Los pelotazos feministas

Luis Fernando Amezquita

Los pelotazos feministas

En tiempos recientes, a nuestro modo de ver, la afición al fútbol profesional diferenciaba todavía a las parejas convivientes bajo el mismo techo.

 

Posturas irreconciliables terminaban como en un campo de batalla: el marido imponía su gusto y se alzaba con el control remoto del televisor, a codazos. Era, pues, el triunfante en esa disparidad íntima hogareña, surgida del fanatismo futbolístico.

No cabían las inconformidades latentes de la camada frente al sector dominante de la casa por una tradición superviviente, de corte patriarcal. Una transmisión futbolística estaba a punto de comenzar en los canales privados de TV a esa hora, señalada en los medios de prensa para tiempos de descanso y reposo en familia. La esposa mostraba un gesto de resignación aunque su rostro no dijera lo mismo en el fondo. Y si el macho cabrío estaba enguayabado ponía cara de pocos amigos, de fiera energúmena, dispuesto a apalear a la mujer bajo cualquier pretexto, si ésta se atrevía a perturbarlo.

Era capaz hasta de matar, en medio de una impunidad rampante, de puertas para afuera. Los hijos podrían correr la misma suerte. El paseo semanal, o las salidas a restaurante, entre otras costumbres regulares, salían de la agenda de los pasatiempos.

El encuentro futbolero de la fecha mandaba en las demás  prácticas cotidianas, frente al caso eventual de complacer al resto del núcleo afectivo con la programación disponible en varios canales de la pantalla chica. No faltaba, de repente, el agarrón por el aburrimiento manifiesto de la mujer frente a una afición masiva que a ella no le significaba nada, más allá de un mal rato. Por supuesto hablamos de hogares comunes, medios, que se transformaron luego por varias razones tecnológicas como el acceso a la información múltiple. Hoy es radicalmente distinto el panorama pues las damas se volvieron aficionadas, incluso fanáticas del fútbol, para no hablar de la práctica femenina como jugadoras profesionales de esa disciplina con sus triunfos fácticos.

Pueden posar de comentaristas deportivas, si es del caso: saben de la técnica balompédica. Durante la reciente campaña de la selección Colombia en la copa América podía verse en público a más mujeres, inclusive sin parejas masculinas acompañantes, de todas las edades, manifestando su complacencia frente al espectáculo, uniformadas y hasta con tragos en la cabeza, gritando a rabiar.

Para quienes vivimos muchas épocas entre siglos de tránsito temporal no deja de llamar poderosamente la atención la ola de cambios surtida en los comportamientos de la sociedad, en los temas de género e identidad, mientras la tecnología avanza. ADDENDA: A propósito se incrementa el ruido escandaloso, el perifoneo a alto volumen sonoro, en inmediaciones de las grandes superficies, frente a sus puertas de acceso al público,  hasta donde llegan mercachifles de frutas y verduras con unos vehículos llenos de supuestas ofertas de productos a la vista y con propaganda amplificada a través de equipos y megáfonos en serie.

Esta situación emergente por el momento se registra en la calle 50 con carrera 18 de Álamos, a la altura del ARA (valga la cuña). Varios carros ahora adoptan esos sistemas de competencia, nociva para el ambiente sano y la tranquilidad de la naturaleza en Neiva. La administración municipal de Cúcuta acaba de prohibir ese despelote urbano propio de una informalidad abusiva, inconsciente, mediante serias medidas policivas en ejecución inmediata.

Necesitamos un alcalde serio y actuante en esta capital, aseguran los residentes del sector afectado en el norte, en la comuna dos.

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