La renuncia de Rodolfo

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La renuncia de Rodolfo

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Al comienzo de esta semana, los colombianos fuimos sorprendidos con la noticia de la renuncia a su curul de senador de la república, presentada por el Ingeniero Rodolfo Hernández, quien personalmente la confirmó por diferentes medios de comunicación y redes sociales. El desenlace era previsible, dada la catadura del personaje en cuestión.



É,sta incertidumbre del renuncio y no renuncio, a que nos sometió el excandidato presidencial, desde el mismo momento en que se conocieron los resultados que dieron el triunfo presidencial a Gustavo Petro, nos debe llevar a profundas reflexiones, sobre el imperativo social y político que debemos observar los ciudadanos habilitados para ejercer el derecho político de elegir y ser elegidos, al momento de definirnos por quien votar para presidente de la república, por más difícil que sea la situación que viva el país.



Casi la mitad de los colombianos que atendieron el llamado de la democracia para elegir su presidente, votaron por el Ingeniero Rodolfo Hernández, en la creencia absurda de que sería el gran verdugo de los corruptos y el encargado de ponerle fin a la corrupción generalizada que nos agobia, inoculada en la fibra profunda de nuestra nacionalidad, por una clase política voraz y detestable, que aún hoy, se resiste a aceptar que el pueblo colombiano le dijo NO MÁ,S a ésta clase de despropósitos y se decidió a votar por el cambio, muy a pesar de los temores y presagios de ingreso al chavismo y al comunismo, que desesperadamente quisieron vendernos los mismos que se han robado nuestro país.



La fugaz presencia de Rodolfo Hernández en el escenario grande de la política nacional, y su calado en amplios sectores básicos de la sociedad, tiene su explicación en la indignación nacional frente al cáncer de la corrupción político , administrativa, que nos hizo inviable como país, hasta llegar al punto de que un gran número de colombianos básicos, letrados y no letrados, llegaron a creer que una persona como Rodolfo Hernández, era la solución a éste gran problema, que nos aniquila como país.



Eso de que no cobraré mi sueldo para pagar los créditos de los estudiantes pobres ,, les voy a quitar la chequera a los corruptos ,, voy a acabar con embajadas y consulados ,, gobernaré con estados de excepción ,, son algunas de las expresiones y lugares comunes, sin sustento legal alguno, con los que el candidato presidencial engrupió a millones de incautos, que anclados en el ANTI PETRISMO radical y apasionado, consideraban que Rodolfo Hernández era el hombre que Colombia necesitaba. Nada más vergonzoso nos ha podido pasar, pues creer que éste hombre con evidentes desequilibrios mentales, nos conduciría por el camino correcto hacia la tierra prometida, era un descache total y un verdadero salto al vacío, que hoy ya estuviéramos lamentando, por la ausencia de capacidad del líder, que nos hubiera dejado a merced de quienes nos han gobernado, desde las calderas del mismísimo estiércol del diablo.



Dice el Ingeniero Rodolfo, que él no está preparado para desempeñarse como senador y que prefiere no engañar a los colombianos. Si éste señor, confiesa sin reserva alguna, que no está preparado para ejercer como senador de la república, imagínense ustedes, si por desgracia lo hubiéramos elegido presidente de la república, en manos de quien estaría el gobierno en el día de hoy? El solo imaginarlo, me produce escalofrío y pánico insoportable. Los que votaron o pensaron en votar por el Ingeniero le deben unas disculpas a nuestro país.



Se me arruga el corazón por la muerte de El toba Zuleta ,, artista y personaje sobresaliente de la dinastía Zuleta, quien a sus 57 años, murió el pasado jueves en la ciudad de Bogotá D.C., mi solidaridad y sentido pésame a mi amigo Poncho Zuleta y a toda la familia que integra la dinastía Zuleta.


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