MUERTOS QUE DESCOLORIDOS

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MUERTOS QUE DESCOLORIDOS

Según las Ceibas se cerrará temporalmente el servicio de Agua

Se sulfuró horriblemente la comunidad aborigen, al lado de la campesina, en Los Pozos, San Vicente del Caguán, Caquetá, en una acción de hecho que muestra las dimensiones de la inconformidad represada en Colombia durante muchas décadas ,se habla de hasta dos siglos de dominación atávica y oligárquica-. Esta vez lo hizo contra las multinacionales del petróleo que siguen chupando la sangre de la tierra sin pagar por los daños irreparables causados al fisco y al ecosistema, amén de muchas perlas como la mentirosa retribución civil a las comunidades afectadas por la explotación en sus áreas de influencia. Los pobladores involucrados en esa permanente extracción de hidrocarburos, en buena parte, sobreviven en condiciones de pobreza extrema y de miseria absoluta. La refriega desatada en el sur del país contiene una curiosa manera de revivir los efectos de los fallidos diálogos de paz de Andrés Pastrana, en la antigua zona de despeje, con sus 40 mil kilómetros cuadrados de extensión ,el tamaño de todo un país nórdico, al parecer como Finlandia-. Circulan en las redes denuncias sobre el carácter neonazi de la fuerza pública, desplegado para reaccionar a los disturbios que se salen de madre ,como sucedió con los jóvenes de la primera línea: masacrados, torturados, enjuiciados, violados, y presa de cuantos vejámenes más pudieron cometer en su contra los uniformados energúmenos en su calidad de máquinas de guerra-. Agregan los denunciantes que la Policía trabaja para las transnacionales y no para la comunidad, es decir, defiende con un abierto cinismo institucional los intereses foráneos en desmedro de los propios del territorio y, de paso, se gana varios sueldos. Negocio redondo y pulpo hellip, Las mafias también muchas veces los tienen en nómina (minería, migraciones, abuso de menores, trata de personas, tráfico de estupefacientes, contrabando, negocios turbios asociados y diversos). La autoridad policiva observa a los moradores de estas zonas periféricas del país como ciudadanos de segunda, y comete abusos muchas veces por esa percepción equivocada sobre el nativo, su coterráneo humilde. Así mismo, por esa formación de corte fascista que recibe en las escuelas policiales ,su pre-ingreso al Ministerio de Guerra y Defensa, más lo primero que lo segundo-. La portavoz de derechas en la televisión, en un canal privado antipetrista, Claudia Gurissati, explotó con malicia inocultable la muerte del patrullero policial cuando dijo que era un campesino ejecutado por sus hermanos campesinos e indios, sus compañeros de suerte. En esos términos inició su acostumbrada intervención venenosa contra los humildes y marginados de Colombia, aunque en repetidas ocasiones posa de ser consciente y justa, de caritativa y espiritual. Ajusta unos ocho de meses de ataques diarios contra la Colombia Humana y el presidente Petro, en los que no faltan las mentiras e imprecisiones ,que muchas audiencias se tragan sin digerir, igual que tripas sin sacudir-. Olvidó la señora que los actores de la guerra provienen de hogares pobres, y se matan entre ellos mismos para cuidar las espaldas de sus explotadores y dominadores, quienes los engañan hábilmente en razón de una ignorancia dirigida. Los hijos de estos últimos no prestan el servicio militar obligatorio y disfrutan aún de un sistema clasista al momento de ingresar a la alta oficialidad, por múltiples conveniencias. La revelación descarnada de las redes sociales asegura que las circunstancias del orden público alterado cambian radicalmente si se trata de campesinos e indígenas sometidos a la esclavitud y a la pauperización. Es claro que los jóvenes en sus manifestaciones callejeras han soportado estoicamente la represión de un Estado negrero y clasificador de sus súbditos, pero que se encuentra a las puertas de un revolcón inexorable, de proporciones impredecibles. De suyo, es el propio pueblo quien tiene la palabra frente al cambio elegido, como lo predica Gustavo Petro, tras advertirse acorralado por las élites criollas. Acaban las altas cortes de cercenar, vía tutela, los derechos constitucionales del presidente para intervenir los abusos en los servicios públicos domiciliarios (como si no fuera el presidente). Incluso, los togados en un concepto jurisprudencial reciente se arrogan el derecho de deshacer las leyes en trámite y las que inicien su vigencia reformista (!). No se debe olvidar a quiénes los tienen en el poder judicial desde su posición dominante, plutocrática, de la superestructura social, como los dueños del país. Días de convulsión nos aguardan a la vuelta de la esquina.


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