Los discursos de transición: la única alternativa para una civilización en decadencia
Los valores que el modelo político económico liberal – capitalista ha cultivado en nuestra civilización están estrechamente ligados con la codicia, la acumulación, la competencia y el individualismo, que cómo expresiones sintomáticas presentan, el deshonroso desespero por explotar y extraer de sí, cada uno de los rincones y atributos que nos puede ofrecer el mundo, superando con exceso, la satisfacción de necesidades de pequeños grupos poblacionales, mientras inmensas mayorías naufragan en océanos de misera, pobreza, violencia y exclusión.
Considerando lo enunciado; los discursos de transición, los modelos de una economía decreciente, las apuestas que emergen desde el sur, pretenden sustituir las condiciones económicas devoradoras instadas por el capitalismo, promoviendo agendas ligadas a la reconciliación entre los seres humanos, pero también, de nuestra especie con el territorio y los ecosistemas.
Estos modelos de transición implican transformaciones estructurales en la forma de vivir y de producir. Ciudades que crezcan entorno a sus ríos y bosques, comunidades rurales que ligadas a la agricultura también encuentren riqueza en la producción y recuperación de biodiversidad, matrices económicas ligadas a más puestos de trabajo y de menor impacto ambiental (productividad y no extractivismo), recuperar las formas tradicionales de producción de alimentos alineadas con las apuestas de la agroecología, agricultura regenerativa, permacultura, entre otras similares.
Junto con el modelo de acumulación capitalista, fundamentado en la competencia y en el libre mercado; socialmente, también se construyó una estructura de dominación por condiciones de sexo y género, en donde las mujeres durante siglos fueron relegadas de los espacios de decisión y dedicadas casi que, con exclusividad a las labores del hogar y el cuidado de los niños, dejando para los hombres (tradicionales), bajo un modelo característicamente patriarcal esos espacios de orientación de lo público, de lo común.
Ese modelo de dominación, no solo desde una concepción de clase, sino también desde una perspectiva que parecía solamente biológica, también aparto de los espacios de dirección a quienes optaron por diversas formas y maneras para desarrollar sus personalidades; pues socialmente se determina a quienes y de qué manera amar.
Los discursos de transición, construidos con mucha fuerza desde las epistemologías del sur, pretenden superar esas inconsistencias determinísticas del mundo hegemónico occidentalizado, en donde las diversidades humanas puedan desarrollarse libremente ligadas a la rigurosa e imperiosa necesidad de que la especie humana construya un puente de dialogo permanente con el ecosistema en el que vive.
Considerando lo enunciado; los discursos de transición, los modelos de una economía decreciente, las apuestas que emergen desde el sur, pretenden sustituir las condiciones económicas devoradoras instadas por el capitalismo, promoviendo agendas ligadas a la reconciliación entre los seres humanos, pero también, de nuestra especie con el territorio y los ecosistemas.
Estos modelos de transición implican transformaciones estructurales en la forma de vivir y de producir. Ciudades que crezcan entorno a sus ríos y bosques, comunidades rurales que ligadas a la agricultura también encuentren riqueza en la producción y recuperación de biodiversidad, matrices económicas ligadas a más puestos de trabajo y de menor impacto ambiental (productividad y no extractivismo), recuperar las formas tradicionales de producción de alimentos alineadas con las apuestas de la agroecología, agricultura regenerativa, permacultura, entre otras similares.
Junto con el modelo de acumulación capitalista, fundamentado en la competencia y en el libre mercado; socialmente, también se construyó una estructura de dominación por condiciones de sexo y género, en donde las mujeres durante siglos fueron relegadas de los espacios de decisión y dedicadas casi que, con exclusividad a las labores del hogar y el cuidado de los niños, dejando para los hombres (tradicionales), bajo un modelo característicamente patriarcal esos espacios de orientación de lo público, de lo común.
Ese modelo de dominación, no solo desde una concepción de clase, sino también desde una perspectiva que parecía solamente biológica, también aparto de los espacios de dirección a quienes optaron por diversas formas y maneras para desarrollar sus personalidades; pues socialmente se determina a quienes y de qué manera amar.
Los discursos de transición, construidos con mucha fuerza desde las epistemologías del sur, pretenden superar esas inconsistencias determinísticas del mundo hegemónico occidentalizado, en donde las diversidades humanas puedan desarrollarse libremente ligadas a la rigurosa e imperiosa necesidad de que la especie humana construya un puente de dialogo permanente con el ecosistema en el que vive.