La Convivencia Y El Equilibrio
Les comentaba que el espíritu de diciembre se siente en cada rincón del mundo. Nos reunimos y compartimos momentos especiales. Pero, de verdad, reflexionemos. ¿Lo hacemos de corazón? ¿Lo sentimos en nuestra vida? ¿O es por cumplir?
Deberíamos sentir la alegría y la inocencia de un niño en Navidad, que se reflejan en su entusiasmo por el pesebre, las luces, los villancicos, los regalos y las reuniones familiares. Para ellos, es una época mágica donde los buenos sentimientos florecen, y la esperanza y el amor se viven intensamente, creando recuerdos imborrables y llenos de felicidad.
Vivimos atrapados en el aislamiento, la desconfianza y el peligro de herirnos mutuamente, una sociedad que surge del vacío y la monotonía que invita a unirse, pero cuyas numerosas cualidades desagradables, repulsivas e insufribles nos separan una vez más.
Alguna vez nos sentimos abrumados por la soledad a pesar de estar rodeados de gente. Es un mundo cada vez más individualista. Vivimos cada vez más conectados, pero nos encontramos más solos que nunca. En la era digital, la distancia física se ha acortado. Las redes sociales nos permiten estar conectados con miles de personas. Y ¿De verdad sentimos esa conexión, cuando las relaciones se han vuelto más complejas, cuando vivimos atrapados en un juego de apariencias? Hoy buscamos más equilibrio entre la intimidad y la independencia, la convivencia entre la cercanía y la distancia, la necesidad de conexión y la necesidad de espacio personal.
Debemos entender que la convivencia es necesaria, el espacio debe ser prudente y el equilibrio es la clave. Así, respetar el espacio personal y establecer límites saludables es fundamental para mantener la armonía y la salud mental.
Arthur Schopenhauer, escribió, La parábola de los erizos:
"Un día helado de invierno, varios erizos se apiñaron muy juntos para, gracias al calor mutuo, evitar congelarse. Pronto sintieron el dolor que les causaban las púas de los otros, lo que los hizo separarse nuevamente.
Pero la necesidad de calor los volvió a unir, y se repitió el retroceso de las púas, de modo que quedaron atrapados entre dos males, hasta que descubrieron la distancia adecuada desde la cual se podían tolerar mejor el uno al otro."
Esto nos enseña que vivimos atrapados entre dos males: el aislamiento y el peligro de herirnos mutuamente. Que debemos buscar la distancia media que nos permita estar juntos por la necesidad del calor mutuo y también evitar el pinchazo de las púas. Esto también nos enseña que, aunque una relación muy estrecha puede causar daño, una relación demasiado lejana provoca angustia y dolor de soledad. La relación más saludable se encuentra en el equilibrio de la cercanía y la distancia.
Recuerdo la frase de mi madre: "Prende la vela. Ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre."
El mensaje era breve: ni tan cerca que queme tus sueños, ni tan lejos que deje tus pasos en la oscuridad. Que la vida nos acerque a lo que nos inspira, pero manteniendo una distancia para no quemarnos; que la cercanía puede ser cálida, pero también peligrosa. La vida, como en el baile de una llama, debemos encontrar el punto justo.