Petro, el enfermo...

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Petro, el enfermo...
Sí, Petro es y está enfermo. Lo está desde hace rato. Desde que era congresista, en la Cámara y luego en el Senado, cuando se atrevió a denunciar que el paramilitarismo, financiado con recursos de las mafias del narcotráfico y el apoyo de los políticos profesionales de la derecha, había penetrado y controlaba el Estado en distintos niveles y en distintos lugares, ciudades grandes, medianas y pequeñas, y era responsable de crímenes, desplazamientos masivos y desapariciones en zonas marginadas, y movía los recursos necesarios para lograr la elección de los representantes que esa derecha política quisiera. Tenía que estar enfermo para atreverse a tanto. A algo que jamás a nadie se le ocurrió decir, porque cualquiera sabía que por decir eso lo único seguro era la muerte. Era que lo mataran porque tenían el poder sobre los organismos y los enlaces para hacerlo. Pero el enfermo de Petro se atrevió, y la historia clínica, no suya sino del país, veinte años después le dio la razón, demostró que efectivamente lo dicho por el enfermo era cierto. Luego dijo lo demás, lo que ha reiterado en los últimos años, y que es lo que más preocupa a los alentados que han vivido una vida feliz hasta que apareció el enfermo Petro. Ha dicho el enfermo que buena parte de la élite rica de este país se enriqueció robando los recursos del Estado, es decir los impuestos que pagan los contribuyentes, y del lavado de los recursos del narcotráfico. Y para demostrarlo bastaba preguntarse de qué fuentes económicas legales provenía la riqueza de los ricos, en un país donde la poca y emergente industria de los años 60, 70 y 80 fue enterrada por esos mismos riquitos desde y a partir del gobierno Gaviria, lo mismo que la agricultura de la cual habíamos vivido durante la historia, y todo para darle gusto a los promotores del modelo globalizador que implicó que los países pobres en adelante seríamos consumidores de los productos que nos enviaran desde Estados Unidos o las potencias industriales, a cambio de que nuestros recursos naturales se pusieran a su disposición. Política que ha gustado mucho a muchos de esos riquitos que al ver que acabaron la industria y la agricultura, se dedicaron a comercializar los productos importados de allá, especulando exageradamente con sus precios acá. Esa, la especulación, se convirtió en la otra fuente de enriquecimiento de los riquitos, que combinaban con el lavado de activos y el control de organismos del Estado. Por eso ahora andan preocupadísimos con la nueva manifestación de la enfermedad de Petro, que se atrevió, ¡habrase visto!, a retar a Trump. Al presidente de la potencia más grande del mundo, proveedora de los productos que los han hecho o los están enriqueciendo. ¡Cómo se le ocurre hacer eso si perfectamente podría subir los aranceles, como lo afirmó, y los productos se encarecerían y no se consumirían tanto y por ello las ganancias, sus ganancias, mermarían ¡Y todo que disque por defender unos inmigrantes ilegales, pobres, desarrapados, que se fueron por allá a buscar lo que no se les ha perdido! Petro definitivamente está enfermo, es el mensaje que difunden por las redes y los periodistas prepagos propagan por los medios. Porque efectivamente, defender a los que nadie ha defendido, pedir trato digno a los que jamás lo han recibido, es cosa de un enfermo, como Petro, máxime porque esa decisión la tomó en horas de la madrugada en que los alentados y sanos funcionarios del Estado, como los legisladores, o seudoperiodistas, descansan, pensando en las ideas y proyectos que al día siguiente tendrán que escribir o sustentar para mejorar la vida social de una comunidad, o de una región, o difundir como la gran noticia del día, en el caso de estos últimos. Porque, además, a diferencia del enfermo de Petro, ellos no tienen vicios de ningún tipo, no consumen alcohol, ni fuman nada, solo tienen el vicio de ir sagradamente el domingo a misa y comulgar, porque son hombres de bien, después de dormir plácidamente soñando que ojalá Trump bombardeara Miraflores o Palacio de Nariño y matara al dictador y al guerrillero; claro que son solo sueños porque ellos jamás piensan o hacen el mal. Esos y así son los que acusan a Petro de enfermo y piden que se evalúe medicamente. Y lo dicen y piden porque necesitan que los conozcan y reconozcan, porque no los conocen porque jamás hablan porque no saben hablar y menos pensar, pero saben que cualquier cosa como esa que digan, inmediatamente los grandes medios les enviarán a los grandes periodistas a entrevistarlos para que repitan lo que el asesor político del partido les ha dicho que repitan. Y desde entonces y por unos cuantos días, los conocerán y reconocerán y finalmente los olvidarán hasta que repitan algo igual. Así que el Congreso ahora tampoco tramitará los proyectos de ley del gobierno porque estará ocupado evaluando las locuras de Petro y las implicaciones que ellas, sobre todo las últimas, tendrán para sus propósitos y sueños de ir de turismo a la Florida y conocer sus magníficos y altos edificios, e ir a Disney a disfrutar con sus hijos de los muñequitos. Pero en fin, este es el país que tenemos y estos los líderes, medios y periodísticas que nos tocó en suerte. Toca esperar, eso sí, el dictamen de los médicos, para que nos digan realmente quién es o quiénes son los enfermos.

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