Noria del sinsentido
Luis Sinisterra y Wilmar Barrios le dieron la victoria al combinado cafetero dirigido por Néstor Lorenzo
Así ha sucedido en la lucha contra las drogas en Colombia, tal como destacó el presidente Gustavo Petro, el pasado 20 de septiembre en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, en el que enfatiza que la guerra contra las drogas ha sido un total fracaso. Desde mi entender, una noria del sinsentido.
Luego de tres décadas de la lucha contra las drogas en Colombia con apoyo internacional, surgen algunos interrogantes: ,qué tan acertada fue la posición del presidente Petro en cuanto al fracaso de las políticas antidrogas?, ,es necesario redefinir las políticas antidrogas en Colombia y el apoyo que éstas reciben de la ONU?, ,cuál sería la manera efectiva de lucha contra las drogas en concordancia con las particularidades de nuestro país?
En principio, no solo en Colombia sino también en toda Latinoamérica, es importante analizar contextualmente y de modo integral esta problemática. Para citar una arista del problema, todos estos países tienen tierras fértiles que son propicias para los cultivos ilícitos, Bolivia y Perú poseían extensos cultivos de Coca y Amapola, desde su amplia geografía, sin embargo, allí no surgieron los grandes traficantes como si ocurrió en Colombia, de igual manera, sus políticas antidrogas han sido más eficaces. A manera de ejemplo siguiendo datos del DANE y de artículos investigativos de Indepaz y Scielo, en la década de los 90 en Perú, sin usar un solo litro de glifosato en sus tierras, se redujo más del 60% de sus cultivos ilícitos. Sin embargo, en Colombia se fumigaron más del 50% de las áreas cocaleras, se persiguió a sus cultivadores y a las redes narcotraficantes, pero estos hechos no tuvieron suficiente incidencia en la disminución y producción, por el contrario, ocasionó importantes daños al medio ambiente, a la salud de los pobladores, se generó el flagelo del desplazamiento forzado, el destierro, las desapariciones y numerosas muertes.
A pesar de esta realidad, los diferentes gobiernos del país han insistido en la misma cura para la misma enfermedad. El debate alrededor de las drogas es muy complejo, distintos paradigmas oscurecen la visión frente a una posible solución a esta problemática que se debe tomar con mayor conciencia y objetividad, enmarcándose en dos actores fundamentales: los consumidores (tanto en el interior como en el exterior del país) y las redes traficantes (desde quienes la producen hasta quienes la comercializan). Es evidente que la prohibición es el verdadero negocio y que, a países en vía de desarrollo como el nuestro, se les hereda atraso social y económico, muertes y miseria. Aunque el narcotráfico no ha creado ningún problema social, político y económico que enfrenta el país, es claro que sí los ha potenciado aprovechando la ausencia del estado, fallas en la educación, falta de oportunidades, entre otras.
Colombia requiere un giro en sus políticas contra las drogas, revisar lo efectivo a nivel de disminución de esta problemática y minimizar los daños colaterales persistentes a través de la historia. No podemos andar el mismo camino si ya conocemos el destino, y aún más si este destino no es lo que necesitamos para solucionar nuestros problemas de raíz.
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