Las Locuras Del Tiempo Actual

Luis Fernando Amezquita

Las Locuras Del Tiempo Actual

En el Hospital general de Neiva usted se podría morir de todo, menos de hambre, en urgencias y reanimación.

 

En una estancia temporal que vivimos por un accidente pudimos notar ese hecho al ser atendidos ‘como se merece’, aunque existen falencias ambientales en otros ámbitos interiores, de las que también hablaremos aquí. La abundancia de los platos deja ver que es como un derecho que siempre ha existido en el centro asistencial, lo cual confirman algunos pacientes y ex trabajadores del lugar, consultados sobre esa particularidad del ‘Moncaleano Perdomo’.

Tal vez se trata de un buen contrato de prestación de servicios básicos, suscrito con expertos en gastronomía para servicios de atención en salud. Por primera vez en la vida estuvimos allí acostados en una camilla, en tránsito durante unos cinco días continuos, entre múltiples pacientes que atestaban el área, definida como nueva por su construcción y demás adecuaciones temporales. La congestión era tal que era difícil moverse, incorporarse, incluso para descender al piso en dirección al baño, o para tomar medicamentos, amén de las refacciones generosas.

Algunas circunstancias observamos al interior del nosocomio (¿frenocomio?) y nos parecieron exóticas, cuando menos. Muchas personas en estado de demencia se movían hacia el baño, o esperaban su turno fuera del consultorio de reanimación. Sus miradas perdidas así lo indicaban, y eran ellas de diferentes edades y condiciones, de origen popular, subsidiado. Una mujer joven, entre ellas, entraba y salía constantemente del servicio sanitario durante su permanencia de varios días, en turno de atención y de toma de muestras y exámenes por patología.

Algunos operadores la llamaban por su nombre mientras ese curioso hecho sucedía, como si la conocieran de antemano, con confianza. Al parecer era una clienta habitual. El negocio del sector mueve mucho dinero por cada servicio en juego, aun en el régimen de caridad. En la actualidad, es difícil encontrar gente totalmente cuerda, pues el tiempo conspira para el aumento de los problemas de salud mental, aunque el tema se elude como si fuera parte de la vida normal el sufrir desvaríos y desequilibrios permanentes.

En fin…Otros que se agregan a la lista de locos son los que escuchan música con volumen exagerado a altas horas de la noche y en la madrugada en pasillos y habitaciones como si estuvieran en una cantina y no en un centro de atención en salud. Su lenguaje también refleja bajeza y vulgaridad extremas, con términos de grueso calibre, en medio de un intercambio de enfermos y sus acompañantes, en voz alta. No es fácil pedirle peras al olmo, pero es bueno exigir respeto a través de la autoridad médico-sanitaria por medio del uso de reglas de convivencia ciudadana, tan de capa caída ahora. Esa moda afecta a clínicas y hospitales por igual, sin control, en aquello que nosotros consideramos como una moda diabólica generalizada cuyo componente es la música chandosa, pecueca, y la ordinariez que manda en estos días.

Se puede afirmar que son comportamientos uniformes de los ciudadanos de nuestra época en las distintas circunstancias de la vida diaria. Es la constante 24-7 de los cafres anotados, y es peligroso recriminarlos en público en razón de su intolerancia y disposición para matar, inclusive.

Las noticias así lo indican, lamentablemente. En estas zonas populares de atención intrahospitalaria son al mismo tiempo notorios los ingredientes como las luces permanentes y varios ruidos y sonidos tecnológicos persistentes, sin moderación que valga. Son los gajes del oficio en apariencia, y el costo de la sobrevivencia humana como método conocido.

 

 

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