Los funerales en tiempos de coronavirus
Solamente 14 instituciones privadas de las 134 que funcionan en Neiva ingresarían al modelo de alternancia previo cumplimiento de las autorizaciones de los Consejos Directivos y de padres de familia
La diversidad cultural de las Américas tienen un común denominador que las atraviesa desde Canadá hasta Argentina: gente de rituales y memoria. La muerte sin despedida y el duelo invisible ante la pérdida de familiares en época de pandemia han cambiado buena parte de esos rituales.
Los servicios funerarios colapsados y la escasez de ataúdes son solo un par de elementos de una pesadilla que va más allá de un apresurado entierro o una obligada cremación.
La tristeza pareciera quedarse flotando en el aire. Prevalece el temor sanitario al cuerpo que en vida estuvo contagiado.
Desde muy temprano las autoridades establecieron protocolos para los funerales de personas fallecidas por Covid-19. Las indicaciones son ya conocidas: no tocar el cadáver ni sus pertenencias. En caso de fallecer en hospital, luego de que el cuerpo sea pasado por 'sanidad' deberá ser trasladado a la morgue en una bolsa hermética. Después será puesto en un sarcófago donde los familiares no podrán ver al difunto y en el funeral solo podrán ser acompañados por un número limitado de personas. En algunos casos, la única opción es la cremación.
Todo es diferente
Ahora todo es diferente: está prohibido llorar en los brazos de alguien. Con la pandemia, estos rituales han sufrido transformaciones forzosas, una región abigarrada con varias culturas pero al unísono de un lazo en común, el abrazo con la muerte.
En Colombia, Alba Patricia Núñez escribió en varias hojas de papel todos los nombres de las personas que llamaron para darle las condolencias por la muerte de su padre en días pasados, según relata el diario El Tiempo. Uno por uno los fue pegando sobre las sillas vacías del salón de la funeraria, esa presencia simbólica de sus acompañantes mitigó un poco el dolor.
En los primeros meses de la pandemia las funerarias explicaban que no se podía tener una misa, y que a las honras fúnebres no podrían asistir más de cinco personas, lo mismo que en la cremación.
Las flores, como símbolo del acompañamiento del dolor y del consuelo que habitualmente envuelven los ritos funerarios, estaban ausentes. Por las salas de velación transitan cuerpos que nadie llora, que permanecen en la habitación unas horas, por si llega alguien, y que al momento de desaparecer por la puerta del carro fúnebre solo tienen por compañía el operario de turno.
Enfrentar el dolor de la pérdida de un ser querido en tiempos de pandemia deja profundas huellas en las familias.
En Neiva
Cuatro meses después de llegar el Covid-19 a Colombia y que la cuarentena se ha ido levantando a retazos, en Neiva las salas de velación han abierto más sus espacios, siguiendo evidentemente los protocolos de bioseguridad.
En funerales Los Olivos luego del ritual, ya habitual, de limpieza al ingreso de un lugar, solo se permite el acceso de máximo diez personas por espacio de máximo veinte minutos, a quienes en la entrada se les entrega una ficha que deben devolver a la salida para permitir una nueva persona. De esta forma se controla que en las diferentes salas y en el espacio en general no se presenten aglomeraciones.
La sala de velación solo se autoriza por cuatro horas. Ya en la iglesia solo pueden ingresar 15 personas, al cumplir esta cifra se cierra el templo.
Ya rumbo al cementerio, allí si se permite el ingreso de todas las personas, pero obviamente guardando las respectivas distancias y protocolos.