Modas inéditas luego de la peste

Luis Fernando Amezquita

Modas inéditas luego de la peste

Es tan grande la afición por la música y por los nuevos artistas en la actualidad que en el país se requieren obras descomunales para albergar a los fanáticos en la presentación de cantantes en público con orquestas y bandas  de su predilección.

 

El hedonismo se disparó hasta cifras inverosímiles, aseguran los empresarios contratantes de los escenarios y de la parafernalia tecnológica inmersa y lo atribuyen a un efecto del COVID 19, luego del encierro forzado. Suena esto como a desquite por el aislamiento de un pueblo dado a la vagabundería, a la francachela, en su vida social interrumpida a la brava durante cuatro años.

Son públicos de 400 a 500 mil personas, hasta más, que responden a los espectáculos de forma masiva, nunca antes vista, añaden. Lo más grande que tiene Colombia en esa dirección del mercado cautivo son los estadios de fútbol donde no se puede introducir a más de 30 mil fanáticos, en condiciones cómodas, y allí se registran hasta ahora esos eventos artísticos, por lo que se pierden cifras considerables de ingresos en su negocio.

Los campos utilizados para las tarimas y sus estructuras técnicas sufren deterioro en sus gramillas y pistas atléticas, en sus mallas y drenajes, entre otros componentes básicos, a la vez que se entorpecen las fechas clásicas del balompié profesional como resultado del cambio de uso transitorio para efectos distintos al original. Por su parte, los cantantes van asegurados con antelación a través de las plataformas digitales en las que se cobra adelantado el valor de la entrada a los múltiples seguidores de su anunciada interpretación, a través de las redes sociales.

Un hecho curioso es que no existen, como antes, condiciones de supremacía o de exclusividad por el renombre de los artistas en juego, y se puede entonces equiparar un músico norteño a un vallenato, un reguetonero a un artista popular o a uno urbano.

De plano, por una aparición en vivo el vocalista factura hasta más de 400 millones de pesos, según el informante. Agrega que esto apenas comienza en el horizonte del país sin que existan ciudades de primera o de segunda categoría en términos de asistencia masiva.

Los alcaldes colaboran prestando estadios y escenarios a los organizadores del espectáculo en sus jurisdicciones correspondientes, con el ánimo de recaudar jugosas ganancias y mover la economía municipal, mientras sus gestiones de empleo popular son, en general, paquidérmicas. La moralidad también puede ceder ante la ilicitud productiva, un concepto que abarca diversas aristas en la Nación del 2024.

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