Los 90 de R.P.P
El pasado 7 de octubre, celebramos los prolíficos 90 años de edad, de RPP, me refiero a Ricardo Perdomo Perdomo, mi padre.Â
Para mí es un motivo especial y sublime poderme referir a los 90 años de existencia de quién no solo fecundo los ovulos de mi señora madre, para darle luz a mi existencia vital, si no también que con su testimonio de vida, logró darme los primeros y determinantes pincelazos de lo que es hoy mi vida y humanidad integral, junto a la de mis seis hermanos.
Mi padre es un campesino originario de la vereda la batalla del municipio de Baraya, criado en un humilde hogar campesino, en donde el amor de padres y hermanos era inversamente proporcional a la situación económica de ese clan familiar.
Muy a pesar de las limitaciones propias de la economía campesina de la región y el país, mi padre se levantó en un hogar humilde, de economía básica, pero que en su diario vivir, tenía todo lo indispensable para ser una familia feliz: Siempre tuvieron asegurado las 3 comidas al día, la posibilidad de tener un asado, un hornijo o viandas, para compartir en familia, amigos y vecindarios, con una generosidad infinita propia de los campesinos de aquellos tiempos, que atendían al forastero, al amigo o al visitante con lo mejor de sí y sin miramientos de ninguna naturaleza.
Mi padre asistió a la escuela en alpargatas y pantalón cortico, (porque no había para comprar zapatos y pantalón largo, para una tracalada de 8 hijos), recibió formación académica básica y valores propios de la comunidad campesina de aquellos tiempos. Mi padre como estudiante fue un hombre sobresaliente, al punto de que sus profesores lo promocionaron y los estudios de primero a quinto de primaria, los realizó en tan solo 3 años, y en razón de su disciplina, capacidad de aprendizaje y enseñanza, lo asignaron para que fuera profesor de sus demás compañeritos, al punto de que el alcalde del municipio de Baraya y el gobernador de aquellas épocas, le ofrecieron vincularlo como profesor del gobierno para la escuela donde estudiaba, y él, en su ingenuidad campesina y temores de no poder imponer disciplina a sus alumnos porque era de los estudiantes más pequeños, rechazo la oferta.
Mi padre desarrollaba labores propias de todo campesino, en cultivos de café, yuca, caña, plátano, maíz, etc, del cual cubrían los gastos alimentarios de la familia.
Estando realizando labores de poda y recolección de café, en medio de un pertinaz invierno, tuvo el pensamiento de que esa no era la vida que el deseaba tener, y decidió enviarle una carta a una amiga de la familia indicándole que el quería salirse del campo y aprender el arte de la sastrería, para lo cual necesitaba su apoyo y ayuda, obteniendo como respuesta un sí rotundo y le prestaron el dinero para comprar su maquina de coser y para pagar la enseñanza del oficio de la sastrería. Tiempo después, pensó que le gustaría estudiar y se vino a Neiva a hablar con el rector del Colegio Nacional Santa Librada, para proponerle un esquema muy particular de estudios: Que le permitiera estudiar un año y luego retirarse un año, para trabajar y conseguirse el dinero que le permitiera cubrir los gastos del año siguiente de su estudio y así sucesivamente.
El rector sorprendido con la propuesta y gustoso de ver el entusiasmo de ese muchacho, le manifestó que lo apoyaba para que estudiara de esa manera.
La aspiración mencionada, no fue posible llevarla a feliz término, porque cuando mi padre le comento a sus padres y hermanos, sobre su idea de estudiar, ellos se opusieron porque creían que el estudio era para flojos que no querían trabajar, razón por la cual, mi padre, solo pudo llegar a ser un sastre y un pequeño comerciante, propietario de un almacén de la Inspección de San Andrés, municipio de Tello, del cual obtuvo el dinero para darnos estudio, a sus 7 hijos.
En su juventud, mi padre tuvo especial hobby por la música de cuerda, interpretando la música de la Guillermo Buitrago, Rafael Escalona y Bovea y sus vallenatos, música que practicaban al caer la tarde después de las jornadas laborales propias del campo. Mi padre enamoró a mi madre con un Vallenato llamado Ya voy hacia ti ,, hace más de 60 años. Entenderán ustedes, el porqué de mi inclinación por la música Vallenata.
Le celebramos los 90 a don Ricardo, en reunión íntima familiar, con música de cuerda y Vallenato venteado, en donde el guacharaquero del trío contratado, fue mi padre, quien a los 90 años de edad, tocó su carrasca ,, durante tres horas, cantando sin parar y sin cansancio alguno. Mi padre a los 90 años de edad, está lúcido, vivito y coleando y yo con apenas 60 años, estoy que cuelgo los guayos y sin memoria (sé me olvida que soy casado)
! Válgame Dios!