Petro, equivocado, obnubilado, distorsionado y perdido de la realidad
Las palabras que titulan esta columna no son de ningún partido o líder opositor al gobierno. Fueron de la Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo (USO) en referencia a unas declaraciones de Petro sobre el petróleo y el gas.
Este histórico sindicato fue uno de los principales apoyos que tuvo Petro en campaña, al punto que dicha campaña fue recientemente sancionada por, según el CNE, recibir financiación de esa organización. La USO no es entonces una organización «uribista», como macartistamente lo han querido insinuar Petro y sus aúlicos, utilizando su clásica demagogia de equiparar cualquier crítica al gobierno con uribismo. La USO simplemente está señalando algo evidente para cualquiera que observe el mundo con algo de rigor técnico, está defendiendo a Ecopetrol y a sus trabajadores, como es su deber.
Y es que Petro afirmó que «el petróleo ya no se va a vender en el mundo» y que él no estaba «pensando en importar gas para hacer a Colombia dependiente del gas ni de Venezuela, ni de Catar ni de Estados Unidos, sino para que Colombia no consuma gas». Esas afirmaciones, como mucho de lo que él dice, pueden sonar bien como estrategia populista y electorera, pero no resisten un análisis técnico serio, de allí la contundente respuesta de la USO. Porque sí, es cierto que el mundo vive una transición energética, que las energías renovables vienen creciendo y que Colombia debe avanzar hacia una matriz energética más diversificada y limpia, como lo he defendido en otras columnas. Sin embargo, una cosa es promover la transición (algo que el gobierno debe hacer) y otra muy distinta negar la realidad económica y material.
El petróleo no es solo gasolina. De él se derivan miles de productos indispensables para la vida contemporánea: fertilizantes, medicamentos, pinturas, detergentes, cosméticos, fibras sintéticas, computadores, celulares, llantas, asfaltos, lubricantes, buena parte de la ropa que usamos diariamente y hasta tecnologías de energías renovables, como las turbinas eólicas, dependen directa o indirectamente de derivados del petróleo. La propia Agencia Internacional de Energía (IEA) ha señalado que la petroquímica será uno de los principales motores de demanda de petróleo hasta 2050.
Esto no significa negar la necesidad de reducir emisiones ni de avanzar hacia tecnologías más limpias. Significa entender que reemplazar el petróleo y el gas no es algo que ocurra de la noche a la mañana, y mucho menos en un país como Colombia, con enormes limitaciones fiscales, tecnológicas y de infraestructura. Como ya señalé en mis columnas sobre transición energética, Colombia todavía depende fuertemente de los hidrocarburos para su matriz energética, sus finanzas públicas y su balanza comercial, y marchitar esta industria sin contar con un reemplazo productivo equivalente sería seguir hundiendo al país en la pobreza y el atraso.
Por lo cual, contrario al discurso de Petro, marchitar nuestra industria de hidrocarburos sí nos va a volver dependientes del gas importado. Porque si nada extraordinario ocurre, Colombia seguirá necesitando petróleo, gas y sus derivados durante décadas, nos guste o no. La diferencia es si los producimos en Colombia o si los importamos de Estados Unidos, Catar, Venezuela u otros países. Y esto último no solo afecta la soberanía energética, también puede ser peor ambientalmente: importar hidrocarburos implica mayores emisiones asociadas al transporte y procesamiento, por ejemplo la licuefacción y la regasificación.
Y esta es apenas una más de las múltiples contradicciones de Petro que mientras habla de soberanía al mismo tiempo impulsa políticas que nos hacen más dependientes. Una transición energética seria debe fortalecernos como nación, no debilitarnos. Debe permitirnos aprovechar responsablemente nuestros recursos mientras desarrollamos las tecnologías del futuro. Lo contrario es condenarnos a aumentar la importación de energía, fertilizantes y derivados petroquímicos más caros, golpeando hogares, industria y agro.
Y precisamente por eso resulta tan importante que incluso la USO esté cuestionando al gobierno. Porque demuestra que este debate no es entre petristas y uribistas, como algunos quieren reducirlo. Es un debate entre quienes entienden la realidad económica y energética del país y quienes parecen atrapados en consignas ideológicas desconectadas de los hechos.
Colombia necesita una transición energética basada en ciencia, técnica y conveniencia nacional, que priorice la soberanía energética y el desarrollo productivo del país. No olvidemos eso en las próximas elecciones.