleos agrícolas, teniendo muy baja preparación y educación, lo que conllevo a una explosión de grupúsculos organizados que comenzaron a convertirse en bandas delincuenciales, siendo la Mara Salvatrucha 13, la más importante de ellas.
El gobierno estadounidense que apoyo y armo al salvador, durante su guerra civil, se vio obligada a aceptar a sus emigrantes, siendo permisivo con ellos hasta cierto punto. En la década del 2.000, cuando se disparó la violencia, principalmente en las calles de los Á,ngeles, por parte de estas pandillas, sus autoridades decidieron ejecutar un plan de expulsión de ciudadanos salvadoreños, incluso de jóvenes que aun naciendo en suelo norteamericano eran deportados por tener padres salvadoreños, llegando a la cúspide de esta política en el año 2017, cuando el presidente Donald Trump, incrementa las expulsiones hasta en un 130%.
Con la llegada masiva de Pandilleros , a su tierra de origen, algunos incluso sin saber español, generó grandes dificultades a las autoridades, salvadoreñas, y sus países vecinos como Guatemala, Honduras, México y Nicaragua, que vieron un incremento en la violencia cometida por estas pandillas.
En el año 2019, llega al poder el joven empresario cristiano Nayib Bukele, quien con banderas de la derecha ortodoxa, comienza un viraje sustancial de su política, transformándose en un acérrimo nacionalista, que teniendo como ejemplo a Trump, pone a El Salvador por encima de los intereses extranjeros, incluso de los mismos Estados Unidos, de donde ha recibido enormes críticas, por sus políticas proteccionistas y nacionalistas, todos recordamos la decisión de aceptar las BitCoin como moneda de cambio en su país o la decisión de ampliar los lazos comerciales con China, ganándose los más duros señalamientos desde Washington.
Desde el comienzo de su mandato apuntó su política clara de dureza ante la criminalidad y para ello cazó varias peleas, con sectores no afines a su corriente ideológica, atacando a la oposición, tanto de la derecha, (afín a USA) y de la izquierda, así mismo tuvo diferencias con la iglesia católica, con organizaciones de derechos humanos y con periodistas que lo acusan de dictador, como parte de su estrategia, cambió el sistema judicial y político, en el cual imperaba la corrupción y la politiquería, con el fin de agilizar la toma de decisiones en su beneficio, algunos lo comparan con el difunto Hugo Chávez.
El salvador, en sus horas más tenebrosas, durante el 2015, contó con una tasa de homicidios de 103 por cada 100 mil habitantes, una de las más altas del mundo, pero de ahí en adelante ha tenido una reducción constante, siendo su mejor año el 2022, cuando obtuvo una tasa histórica de 7.8 homicidios por 100 mil habitantes, indicador sorprendente que se ha visto reflejado en una sensación de paz y tranquilidad en esta nación centroamericana, llevando la popularidad del joven presidente, al 91% de favorabilidad.
Con este panorama, muchas personas, incluso en Colombia, han visto en Bukele un modelo a seguir y más por aquellos que creen que la autoridad está por encima de los derechos, principalmente los representantes de la derecha latinoamericana, en donde también sufrimos de altos niveles delincuenciales, por eso se escucha en medios de comunicación, personas que justifican los métodos del gobierno salvadoreño, exaltando sus resultados por encima de la existencia de cualquier abuso.
Es ahí donde aparece la figura de Gustavo Petro, quien criticó al Presidente Bukele y su método de imposición de la Ley, demostrando su antagonismo al mismo problema, es que mientras Bukele, busca solucionar el desafío de la delincuencia con mano fuerte y decisiones inmediatas, Gustavo Petro demuestra su humanismo y busca la solución al problema desde factores estructurales, como la pobreza, la educación y el acompañamiento social, dos formas distintas para resolver el mismo problema, los dos con aciertos, pero también con dificultades, haciendo un símil médico, sería como si Nayib Bukele, quisiera detener una enfermedad de manera correctiva e inmediata, así el método conlleve a amputar uno de los miembros del paciente, mientras que Gustavo Petro, cree en la medicina preventiva y estima que el delincuente es consecuencia de la sociedad y que solo el cambio social, evita su surgimiento, creyendo en las segundas oportunidades y la resocialización, así los resultados se vean un poco más tarde.
Gustavo Petro, a través de su estrategia, también tuvo logros en seguridad, recordemos que recibió Bogotá como alcalde, con una tasa de 22.1 homicidios por 100 mil habitantes, en el 2011 y durante su gobierno bajo las cifras a tasas de 16 homicidios por 100 mil habitantes, demostrando con hechos ciertos sus aseveraciones.
Hoy se escucha en algunos sectores de la derecha colombiana, pidiendo a Petro comportarse como Bukele, omitiendo en su argumento, que para que Petro se convierta en un Bukele, debería hacer cambios estructurales, casi dictatoriales, modificando el estado en beneficio del ejecutivo, absorbiendo y controlando otros poderes, infligiendo un golpe directo a la democracia y sus contrapesos, callando y persiguiendo a la oposición y tomando distancia con Washington y con organismos internacionales de derecho humanos, así mismo mucho de los que hoy piden prisión perpetua a los delincuentes, también deberían asumir que esta decisión afectaría directamente a sus propios líderes políticos, que durante gobiernos anteriores montaron empresas delincuenciales que saquearon los fondos públicos, los cuales terminarían posiblemente en una prisión o exiliados. Ya me imagino los gritos desesperados de estos mismos opositores y las portadas de sus medios de comunicación, llamando dictador y criminal a Petro si se comportará como Bukele.
Ojalá el presidente salvadoreño aprenda del pasado y de las experiencias de sus vecinos, para que no se exceda con el poder, en Colombia, un presidente con características similares, torció la Ley y la constitución a su favor, persiguió a la oposición, creo procesos, investigaciones, seguimientos e incluso sentencio y exilio opositores a su política de seguridad, además apoyado por el estado de opinión y la vocería de algunos medios de comunicación, sentenció a muerte a más de 6.402 jóvenes, asesinados por las fuerzas militares y presentados ante el país como terroristas y solo años después se pudo conocer la verdad de tan aterradora práctica y de abuso del poder.
Personalmente, creo que se debe hacer una simbiosis, tomando las buenas experiencias del presidente salvadoreño y su lucha frontal en contra de la delincuencia, pero también tomando medidas, como las que nuestro presidente está tomando, quien busca erradicar las fuentes de la delincuencia, ya que, de no hacerlo, más temprano que tarde volverá a surgir otra generación de jóvenes sin futuro, en el salvador y en Colombia como ya lo hemos visto en nuestra historia.
Por: Oscar Eduardo Mazorra Otalora
Correo: osmazorra@gmail.com