Navidad con igualdad
En el siglo primero en el tiempo que Jesús de Nazareth vivió en forma carnal sobre la tierra entre nosotros la cosa no era tan diferente a lo que vivimos ahora
Primero que todo, él no pudo nacer en su casa como era lo normal en la época, ya que en aquel momento el Duque romano de la epoca, en su típica arrogancia de poder, contaba sus vasallos para cobrarles el IVA de la nueva reforma y todos debían ir a su lugar de origen a registrarse en el censo imperial. María y José, una pareja pobre, debió desplazarse de Nazareth a Belén a lomo de mula, cubriendo una ruta de 150 kilómetros. ,Podemos imaginarnos la incomodidad para la madre de Jesús con nueve meses de embarazo en esta situación? ,Y qué decir de la angustia de José sobre lo que le pudiera pasar a su esposa en tales circunstancias? , Como pagar los tres peajes que habían en esos 150 kilometros?
Llegan a Belén y por supuesto no tienen dinero para pagar un hospedaje. Podemos suponer que la aglomeración de gente por el asunto del censo se prestó para la atávica especulación hotelera y para ellos no había alojamiento en ninguna parte , (Lucas 2: 7). Ademas las batidas del ESMAD de la época, eran de miedo y nadie salía de la casa después de las cinco de tarde. Dado que a María en aquella hora le llegó el momento de tener su hijo, fueron a parar en una cueva de animales donde ella dio a luz. Claro, RCN y Caracol en la transmisión posterior, hablaron de un pesebre. Esta cueva no era ni mucho menos un hotel de cinco estrellas, tengamos presente el horrendo olor de aquel lugar, a la intemperie, en medio del frío de la estación invernal. La situación no podía ser peor.
Sin embargo, esa debilidad que provoca la humidad de la gente, fue intrepretado de otra forma por el abuelo del niño, y a través de las redes de la época le mando un mensaje claro, El Señor me ha dicho: Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad , (2 Coríntios 12: 9). El bebé marginado, desplazado y abandonado de Belén nos comunica la tremenda paradoja de todo el poder de la debilidad. La misma que ha unido a los desheredados del mundo en protestas y paros. El niño pobre de Belén nos recuerda en esta Navidad toda la fuerza de la debilidad, de no explotar y pisotear al otro, sino de convivir con él en respeto, solidaridad y compartir fraterno.
Celebrar la Navidad no puede ser otra cosa que empeñarnos en la vigencia de esta debilidad y en la superación de su negación: la arrogancia de poder, la cual nos está trayendo inconmensurables desgracias y desventuras. Esta misma arrogancia de poder, el dios de moda, es la causa del absurdo de la sociedad contemporánea en la cual cada día hay menos ricos cada vez más ricos, a costa de más pobres cada vez más pobres ,, como dijo Juan Pablo II. Por eso, Felices e igualitarias fiestas, que disfruten de momentos familiares pero que la familia no sea una única y excluyente, que las parejas se quieran sin dolor, que los celos sean un tema obsoleto y absurdo. Que reine la cultura de la paz y la extendamos al resto del año.