PetriUribismo: cuando los enemigos terminan siendo aliados

José Manuel Piedrahita G.

PetriUribismo: cuando los enemigos terminan siendo aliados

Lo paradójico fue que, al final, surgió una convergencia política inesperada que pareció confirmando el viejo refrán popular: "El enemigo de mi enemigo es mi amigo". De esa coyuntura nació lo que podría denominarse el PetriUribismo o Petro-Uribismo, una alianza circunstancial que terminó derrotando, en ambas cámaras, a los candidatos respaldados por el nuevo gobierno de Delaspriella.

Ayer, 20 de julio de 2026, los colombianos nos dimos cita para conmemorar la efeméride del llamado "grito de la independencia". Mientras el gobierno saliente de Gustavo Petro preparaba un discurso cargado de cuestionamientos hacia el gobierno entrante, con argumentos que iban y venían, el ajedrez político se movía al vaivén de las aguas turbias de un Congreso multiverso y complexus, como diría Edgar Morin, donde los procesos no tienen un inicio absoluto ni un final definitivo.


La jornada estuvo marcada por dos hechos simbólicos protagonizados por el presidente Gustavo Petro. El primero fue la entrega de la sotana del sacerdote Camilo Torres para su custodia en la Universidad Nacional, institución de la que fue profesor. El segundo, la entrega del sombrero de Carlos Pizarro a su hija, como un acto de memoria y preservación histórica.


Posteriormente, hacia las 4:00 de la tarde, inició la instalación del Congreso de la República, sesión que se prolongó hasta aproximadamente las 5:00 p. m. En ese escenario, el mandatario presentó un informe amplio y detallado, sin recurrir a espejismos ni a tecnicismos retóricos innecesarios. 
Sustentó su intervención en cifras y datos provenientes de fuentes institucionales, especialmente del DANE, y empleó el método comparado, propio de las ciencias políticas, para contrastar los resultados de su administración con los de cuatro gobiernos anteriores. Con ese manejo de información oficial y evidencia estadística, expuso lo que consideró el balance y la evaluación de su gestión pública al frente del Gobierno nacional.


Al inicio de su intervención, respondió al presidente del Congreso, Lidio García, quien previamente lo había cuestionado de manera indirecta. Petro fue enfático al afirmar: "Nunca hice en el Congreso un debate sin pruebas". Además, reiteró que la demanda de nulidad contra las elecciones ya había sido radicada junto con las respectivas evidencias.


Finalizada su intervención, que superó los 120 minutos, el presidente instaló oficialmente el Congreso y abandonó el recinto, dando paso a las réplicas de la oposición. Discursos iban y discursos venían, reflejando el ambiente de polarización política que atraviesa el país.


Más adelante llegó uno de los momentos más llamativos de la jornada: la elección y posesión de las mesas directivas de la Cámara de Representantes y del Senado. Allí quedó en evidencia un fuerte pulso político entre el nuevo gobierno y el Centro Democrático, representado por el respaldo a Alfredo Deluque (Partido de la U), por un lado, y a Honorio Enríquez (Centro Democrático), por el otro.


Lo paradójico fue que, al final, surgió una convergencia política inesperada que pareció confirmando el viejo refrán popular: "El enemigo de mi enemigo es mi amigo". De esa coyuntura nació lo que podría denominarse el PetriUribismo o Petro-Uribismo, una alianza circunstancial que terminó derrotando, en ambas cámaras, a los candidatos respaldados por el nuevo gobierno de Delaspriella.


Se trata de un hecho poco común en la historia política reciente del país. Nunca antes un presidente había visto derrotados sus candidatos en las dos cámaras del Congreso al inicio de su mandato constitucional. Este episodio deja un sinsabor como antecedente y una profunda polarización entre la denominada nueva derecha extrema y la derecha tradicional representada por el uribismo.


Amanecerá y veremos en qué termina esta inesperada alianza política y cuáles serán sus verdaderas dinámicas internas. Por ahora, el gobierno de Abelardo inicia su camino enfrentando un escenario de crispación legislativa, con serios desafíos de gobernabilidad y una derrota política que muchos interpretan como un revés a la soberbia y a la improvisación.

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