La segunda tanda

Ricardo Perdomo Pinzon

La segunda tanda

La celebración del 20 de julio e instalación de las sesiones ordinarias del congreso de la república, por parte del presidente Gustavo Petro, nos dejan cierto nivel de tranquilidad y esperanza, a partir del discurso presidencial y la nueva invitación a un acuerdo nacional, con todas las fuerzas políticas, sociales, gremiales e instituciones del estado.

 

Para ponernos de acuerdo en lo fundamental y permitir concertadamente las reformas inaplazables que el país requiere y que nos permitan vivir en paz, con justicia social, desarrollo, productividad y crecimiento para todos; con plena conciencia, en torno a los retos para enfrentar los efectos del cambio climático, que afectan negativamente todos los propósitos anteriores.

 

El discurso del presidente Petro, y lo ocurrido en la instalación de las sesiones ordinarias del congreso, nos permiten tener razones para el optimismo, en la segunda tanda del periodo de gobierno; que nos exige a todos, un alto en el camino, para que reflexionemos, frente al futuro del país, en medio del debate nacional; pero, en armonía, para el logro material de lo que nos interesa a todos.

El presidente, con nobleza, humildad y visible tristeza en su rostro, ha pedido perdón al pueblo colombiano y al Congreso de la República, que lo representa, por el escándalo de corrupción ocurrido en la Unidad de Gestión del Riesgo, que tiene conmocionado al país nacional y no así al país político, que está acostumbrado a esa clase de bellaquerías contra el interés nacional; que significan nuestra propia autodestrucción; pues en la ejecución de semejante tragedia, han concurrido todas las expresiones de nuestro tejido social (Políticos, funcionarios, contratistas, ciudadanos del común, empresarios, paramilitares, narcos y hasta la misma guerrilla), que son la prueba fehaciente, de lo que somos como sociedad y el grado de descomposición, que gobierna nuestra nación. El perdón pedido por Petro, fue un gesto humano, que hoy valora toda la nación, que se siente atribulada con lo ocurrido, precisamente en el gobierno que prometió cambiar esas mismas cosas, que históricamente han pasado en todos los gobiernos y quedaron en la absoluta impunidad; razones suficientes para entender que la protesta nacional haya sido airada;  precisamente, porque fueron esas cosas del pillaje como forma habitual de gobierno y política, las que condujeron a que más de medio país, eligiéramos a Gustavo Petro como presidente; pero que, en esa angustia y fatiga, se nos olvidó que nuestro código genético tiene debilidades proclives a la autodestrucción. Mientras los colombianos tengamos untada el alma de mierda y nos robemos hasta un hueco, seguiremos en las mismas hasta la destrucción y el punto final.

 

El presidente en su alocución, centro su discurso en tres pilares especiales, que considera el camino correcto para el logro de la paz, la armonía, el progreso y el desarrollo social:

 

  1. La economía. El presidente está convencido y jugado a fondo, en la necesidad de cambiar concertadamente el modelo económico extractivista, para darle paso a un modelo productivo, basado en la producción y el trabajo cerebral, como fuente de riqueza para todos; con una visión de respeto y protección indeclinable de nuestros territorios y ecosistemas, como alternativa imprescindible de supervivencia humana. El presidente se mostro satisfecho y feliz, por el crecimiento del sector de la agricultura, el turismo y la disminución de la pobreza extrema, divulgada por el Dane; indicadores que le dan la razón a sus planteamientos.


 

  1. La Paz. El presidente cree firmemente, que el logro de la paz, es una finalidad que compromete el esfuerzo de toda la sociedad, los partidos y las instituciones, para encaminar un proceso serio que exija el esfuerzo ineludible del estado, para cumplir con el acuerdo de paz; compromiso que compromete también, a todos los sectores políticos, sociales y económicos del país; y por supuesto, a todos los grupos alzados en armas, que disfrazan sus actividades de narcotráfico, el crimen, el delito y las economías ilegales, como si fueran los redentores del pueblo. La reforma agraria es un tema crucial para el logro de la paz; pues sin reforma agraria, no habrá paz en los campos pobres de Colombia, ni en el país en general.


 

  1. El Problema social. El presidente, tiene la firme convicción, de que si el gobierno, la clase política, los empresarios y todos los sectores sociales país, no nos empeñamos en erradicar la exclusión y la pobreza extrema que golpea a millones de colombianos, no seremos una sociedad viable; pues la exclusión y la pobreza extrema, conlleva a que esos millones de personas, no lleven una vida digna que les garantice su mínimo vital de existencia. Esos millones de seres humanos que viven en la indignidad y sin esperanza alguna, nos condenan a vivir en violencia e inseguridad permanentes; que nos hacen inviables como sociedad. La renuencia a vivir y desarrollar un contrato social de armonía y convivencia, es la autodestrucción. Si seguimos así; seremos un estado fallido, ante nosotros mismos y ante la comunidad internacional.

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