La cultura, por el piso
<p>Una jurista de Neiva, identificada como María Perdomo, pidió en las redes sociales, que una condición indeclinable para optar al título de abogado sea la aprobación de un examen de ortografía. ,</p>
Parecería ser ese un episodio simple, trivial, superfluo, de la formación en pregrado y de las reformas al pensum? La solicitud tiene carácter urgente, sin perjuicio de requisitos esenciales como la propia culminación de estudios y demás términos de ley que fija el Estado a través del sistema educativo-legal.
Según la fuente, da grima ver los alegatos inconexos de la mayoría ?por no decir que todos- los abogados inmersos en el debate jurídico cotidiano en esa rama del poder público, con un aumento preocupante, exponencial de su ocurrencia. No es la primera abogada que nos aborda para manifestar sus preocupaciones en la materia, durante los últimos años.
Se trata de contenidos ininteligibles, incomprensibles, vacuos de sentido, firmados por estos sus colegas y que van de la forma al fondo y viceversa.
Un analista consultado esta semana por los medios de difusión nacional pidió que las nuevas generaciones ?se pongan pilas? y cultiven la lectura, ojalá en medios físicos, si no quieren protagonizar el fin de la historia profesional de sus oficios, además de bajas protuberantes en la calidad del servicio asistencial a la comunidad.
La situación afecta a varios sectores del saber y en su aplicación, incluidos comunicadores, periodistas y dirigentes conductores de opinión, entre otros. Es lo más parecido a un virus, pues casi que se cometen los mismos errores de construcción en forma masiva.
Es tan grave el actual desconocimiento del lenguaje correcto, técnico y común, por demás, que su uso amenaza crisis y nos regresa a etapas de oscuridad, ya superadas, aunque el mundo progrese por razón de las riquezas y de la tecnología.
Tiene algo de fantasía contradictoria ese hecho y es posible que no tenga remedio en términos de los designios progresivos de este tiempo en que se sube y se baja hasta caer a un hoyo sin salida aparente.
Algunos expertos afirman que nunca ?todo tiempo pasado fue mejor?, tal vez evaluando las condiciones de mucha precariedad antigua en materia colectiva y social, incluso en la misma esperanza de vida.
Se supone que la escala del conocimiento científico llega ahora al más encumbrado nivel, y que la abundante especialización académica garantiza el bienestar colectivo, al igual que impulsa, como nunca antes, el uso de diversos principios de la lógica y de la razón.
Pero, en la práctica se imponen la desazón y el desconcierto en desarrollo de un estigma incurable, agónico, del lenguaje y de la inteligencia, amén de la filosofía.
Incoherencia y desequilibrio suben en el ranking de la moda. Caminamos en un diálogo de sordos, en una Torre de Babel, cuyos efectos anuncian un retroceso, una irremediable involución.
Nunca antes se había visto a los ciudadanos en semejante desconexión, en una circunstancia que retoma el camino a la ignorancia. Los puristas del lenguaje están de despedida en ese paisaje del habla, del intercambio social, en primera instancia.