Neiva: la….del paseo (!)
No existen esperanzas mínimas de que por medio de la actual alcaldía se regule el ruido ensordecedor que se apoderó de la ciudad por múltiples flancos.
Al parecer, nos equivocamos en su escogencia política con miras a los resultados prácticos, al balance final. El alcalde Germán Casagua funge ahora como gomelo comunicador en las redes, preocupado tal vez por su imagen, haciendo gala de una indiferencia flemática, terca, ignorante, sobre el particular.
Pensamos que, como se decía en los viejos tiempos, esta capital es la ‘prostituta’ del paseo frente al resto de sus similares del país, jurisdicciones que ya le metieron la muela a ese problema, incluidas las poblaciones más pequeñas, o de densidades no muy grandes, municipios de vida apacible otrora. Decenas de sujetos degenerados transitan con carros y motos lanzando ruidos insoportables para el oído humano y que amenazan con crear problemas de salud pública, incluso muertes por causas cardiovasculares, por patologías del sistema nervioso-circulatorio, entre otras.
El corazón tiene que soportar estas situaciones de estrés y de tensión alta (hiper), según opiniones médicas autorizadas (ver efectos de contaminación por ruido en los seres humanos, a través de Google y las redes sociales, además de la CAM). En los países serios las vías públicas cuentan con sensores para medir los decibeles lanzados sin control al aire, al paso de los vehículos, además de los ruidos estacionarios de equipos y fuentes diversas. Los vendedores ambulantes, los propagandistas y demás depredadores hacen lo propio.
Neiva podría empezar con sonómetros, aunque esa tecnología ya la posee en mínimas cantidades en los últimos años, pero es como si no la tuviera, en opinión de ambientalistas locales consultados.
El naturalista Eduardo Rujana así lo considera, por su parte, cuando habla de las dolencias surgidas en el ecosistema y su posible remedio. A nivel de patrulleros y agentes, autoridades del sector de control urbano, al ser requeridos, contestan con evasivas sobre el tema, aunque reconocen la existencia de una prohibición terminante en los códigos vigentes. La convivencia ciudadana de la ciudad está afectada seriamente, y tiende a empeorar.
Las nuevas generaciones se muestran atraídas por esa moda violenta contra la vida humana y la naturaleza, en perjuicio de la propia Tierra Madre. Al paso que vamos serán como sus mayores, también pequeños demonios en ciernes, que poblarán el territorio multiplicando la destrucción del ambiente sano. En sus siluetas por momentos se pueden adivinar cachos y cola.
Los sujetos ruidosos mezclan sus bocinas y sus pitos al mismo tiempo que ejecutan las maniobras de perturbación sonora en las vías públicas y en los vecindarios afectados. Su tránsito alocado se produce de día y de noche, las 24 horas. Obedece a una categoría de individuos propia de la época de irrespeto y vulgaridad ofensiva por la que atravesamos en el 2024.
El mecanismo constitucional de la acción popular urgente se sugiere como cortapisa sanitaria.