Nuestro adiós al Médico Luis Fernando Durán Gutiérrez

Ricardo Perdomo Pinzon

Nuestro adiós al Médico Luis Fernando Durán Gutiérrez

El doctor Duran, junto con otros médicos que ya partieron, aportó muchísimo a la evolución y modernización del Hospital Universitario de Neiva, en las últimas cuatro décadas.

Aunque no tuve el privilegio de ser amigo del doctor Luis Fernando Duran Gutiérrez (q.e.p.d.), afamado, reconocido y apreciado médico internista del Huila, me veo en la obligación de hacer una pequeña referencia del doctor Duran, como testimonio de admiración y aprecio, que le profesaron todas las personas que tuvieron el privilegio de conocer y sentir  el impacto positivo, que sobre sus vidas, les dejo este hombre lleno de sabiduría. 


El Huila, Neiva, el Hospital Universitario y la Facultad de Ciencias de la Salud, están vestidos de luto y en silencio, por la muerte de uno de sus faros guías; me refiero al doctor Luis Fernando Durán Gutiérrez, médico internista, científico, docente y, sobre todo, un humanista de inteligencia y corazón grandes. 


Después de décadas de turnos, rondas, diagnósticos difíciles y urgencias de todos los días, el doctor Duran se acababa de pensionar, pero el destino no le dio tiempo de disfrutar su descanso. Se fue estando vigente, lúcido, y querido; por eso el dolor es doble: porque se fue el maestro cuando apenas empezaba a recoger los frutos de su siembra y porque no volverá a entregar su sabiduría, solidaridad y servicio, en nuestro mundo terrenal. 


El Dr. Durán no fue un médico común; fue un científico de la medicina interna; era de esos que leen la historia clínica como quien lee un poema: con detalle, con pausa, sin dejar pasar una coma. Para él no había paciente "difícil"; había un ser humano al que había que escuchar, examinar y respetar.


En el Hospital Universitario de Neiva, su bata blanca era sinónimo de criterio. Los residentes lo buscaban en los casos complejos, los especialistas jóvenes lo consultaban, los pacientes lo esperaban, porque sabían que con él, no solo salían con una fórmula entre sus manos; sino con la fe y esperanza de lograr su pronta recuperación. 


En la Universidad Surcolombiana no dictaba clases; formaba médicos, llenos de conocimientos y dispuestos a cumplir fielmente el juramento hipocrático. El medico Duran, transmitía conocimientos con una mezcla que hoy escasea: rigor científico, estudio, respeto, buenos modales y profunda humanidad. Entraba al aula y a la sala de hospitalización con el mismo respeto. A sus estudiantes les enseñó que la medicina interna no es solo memorizar síndromes, sino tener criterio, dudar, preguntar dos veces, tocar al paciente y mirarlo a los ojos. Tenía perfectamente claro que el paciente no era un evento más en la estadística de salud, sino una persona, a quien había que cuidarle su derecho a la vida; criterios que practicaba cotidianamente, como algo natural de su formación y modo de vida. No ahorraba esfuerzos ni tiempo para explicar las recomendaciones a las familias de sus pacientes, a quienes llamaba para saber la evolución de los mismos. En sus rotaciones se ubicaba al lado de los estudiantes y le hablaba claro al estudiante que se había equivocado, pero sin humillarlo. 


Los estudiantes de medicina de la USCO, no solo lloran a un profesor, lloran a un padre académico; lloran al profe que prestaba un libro a sus estudiantes; lloran a ese que les daba una oportunidad y les imprimía optimismo y verraquera, cuando el rigor del compromiso académico, hacía que el estudiante dudara de sus capacidades y quedaba prisionero de la incertidumbre entre ser o no ser capaz de salir adelante con sus estudios de medicina. Tuvo dedicación absoluta hacia la ciencia, la enseñanza y la gente. Siempre profesaba un profundo respeto por todas las personas, ya fuera el gerente, el celador, el paciente del último cubículo o el interno nervioso. Para él todos merecían la misma mirada digna.


