La Colombia destochada
Para nosotros, existe una Colombia ligeramente desquiciada que juega a dos bandas, blanco y negro a la vez, en razón de sus actitudes. En una secuencia reciente de hechos cronológicos vimos varias circunstancias que así parecen demostrarlo: I - A finales de Octubre e inicios de Noviembre, cuando la muerte se celebra ceremonial y religiosamente en Méjico, pleno Centroamérica, con contenido espiritual-ancestral, en nuestro país se conmemora la noche del diablo –el día 30 de octubre (todo lo contrario del sistema real de creencias sacrosantas)- con un festival de la muerte en el Bronx de Bogotá (el antiguo Cartucho) que incluye un desfile de modas en alusión a la parca en medio de disfraces mortuorios. Suena a elogio a lo negro, a lo oscuro y a lo tenebroso. A nuestro juicio, es el mal como motivo de negocios y de mercado, mientras se manda a la vida espiritual al carajo, de vacaciones. Podemos estar ante un materialismo ramplón que exalta las riquezas sin fin para alcanzar la felicidad. No es muy difícil observar eso en la sociedad que nos acompaña en estos momentos. La sociedad actual aquí hace un curso acelerado de locura, está patas arriba. Existe una distancia abismal entre las dos culturas anotadas –azteca y chibcha- por la frivolidad de los colombianos, por el hedonismo diabólico que rige en la sociedad nuestra y en sus generaciones, algo que nos condena a sufrir el espectro de la maldad y hasta nos asusta más que lo propiamente misterioso del ‘más allá’, por sus efectos destructivos sobre la Tierra y sus habitantes. Se puede pensar –en contravía del orden sagrado- que no hay nada que hacer para corregir nuestra fatalidad, incluso modificar nuestro destino, en apariencia inexorables. Allí encontramos lo que se refiere a los peligros de la travesía terrena y a lo difícil para imprimirle un cambio. II- Y como si eso fuera poco, en Neiva, se venden 100 motos nuevas cada día mientras el ruido y la congestión hacen de las suyas en sus estrechas vías. La muerte nos respira en la nuca, pues la circulación peatonal corre riesgos indecibles. Ni la alcaldía ni los semáforos ofrecen garantías para el tránsito ordenado. N. de R.: Espere segunda entrega sobre el particular.