LEY DEL RUIDO A REGLAMENTACIÓN

Luis Fernando Amezquita

LEY DEL RUIDO A REGLAMENTACIÓN
No pudo ser más oportuno el momento para
aprobar la ley contra la contaminación
auditiva que este de 2025 en el Congreso.
Con un trámite en curso pleno fue firmada
por el presidente Gustavo Petro y se espera
que rija plenamente en unos tres años
calendario en el espectro global de sus
contenidos y desarrollos potenciales. Sin
embargo, se puede invocar su vigencia tras
los decretos reglamentarios establecidos por
las autoridades nacionales de manera
gradual. Las alcaldías –tras ejercer la
implementación constitucional- y los
organismos de seguridad policial deben velar
por su plenitud, antes de que nos vuelvan
locos o nos revienten los tímpanos con el
ruido que se multiplica en volumen en
nuestros entornos. Se trata de una moda

que puede identificar el fin del mundo
apacible que conocimos y dar lugar a una
tribulación de los espíritus en la presente
travesía terrenal. Neiva es una de las
ciudades más escandalosas de Colombia y
puede ser una líder del mundo –los países
serios ya moderaron los efectos vibratorios
nocivos de su producción en gran escala-.
Motos, carros, ciclas, al igual que vendedores
ambulantes y hasta indigentes tienen ruido
propio, además de las zonas residenciales,
incluidos los perros hacinados en espacios
pequeños, sin atención de sus amos. Las
motos sin silenciador hacen de las suyas en
las vías urbanas y rurales y circulan 24-7. En
el país convirtieron en moda el ruido, y la
violencia que genera la contaminación como
efecto lógico del irrespeto contra la
naturaleza, contra los seres humanos, contra
la vida y la paz. Se trata de derechos

inalienables que suenan a conquistas de los
seres humanos y de los demás reinos de la
naturaleza. Al menos Neiva alcanza unos
niveles de perturbación incontrolables, en
medio del calor abrasador y de los
tormentos mentales propios de la época –a
los que no se les pone cuidado institucional
en salud-, algo que llama poderosamente la
atención de los visitantes, aunque sus
opiniones no alcanzan a comprometer el
mundillo político ‘folclórico y agropecuario’.
El municipio debe intervenir ese estado de
cosas a través de multas, retenciones,
decomisos, partes, visitas de inspección,
coerciones y demás medidas de su órbita
frente al despelote que se entronizó aquí
para nuestro pesar. Es pertinente obligar a la
suscripción de pólizas de seguros como
garantía de responsabilidad, aunque no es
suficiente. El ruido no permite ni siquiera

hablar o compartir en familia, y el estrés es
pandémico junto a varios males y dolencias.
La cultura se fue al piso.

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