Las 'cuchas' no están locas ni ancianas

Kevin Web

Las 'cuchas' no están locas ni ancianas
El término ‘cucha’ es un modismo colombiano de vieja data, acuñado por jóvenes y niños para referirse a sus madres. No se escapan los padres ‘cuchos’ por el hecho de ser mayores de edad. Suena despectivo y hasta despreciativo en algunos momentos, rayano en lo irrespetuoso, en lo peyorativo, y puede reflejar una ignorancia inescrutable del ser colombiano. La mala educación identifica al mismo tiempo al país como un estigma agravado con la tecnología en uso y abuso. Se trataría de efectos imperceptibles sobre el siquismo generacional, al lado de la pasmosa frialdad de los connacionales para apoyar al asesino con poder y riquezas, el que manda en las regiones y subregiones. La sensibilidad está de capa caída y hasta se fue de vacaciones del todo. La gente desarrolla niveles de soberbia mientras que la superficialidad cobra fuerza incontrolable, a nuestro modo de ver. En el caso de las cuchas buscadoras de sus hijos desaparecidos por el sistema, son mujeres maltratas doblemente a manos de una sociedad llena de prejuicios y de preconceptos de origen machista y clasista. Revestidas de un halo de tragedia inconsolable, su dolor no conmueve ni tan siquiera a las nuevas generaciones: en los últimos días algunos jóvenes a expensas de un supuesto anonimato atacaron de nuevo los murales restituidos por los artistas y grafiteros, luego de ser borrados los primeros de ellos en Medellín mediante actos reaccionarios del fanatismo imperante en Antioquia, al parecer de carácter mayoritario y de trasfondo político; sus actos dejan perplejos a los ciudadanos que poseen algún nivel de conciencia sobre el drama de la exclusión en el territorio nacional y la aplicación de sentencias de muerte en un plano todavía general. Los perseguidores se solazan con la actitud de unas colectividades complacientes que se sumergen en el teatro del absurdo, del ridículo, frente a una comunidad internacional absorta por la identidad tenebrosa de nuestros queridos paisanos, carente de escrúpulos y de miramientos de bondad fraterna. La lucha para obtener derechos de informar y ser informados – ¡respetados! - apenas se asoma en el horizonte de la colombianidad. El gobierno Petro gatea en ese piso resbaloso del establecimiento configurado-aceptado a través del tiempo institucional de las comunidades en la presente eclosión.

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