El Huila y Neiva, pierden a uno de sus mejores hijos y a un referente de la medicina. El Hospital Universitario pierde su memoria clínica. La Facultad de Ciencias de la Salud, pierde a un faro guía. La comunidad pierde a un amigo y ángel de la guarda; pierde a ese gran médico, que podían  llamar a cualquier hora, para una consulta y no dudaba en contestar su teléfono. 


Que se haya pensionado hace muy pocos meses y que hubiera continuado atendiendo pacientes y formando estudiantes, es la prueba fehaciente de que amaba tanto a su profesión, que no quería soltarla. Se fue con las botas puestas, entregado con pasión al servicio médico, hasta el último día de su existencia, a pesar de sus dolencias, que finalmente la causaron la muerte, en una paradoja cruel que le ocurre a los médicos como él: Defendió la vida de cientos de pacientes y muy seguramente no cuidó ni presto la atención debida a su propia salud, sabiendo perfectamente que los médicos, también se enferman y también se mueren. 


Hoy no hay palabras diferentes a la gratitud, que alcancen para referirnos a este ciudadano ejemplar; gratitud por cada vida que salvó, por cada estudiante que graduó, por cada ejemplo que dejó. Al doctor Durán Gutiérrez, lo vamos a recordar con gratitud y admiración; lo recordaremos como ese gran medico que antes de si, pensó primero en sus pacientes; y lo recordaremos como el maestro que formó generaciones, con auténtica e indeclinable vocación de docente. Sus estudiantes lo van a recordar ejerciendo la medicina como él les enseñó: con estudio, ciencia, ética, vocación y corazón grande. 


Nos dimos a la tarea de hablar con amigos, alumnos y colegas, para escuchar sus opiniones de la vida y obra del médico Duran: Destacaron su gran valor; que fue el formador de la generación de médicos que hoy atiende a los pacientes del Huila y el sur de Colombia; que se preocupaba profundamente por el conocimiento médico; anhelaba que los médicos que formaba, respetaran el juramento hipocrático. Era un paradigma de la ética, que trataba a las personas con mucho respeto. Fue un docente muy exigente en la formación ética, académica y profesional de sus estudiantes, porque sabía la responsabilidad tan grande que estos futuros profesionales de la medicina, tienen con la sociedad, a quienes formó dando el ejemplo que esperaba de ellos.


El doctor Duran, se preocupaba mucho por las personas vulnerables; le cambió la vida, mejoró la calidad de vida y el bienestar a muchos adultos mayores y a sus familias que padecían enfermedades crónicas. Era un hombre que siempre se estaba actualizando. Tenía un estilo de vida sano, hablaba a sus pacientes y amigos, del autocuidado y las buenas prácticas para una buena salud; y él mismo era ejemplo de eso; pero desafortunadamente las enfermedades tienen otros factores y atacan en cualquier momento, por donde menos se les espera.


El doctor Duran, junto con otros médicos que ya partieron, aportó muchísimo a la evolución y modernización del Hospital Universitario de Neiva, en las últimas cuatro décadas. Era un hombre de familia ejemplar; ejemplar como persona y como profesional; muy respetuoso con el equipo de salud. Como amigo y colega era un hombre afectuoso y solidario, con gran capacidad para trabajar en equipo y con excelentes niveles de relacionamiento. En la formación de profesionales, influyó no solo a los médicos, también impacto favorablemente a sus pacientes y demás ciudadanos. Siempre exigió hacer las cosas bien y tener la ética como valor supremo.  Todo el mundo lo destaca como un excelente profesional, excelente amigo, excelente padre, excelente esposo; era un hombre intachable y modelo a seguir. 


A su familia, nuestras más sentidas condolencias. A sus estudiantes, la invitación a honrarlo, siendo los médicos que él soñó que fueran. Se nos fue el maestro, se nos fue el internista, se nos fue el hombre bueno. Paz en la tumba del doctor Luis Fernando Duran Gutiérrez.

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