Maldades contra la tierra
<p>Acaba de celebrarse un nuevo aniversario del día mundial de las aves, en desarrollo de esta primera semana del 2024 cumplida, y el balance al menos en lo que toca a las festividades recientes es siniestro, diabólico en sus efectos. ,</p>
Miles de ellas mueren por los estallidos y las quemaduras originadas en la quema de pólvora durante la temporada. La alta sensibilidad que poseen las convierte en presa fácil de la destrucción. Algunas pierden su capacidad motriz, su vuelo libre y en caída lógica se riegan muertas por el piso, sin conmover a la comunidad de sus entornos habituales. No existen cálculos fiscales sobre el valor ambiental de sus poblaciones diezmadas, en relación con la economía de la naturaleza. Así, pues, se materializa una manera tenebrosa de honrar la navidad y el año nuevo como si se tratara de un acto religioso, piadoso y puro, de glorificación a Dios. Muchos observadores creen que ese acto ruidoso, además de otras celebraciones temporales, tiene en principio un fuerte contenido católico que debe ser revisado. No se puede considerar cristiano un individuo que ataca la creación divina para divertirse en medio de actos de exterminio al entorno
AVE QUE VAS VOLANDO
Las colonias de plumíferos ?siempre permanecen en los mismos vecindarios urbanos sin cambiar de área ocupada, según la maestra Mercedes Medina Durán, autora de la obra ´Nuestras aves? en la comunidad claretiana de Neiva- son modificadas por fuerza mayor en una especie de acto trágico atribuible a la responsabilidad humana.
Sus desplazamientos intempestivos en búsqueda de defensa y protección son constantes, aunque no existen seguimientos o cifras sobre el particular ni del gobierno ni de los ornitólogos y, mucho menos, de los clubes de observadores de aves. Estos últimos, de vez en cuando repuntan para exaltar la densidad de los pájaros en Colombia, tal vez la segunda más alta del planeta, si no la primera para varias publicaciones especializadas, más allá del tinte turístico que le dan a esas condiciones del país. Una época que con facilidad abarca varios meses de fin de año en materia del consumo de licor y de otros sicoactivos se transforma en la pena de muerte para estos seres alados, pobladores del aire, mensajeros de los cielos. Al menos la furrusca del Huila ocupa el primer lugar entre las preferencias de los jóvenes colombianos: es su aporte estadístico nacional. La beodez y la sicodelia impulsan a los victimarios identificados en este asunto ambiental. Todo parece indicar que a la matanza por ruido y a las agresiones fatales contra estas especies se suma la desaparición paulatina del azulejo, de las palomas, entre otras, de acuerdo con Carlos Ruiz, animalista del barrio Los Álamos, que la atribuye al envenenamiento progresivo de especímenes a manos de sujetos sin escrúpulos, sin alma, de vigilantes de una sede de la iglesia Casa sobre la Roca en la calle 50 con carrera 18, en inmediaciones de un parque contiguo, en el costado sur de la edificación que asiste a menores expósitos. Torcazas y chisgas están en la misma lista criminal, de igual manera. La merma de ejemplares es visible, asegura la fuente en su denuncia.