La fábula del tigre y las ovejas
Las ovejas no tardaron en entregarse a los designios del Tigre. Convocaron una rueda de prensa para anunciar la maravillosa noticia. En el acto, la primera ovejita, periodista de un medio prestigioso que solía resaltar las virtudes del Tigre, le preguntó cómo pretendía acabar con los lobos.
En una comunidad de ovejas, conmocionada por el miedo al cambio de lo establecido como normal, donde quienes decidían quién vivía o moría eran los lobos al acecho, apareció un Tigre que les prometió ayudarlas a ser libres de los lobos. Aseguraba que siempre había sido un ferviente patriota que luchaba por las causas justas y que, desde los estrados judiciales, había defendido a los animales más débiles, como los gaticos, a quienes decía amar por ser cercanos a su especie. Insistió en que, por el hecho de que las ovejas eran femeninas, se sentía aún más impulsado a defenderlas, pues aborrecía el patriarcado y el machismo característico de los lobos que las atacaban. Además, señaló que acabaría con todos los lobos, perros, pájaros y cualquier otra especie de la comarca, pues consideraba que todos eran responsables del miedo de las ovejas.
Las ovejas no tardaron en entregarse a los designios del Tigre. Convocaron una rueda de prensa para anunciar la maravillosa noticia. En el acto, la primera ovejita, periodista de un medio prestigioso que solía resaltar las virtudes del Tigre, le preguntó cómo pretendía acabar con los lobos. El Tigre reaccionó de manera agresiva, diciéndole que “la ignorancia era atrevida” al cuestionar a alguien que sabía hacer ese trabajo desde hacía mucho tiempo. La ovejita replicó que su labor como periodista era preguntar y que, si él decía defender a las ovejas, lo mínimo era respetar a las ovejas periodistas. El Tigre se alteró y gritó: “¡Esta oveja periodista es otra de ellas, es un lobo con piel de oveja!”. La pobre ovejita quedó apabullada y se arrepintió de haber preguntado.
Otra periodista le insinuó que él creía que las ovejas lo seguirían amando y protegiendo porque era un “verdadero macho”, y le mostró una foto en la que se resaltaba una parte indebida de su cuerpo. La ovejita quedó traumatizada por semejante atrevimiento, mientras otras se reían de ella, considerándolo insignificante.
La acción no se hizo esperar. El Tigre, ungido por las ovejas, comenzó a actuar y, de repente, los lobos desaparecieron. Pero con ellos también desaparecieron los gatos, a quienes hizo volar con juegos artificiales hasta que explotaron en cientos de partes sin sobrevivir a tan vil acto. No solo fueron los lobos y los gatos: a los perros los acusó de ser aliados de los lobos y los exterminó. Lo mismo hizo con iguanas, palomas, mariposas y cuanto ser estuviera en su camino, pues para él todos eran enemigos de la patria de las ovejitas y su presencia debía ser extirpada de la tierra.
Las ovejas, aterrorizadas, intentaron buscar ayuda incluso entre los lobos, pero ya no estaban. Sus mejores amigos, los perros, habían sido desaparecidos por el Tigre, y nada podían hacer ahora, pues él era dueño y señor del rebaño. Lo que en principio se ofreció como libertad terminó siendo un régimen del terror, peor que el de los lobos, pues al menos los perros y otros animales las ayudaban a protegerse.
Al final, las ovejas comprendieron que “el Tigre no era como lo habían pintado”, como dice el viejo refrán. Terminaron bajo un régimen de terror en el que el Tigre negoció todas sus propiedades con el Águila, un ave ambiciosa que quería quedarse con el mundo de las ovejas, y con varios Leones que ya habían hecho trabajos similares en el sur del continente y en el Medio Oriente.
🗳️ Moraleja
En tiempos de elecciones, no basta con escuchar discursos cargados de promesas ni dejarse seducir por la fuerza de quienes dicen venir a salvarnos. El verdadero peligro surge cuando el miedo nos lleva a entregar nuestra confianza sin cuestionar, sin exigir respeto y sin verificar la coherencia entre las palabras y los actos.
El voto no debe ser un salto al vacío ni una entrega ciega al “Tigre” que promete libertad, pero que puede traer un régimen de horror. La democracia exige discernimiento, memoria y valentía para elegir líderes que construyan con respeto, diversidad y justicia, y no con odio, exclusión y violencia.
En las próximas elecciones, la moraleja es clara: no todo el que se presenta como salvador lo es; el verdadero cambio se mide en hechos, no en discursos.