Las vidas temerarias
Aunque Frank Martínez ya había compartido imágenes con ella muy pocos habían visto su rostro
En el fondo abismal, nos debatimos en un drama humanitario, existencial, que no tiene remedio, y sin capacidad de maniobra por parte del Estado-Nación, al que definen, sin otorgarle el beneficio de la duda, amplios sectores culturales y políticos de Europa, al igual que de otros hemisferios, como ilegítimo, inexistente, depredador (mata lo que toca), vacuo, por razones obvias, como el que representa, según ellos, Iván Duque con sus camarillas demoniacas del centro plutocrático y de politicastros de todos los pelambres. Al menos, algo del conjunto nos restregó en la cara una artista de Paris, identificada como Martha de Camus, quien maneja una exposición pictórica permanente en la Ciudad Luz.
Al mismo tiempo que compartíamos una charla, la artista plástica soltaba un sartal de asertos contra lo que llamó 'una mafia empotrada en el gobierno nacional' con la complacencia de muchos connacionales ignorantes si se trata de ejercer la crítica como un derecho inalienable de los pueblos y a la hora de conducir su propio destino, lejos del esclavismo soterrado.
A LA COCINA
Una simple muestra de lo que se cuece en el territorio nacional se registró en los últimos días en el departamento del Valle del Cauca. En Cali, unos fleteros ingresaron al Batallón de Policía Militar para atracar al centinela de turno, quien resultó herido a golpes y despojado de su arma de dotación.
Si semejante ex abrupto se registra en una guarnición militar armada hasta los dientes, implica que aquel pasado tenebroso de algunos cuarteles sometidos a la interdicción por los falsos positivos y las ejecuciones extrajudiciales ya no asusta a los rufianes. Hoy, se sabe, que existen fábricas de dotaciones militares como para disfrazar a contingentes enteros de sujetos dedicados a los negocios turbios.
Es predecible, entonces, el aumento exponencial del conflicto social, amén del político, y de las manifestaciones irregulares propias del despojo permanente de bienes en una acumulación mafiosa y sangrienta que ahora manda en el país, y lo mejor: pretende continuar incólume como modelo de vida, aceptado por la mitad de la población, aunque el censo electoral activo en los comicios decisorios del ejecutivo y del legislativo cada cuatro años se muestre aún insignificante.
La corrupción y el baño de sangre llegarán a niveles inverosímiles sin la más mínima reacción correctiva de eso que creemos equivocadamente que funciona todavía en Colombia: la cacareada democracia... Es difícil establecer si el país alcance a resistir hasta el próximo cambio de gobierno en las urnas.
Luego de perder su carácter institucional, el gobierno da palos de ciego con movimientos sinuosos y se apoya en áulicos funcionarios, dispuestos a mentir desde las más altas posiciones y esferas, sin negar su militancia retardataria, cínicos en sus posturas públicas. La Registraduría Nacional del Estado Civil acaba, por ejemplo, de descalificar los procedimientos de medición del Dane. Y este organismo tiene vitrina diaria para lanzar mentiras en medios públicos y privados.