Lo que produce la tierra
Este hombre le habría robado el celular a un hombre minutos antes de su captura
Producto de esas crisis, es que en nuestro país se registran pasajes tan deplorables en nuestra historia, como por ejemplo, cuando se nos convocó para que nos manifestáramos si estábamos de acuerdo en escoger el camino de la Paz o la guerra, y contra toda lógica, elegimos la guerra, o cuando la democracia nos convocó para elegir un Presidente, decidimos votar por Ivan Duque Marquez, por el solo hecho de ser el que dijo Uribe, o estuvimos a punto de votar por un loco como Rodolfo Hernandez, sin medir las consecuencias de tamaño error, por el solo hecho de impedir que un exguerrillero que se incorporó a la sociedad civil a través de un proceso de paz, fuera elegido Presidente de la República.
De esa expresión de crisis, es que surge una figura , como el fiscal Barbosa, que fue ternado para Fiscal General de la Nación, por el solo hecho de ser amigo y compañero de pupitre del expresidente Duque, en una universidad de ingrato recuerdo para los colombianos, y peor aún, elegido por la Corte Suprema dé Justicia, sin ningún examen serio y responsable, que hiciera corresponder la dignidad del cargo de Fiscal General de la nación, con la persona seleccionada para ejercerlo.
Así como Ivan Duque creyó que su elección como presidente de la República, tenía como su única y exclusiva misión, la de volver trizas el proceso de paz de su antecesor, su amigote Barbosa creyó su misión institucional, era la de garantizar impunidad al gobierno y el entorno familiar, social y político de su amigo y compañero de escritorio, utilizando las atribuciones constitucionales del cargo, para engavetar investigaciones y perseguir desde la Fiscalía General de la Nación, a sus enemigos políticos y torpedear con esmerado esfuerzo, las iniciativas de paz del presidente Petro, acudiendo incluso, al irrespeto más ramplón y cuestionable por la figura presidencial, hasta llegar al despropósito mayor, de decirle al presidente con soberbia extrema, que él sí es un hombre decente y que el presidente ha sido un delincuente que ahora funge como presidente de la República. Ante semejante despropósito, no ha salido ningún miembro de las instituciones que representan el gobierno y el Estado, ni de la clase política, a pronunciarse como corresponde frente a este hombre mediano, que ejerce el cargo de Fiscal General de la Nación, sin la cordura y la sensatez propia de su dignidad.
El fiscal Barbosa se ufana de ser, según sus propias palabras, el colombiano más instruido de su generación, de ser un tratadista, de haber escrito decenas de libros, de desempeñar el segundo cargo más importante del Estado, de ser un hombre decente, correcto, sin tacha alguna, de familia impoluta y sin ningún señalamiento por parte de la sociedad ni la justicia, olvidando que los colombianos tenemos suficiente información sobre su pasado en la cuestionada Universidad Sergio Arboleda y los grandes lunares en su desempeño como Fiscal General de la Nación, que muy seguros estamos, quedarán al descubierto más temprano que tarde. El intachable señor Francisco Barbosa, lejos de ser un ciudadano digno de respeto y admiración, es un auténtico sepulcro blanqueado y un ser asintomático de todas las virtudes que dice tener.
Reconocidos miembros del establecimiento y los partidos políticos tradicionales huérfanos de poder, con tal de obstruir y hacer fracasar la gestión de gobierno del presidente Petro, han graduado sin estudio, al fiscal Barbosa, como el gran opositor del gobierno y catón moral de la República, para que cada vez que pueda, se dedique a maltratar de manera grotesca y vulgar, la figura del presidente de la República, con toda clase de improperios y salidas mala leche, para golpear la imagen del presidente y el gobierno a nivel nacional e internacional. No se preocupe señor Barbosa, que a cada marrano le llega su agosto y usted no representa la decencia nacional que autoproclama, y cuando termine su periodo como Fiscal General de la Nación, quedará en su justo precio, ante la historia y el país.
Si bien el presidente Petro cometió un lapsus o imprecisión que agudizó el conflicto con el Fiscal, que le sirvió de plataforma para armar el escándalo y sin importarle el país, aprovechó este episodio para lograr figuración nacional e internacional, retando al presidente como cualquier camorrero de barrio o integrante de barra brava, advirtiendo que el presidente es un dictador y que temía por su vida y la de su familia, a quien sacaría del país con urgencia antes de que esta tragedia ocurra, no podemos perder de vista que la salida inadecuada del presidente, fue el resultado de una sumatoria de despropósitos e insultos de este personaje, que aprovechando la generosidad de sus encuentros institucionales, se ha despachado miserablemente y con las formas más protervas, que fiscal alguno, haya proferido en contra de un presidente de la República, en cumplimiento de un libreto que su mentor y enemigos del gobierno y el presidente Petro, le han señalado desde sus trincheras.