Petro, de enfermo a violador

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Petro, de enfermo a violador
Por atreverse a pensar y opinar cuando se debe estar descansando, porque así lo hacen y así son los buenos y alentados, Petro tendrá que someterse a una evaluación médica para que se evidencie su salud mental. Y ahora, por atreverse a hacer en público lo que debe hacerse y ser privado, porque debe ser privado, Petro afrontará una demanda por violación de la Constitución Nacional. Las demandas por los dos casos provienen de miembros del mismo Partido, conocido por su pasado y por el origen de la mayor parte de su membresía, ligado al narcotráfico o el paramilitarismo, o en el mejor de los casos a la corrupción con recursos públicos. En este caso la violación de la Constitución fue flagrante, porque ordenó que el Consejo de ministros se transmitiera por los medios de comunicación disponibles, privados y públicos. Y eso nunca había ocurrido en la historia del país. Los consejos de ministros siempre habían sido y eran privados, reservados. ¿Y por qué lo eran? Por qué una reunión de funcionarios de alto nivel del Estado, para tratar temas que le competen al pueblo entero, ¿debe ser privada? ¿Por qué el pueblo no se puede ni debe enterar de lo que allí se trata y de cómo lo tratan quienes en ella participan? Pues no se puede, dice la Constitución y por eso un señor de estos sanos y alentados del Congreso llegado allí quién sabe cómo y por qué, ya demandó a Petro.

Pero eso no es lo grave. Lo grave fue lo ocurrido durante este consejo de ministros. En este porque seguramente en ningún otro, de ningún otro gobierno, en ningún momento de la historia del país, había ocurrido algo similar. Y eso seguramente porque los miembros de esos consejos eran hombres probos, sin tacha, inmaculados, eminentes, sabedores de todo, pulcros, blancos todos o a lo sumo mestizos, nada de negros ni de indios, respetuosos unos de otros, sin ambiciones, sin pretensiones mas allá de servirle al país, pero, ojo, sin que el país se enterara, porque por eso era que los consejos de ministros eran reservados. Como no tenían ambiciones ni pretensiones, no les interesaba que el pueblo se enterara de que existían y sobre todo de lo que hacían, pensaban y decidían como miembros del gabinete. Eran unos modelos de señores, de funcionarios, y por eso es que el país durante los tiempos en que han gobernado ha sido tan próspero, tan desarrollado, sin violencia ni pobreza. Y de ahí el asombro de ver este gabinete de Petro, lleno de gente con mañas y ambiciones y prevenciones, como todos los humanos. Con carencias, debilidades e imprudencias, limitados en la capacidad de comprender mas allá de lo elemental, como lo requiere el mundo y la realidad compleja de hoy, y por lo que algunos de ellos salieron a decir lo que dijeron sin medir consecuencias para su propio gobierno, el gobierno al cual pertenecen. Porque así somos los humanos, pero sobre todo los humanos de la Colombia de hoy, a la que llegamos formados, inducidos, educados, amaestrados, culturizados por los gobernantes que durante los cien últimos años nos han gobernado. Y nos han gobernado y educado para que seamos así como somos, y como lo ejemplificaron algunos de los miembros del gabinete y participantes del consejo de ministros, diciendo en ese escenario lo que dijeron y que asombró a tantos. A tantos humanos poco humanos, casi perfectos, que como nunca se han sometido al escrutinio público no sabemos qué piensan ni cómo piensan y eso que piensan cómo lo manifiestan en la vida cotidiana, pero sobre todo qué y como son en esa vida cotidiana y cómo y por qué han llegado a ser y son como son en la vida cotidiana y social. Porque estos son los alarmados con lo ocurrido en el Consejo de ministros, alarmados del tipo de gobierno de Petro y su equipo de trabajo. Alarmados de pensar que si les tocara a ellos, seguramente serían peores.

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