No dejes entrar al viejo

Enrique Ramirez

No dejes entrar al viejo

Envejecer puede ser agradable, incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho con lo que has logrado y si conservas la ilusión.

"No dejes entrar al viejo / Quiero vivir un poco más/ No se lo dejes a él/ Está tocando a mi puerta/." Canción country.


Toby Keith, el cantante de country, contó que una vez le preguntó a Clint Eastwood, admirado por su energía, cuál era su secreto para mantenerse tan activo. Eastwood respondió: “Mi secreto es el mismo desde 1959: mantenerme ocupado. Nunca dejo que el viejo entre a mi casa.
He tenido que sacarlo a rastras porque ya se había instalado cómodo, sin dejarme lugar para nada más que la nostalgia. Hay que seguir activo, vivo, feliz, fuerte y capaz. No dejo entrar al viejo en que me he convertido —siguió—. No dejo entrar al viejo criticón, hostil, envidioso, chismoso, lleno de rabia y quejas, sin valor, que se niega a ver que la vejez también puede ser creativa, decidida y llena de luz."


 Con esa frase resumió su filosofía: no permitir que la nostalgia, la negatividad o el cansancio dominen la vida.


De esa idea nació la canción “Don’t Let the Old Man In”, que significa justamente eso: no dejar entrar al viejo. El tema invita a mantenerse activo y a pelear contra el desánimo, sin importar la edad. Es un llamado a vivir con propósito, disfrutar el presente y no quedar atrapado en el pasado.


La canción aparece al final de La Mula, la película que Eastwood dirigió y protagonizó, inspirada en la historia real de un veterano de la Segunda Guerra Mundial que, ya octogenario, termina trabajando como mula para un cártel mexicano. El mensaje es claro: la edad no define la vitalidad, lo hace la actitud.


Ese “viejo” del que habla Eastwood no es solo la vejez física, sino el espíritu criticón, hostil y pesimista que puede instalarse en cualquiera de nosotros. Es el murmurador que revive traumas, quejas y angustias, y que se niega a aceptar que la vida, incluso en la madurez, puede ser creativa, decidida y luminosa. 


Envejecer puede ser agradable, incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho con lo que has logrado y si conservas la ilusión. Como dice uno de los versos: “Pregúntate cuántos años tendrías si no supieras cuándo naciste.” Porque muchas veces la edad de la cédula no coincide con las ganas y los sueños que llevamos dentro.


Envejecer no significa rendirse, sino reinventarse. La edad es solo un número: lo que realmente importa es la actitud con la que enfrentamos cada día. No dejes entrar al viejo: sonríe, vive y mantente activo.
Por eso, amigo lector, la enseñanza es sencilla y poderosa: mira por la ventana, sonríe y no dejes entrar al viejo.

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