“La Mancha Amarilla”: para salvaguardar la democracia
En un país como Colombia, donde cada elección parece vivirse más como una batalla que como una fiesta democrática, hablar de prevención suena casi ingenuo. Nos hemos acostumbrado a reaccionar cuando el daño ya está hecho, cuando el fraude se consumó, cuando la presión al votante ocurrió, cuando los recursos públicos ya fueron desviados o cuando la violencia política dejó víctimas.
Por eso, en medio de una coyuntura electoral marcada por la desconfianza ciudadana y el hartazgo frente a la corrupción, vale la pena detenernos a mirar una de las estrategias institucionales más visibles y, paradójicamente, menos comprendidas de los últimos años: la estrategia “Paz Electoral” de la Procuraduría General de la Nación.
Según datos de la Misión de Observación Electoral (MOE), en los comicios territoriales de 2023 más del 70% de los municipios del país presentaron algún nivel de riesgo electoral, y cerca del 30% fueron clasificados en riesgo alto o extremo.
Las alertas no se limitaron a violencia armada, incluyeron compra de votos, constreñimiento al elector, participación indebida de servidores públicos y uso irregular de recursos oficiales. A esto se suma que en las últimas tres elecciones, menos del 55% de los ciudadanos habilitados acudieron a las urnas, una señal clara de que la confianza en el sistema democrático sigue perdiéndose.
Es en ese contexto donde surge la estrategia “Paz Electoral” como un modelo de vigilancia preventiva que busca anticiparse a los riesgos que históricamente han contaminado nuestros procesos electorales. A diferencia del control disciplinario tradicional, que actúa cuando la falta ya ocurrió, esta estrategia le apuesta a prevenir antes que sancionar, acompañar antes que investigar y advertir antes que castigar.
Considero que uno de los aspectos más valiosos de la estrategia es que su enfoque territorial no se queda en las capitales ni en los grandes centros de poder. La Procuraduría ha llevado esta estrategia a municipios, áreas rurales y zonas de alto riesgo electoral, donde muchas veces la única presencia del Estado durante las elecciones ha sido el despliegue de fuerza pública o, peor aún, ninguna.
En varias de estas zonas, las jornadas de Paz Electoral han sido la primera experiencia de pedagogía electoral preventiva que han tenido comunidades enteras durante décadas.
De ahí la famosa “mancha amarilla” que tanto ha llamado la atención, tomando un color que representa alerta temprana, prevención y visibilidad. Tres conceptos clave en un país donde lo irregular suele pasar desapercibido hasta que ya es irreversible.
Otro aspecto que me parece relevante es que aquí la Procuraduría no llega con el expediente bajo el brazo, sino con pedagogía, diálogo y presencia institucional. La entidad se aproxima al ciudadano a recordarle que los servidores públicos tienen límites claros, que los candidatos tienen reglas y que los ciudadanos tienen derechos que no se negocian.
Gran acierto del Procurador General de la Nación con esta invitación a entender que la democracia no se defiende solo con sanciones, sino también con prevención, pedagogía y presencia oportuna. “Paz Electoral” es una estrategia que nos recuerda que las elecciones no se cuidan únicamente el día de la votación, sino mucho antes, y que, en medio de la urgencia de combatir la corrupción, la prevención y la pedagogía son quizá las herramientas más idóneas para defender la democracia.
Por eso, en medio de una coyuntura electoral marcada por la desconfianza ciudadana y el hartazgo frente a la corrupción, vale la pena detenernos a mirar una de las estrategias institucionales más visibles y, paradójicamente, menos comprendidas de los últimos años: la estrategia “Paz Electoral” de la Procuraduría General de la Nación.
Según datos de la Misión de Observación Electoral (MOE), en los comicios territoriales de 2023 más del 70% de los municipios del país presentaron algún nivel de riesgo electoral, y cerca del 30% fueron clasificados en riesgo alto o extremo.
Las alertas no se limitaron a violencia armada, incluyeron compra de votos, constreñimiento al elector, participación indebida de servidores públicos y uso irregular de recursos oficiales. A esto se suma que en las últimas tres elecciones, menos del 55% de los ciudadanos habilitados acudieron a las urnas, una señal clara de que la confianza en el sistema democrático sigue perdiéndose.
Es en ese contexto donde surge la estrategia “Paz Electoral” como un modelo de vigilancia preventiva que busca anticiparse a los riesgos que históricamente han contaminado nuestros procesos electorales. A diferencia del control disciplinario tradicional, que actúa cuando la falta ya ocurrió, esta estrategia le apuesta a prevenir antes que sancionar, acompañar antes que investigar y advertir antes que castigar.
Considero que uno de los aspectos más valiosos de la estrategia es que su enfoque territorial no se queda en las capitales ni en los grandes centros de poder. La Procuraduría ha llevado esta estrategia a municipios, áreas rurales y zonas de alto riesgo electoral, donde muchas veces la única presencia del Estado durante las elecciones ha sido el despliegue de fuerza pública o, peor aún, ninguna.
En varias de estas zonas, las jornadas de Paz Electoral han sido la primera experiencia de pedagogía electoral preventiva que han tenido comunidades enteras durante décadas.
De ahí la famosa “mancha amarilla” que tanto ha llamado la atención, tomando un color que representa alerta temprana, prevención y visibilidad. Tres conceptos clave en un país donde lo irregular suele pasar desapercibido hasta que ya es irreversible.
Otro aspecto que me parece relevante es que aquí la Procuraduría no llega con el expediente bajo el brazo, sino con pedagogía, diálogo y presencia institucional. La entidad se aproxima al ciudadano a recordarle que los servidores públicos tienen límites claros, que los candidatos tienen reglas y que los ciudadanos tienen derechos que no se negocian.
Gran acierto del Procurador General de la Nación con esta invitación a entender que la democracia no se defiende solo con sanciones, sino también con prevención, pedagogía y presencia oportuna. “Paz Electoral” es una estrategia que nos recuerda que las elecciones no se cuidan únicamente el día de la votación, sino mucho antes, y que, en medio de la urgencia de combatir la corrupción, la prevención y la pedagogía son quizá las herramientas más idóneas para defender la democracia.