La desbandada de la DesEsperanza en el Huila

Dario Charry

La desbandada de la DesEsperanza en el Huila

En estos días con las marchas y el hundimiento de la reforma laboral me he acordado mucho de mi abuelo, Aureliano Arenas Serna.

 

Él contaba que por el año 1945 después de que el entonces presidente liberal Alfonso López Pumarejo implementara la reforma laboral que reconocía el derecho al contrato de trabajo, se organizaron con un grupo de jornaleros de una hacienda en la que trabajaban en Río Negro Antioquia para exigir al patrón camas, mejor comida y la firma de contratos de trabajo.

La huelga terminó cuando el patrón y el capataz despacharon a plomo a los tres voceros de los jornaleros, dejando a uno de ellos muerto y a Aureliano corriendo y saltando alambradas para salvar su vida.

Aunque este Aureliano también logró salvarse del pelotón de fusilamiento fueron muchos los jornaleros campesinos, como el, que no se salvaron y terminaron ajusticiados ante la respuesta de un establecimiento que le parecía que había que aplacar a sangre y fuego la “insolencia” de un sector de la población que se atrevió a exigir, que el país en materia laboral tenía que transitar de unas relaciones de sumisión, propias de la premodernidad y la colonia, a un acuerdo entre iguales conforme a un estado social de derecho.

Por eso, cuando escucho a la senadora Esperanza Andrade referirse a las exigencias de aprobación de la reforma laboral como una cosa de unos “comunistas y mamertos” después haber invocado toda compungida y martirizada por lo menos unas 10 veces la misericordia de dios, no puede uno evitar acordarse de esas otras historias, cuando desde los púlpitos señalaban, con el dedo de la inquisición de la guerra partidista que vivió Colombia en el siglo XX, como “cachiporros”, “ateos” y “comunistas” a quienes reclamaban relaciones laborales dignas.

Le parece a la senadora muy extremo que trabajadores y empleadores pacten que a cambio de trabajo se retribuya un salario bien remunerado. Como ya había hundido el proyecto de ley de la reforma laboral sin ni siquiera dar el primer debate, no pudieron contarle que fue la combinación entre el modelo fordista, la ética del trabajo protestante y la capacidad de consumo que daba el trabajo bien pagado que la sociedad estadounidense encontró las más altas tasas de productividad en la primera mitad del siglo XX.

No lo entiende ni Esperanza ni su hermano Hernán Andrade que siendo senador aprobó la Reforma Laboral del gobierno de Álvaro Uribe con la que eliminaron los recargos nocturnos, dominicales y festivos por los que tanto luchó gente como Aureliano y que esta reforma laboral pretende restituir.

Los números demuestran que la Reforma Laboral de Uribe, aprobada en nombre de la generación de empleo, ni generó más empleo ni ayudo a las micro micro y pequeñas empresas en el departamento del Huila. Hasta antes de la pandemia la informalidad en Neiva rondaba el 54% según datos del Ministerio del Trabajo y frente a la supervivencia de las empresas en el departamento, el Estudio Económico Empresarial de la Cámara de Comercio del 2023, señaló que por cada 10 empresas creadas alrededor de 7 cerraron después de 5 años, siendo las más afectadas las micro y pequeñas empresas.

El fracaso de este tipo empresas no puede adjudicársele a los trabajadores, es cierto que los costos laborales representan un monto importante de los costos de operación de una organización, pero el problema tiene que ver más con que este tipo de empresas son poco rentables, entre otras, por un ecosistema productivo del país que, especialmente en regiones como la nuestra, se ha vuelto dependiente de un sector primario de la economía y de servicios poco especializados.

Para abordar estos desafíos que no son exclusivos de una reforma laboral habría que empezar por diferenciar a las micro y pequeñas empresas de las medianas y grandes, para que las empresas más grandes asuman mayores cargas tributarias, permitiendo a las más pequeñas, mediante exenciones fiscales y previo acuerdo para garantizar el empleo, redirigir recursos hacia los costos laborales.

Para el caso del Huila el tejido empresarial debería concentrarse en participar en sectores de mayor valor y en aumentar la productividad en los existentes.Algunos pasos en ese sentido podrían ser: fortalecer el sistema regional de Ciencia, tecnología e innovación, consolidar en el Huila la asociatividad y el cooperativismo no solo para la producción, sino también para reinvertir excedentes en mercados crecientes de alto valor agregado como las industrias logísticas y proyectar las TICs como un factor habilitante para la oferta de servicios especializados en sectores como la agricultura y el turismo.

En buena hora la movilización a favor de la reforma laboral del 18 de marzo nos puso hablar de estos temas, para ver, si como en una desbanda de pájaros se va la desEsperanza del Huila.

 

 

 

 

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