La Caída Del Toro
La semana que termina, concluye con una perdida a la “libertad de prensa”, con la caída del toro salvaje. Me refiero al despido del que fue objeto el “periodista” Luis Carlos Vélez, uno de los más recalcitrantes activistas de la derecha en Colombia, y venenoso perseguidor del gobierno Petro, amparado en el hecho de ser un “periodista” amamantado por la elite nacional, y el privilegio de tener el control de un micrófono todos los días, de todos los meses, de todos los años, en que estuvo como director de la FM, emisora de la cadena radial RCN, de propiedad del grupo Ardila Lule.
El papel desempeñado por el señor Luis Carlos Vélez, frente a la libertad de prensa reclamada airadamente por los periodistas de los grupos económicos que ven afectados su sistema de privilegios, no ha podido ser más deplorable; pues su papel, lejos de informar con objetividad, transparencia y la verdad que dice defender; en lo que se había convertido era en un activista de la oposición, vestido de periodista y abusando de la confianza depositada en él, por una empresa radial, como RCN; que si bien es cierto se ha caracterizado por ser opositora del gobierno Petro, se le han respetado sus ejercicios empresariales y la libertad de difundir e informar, lo que quiera.
El señor Luis Carlos Vélez, no opina ni informa con la transparencia e idoneidad que gobiernan sus derechos, dentro del marco de la libertad de prensa, que dice defender hasta con su propia vida; sino que lo hace con el hígado graso y desde las vísceras descompuestas de su organismo lleno de agujeros y divertículos, que lo hacen proclive a lanzarle mierda a todo aquel que no represente los intereses clasistas de sus mentores. Si su determinación es ir en plena contravía del gobierno, como él mismo lo ha sostenido, lo lógico es que lo haga desde la tribuna del activismo político, visitando pueblos, campos y veredas, como lo han hecho sus adversarios, y no desde un medio de comunicación que supuestamente existe para brindar información oportuna y veraz a los oyentes. Al señor Luis Carlos Vélez, le caería muy bien, alistarse en las filas políticas y en el proselitismo de la senadora María Fernanda Cabal, de la mano de su defensor, contertulio y retrato hablado, Abelardo de la Espriella; quien lleva docenas de pañuelos gastados, secándose las lágrimas por la salida de este bárbaro de la información, quien está acusando al presidente Petro de la salida de este paladín del periodismo; y a los grupos económicos por haber cedido y sucumbido a las presiones presidenciales, para que le quitaran el micrófono a este homofóbico de la información.
El señor Luis Carlos Vélez, se cayó como se caen las frutas cuando están maduras; solo les basta un tenue movimiento y la fuerza de la gravedad para caer como alimento de los gusanos y abono de la tierra. El tipo ya estaba maduro y listo para caer, desde hace rato. Su despropósito final, de burlarse de la prensa regional y despotricar de un evento como la COP16, a celebrarse en la ciudad de Cali, produjeron el movimiento suficiente para tumbarlo. Fue un auténtico autogolpe, o como me dijo don Críspulo, mi contertulio ocasional: El pez, muere por su propia boca.
Que estarán pensando los señores Néstor morales, que le importa más el título del primer cuñado del país, que opinar e informar objetivamente; o la señora Vicky Dávila, hermosa muñeca, que prevalida de las bondades de disponer de un medio de comunicación a su verdadero antojo, lo ha utilizado como andamio de la política y no como andamio de la información objetiva y veraz?
Que pensaran el señor Felipe Zuleta, que con virulencia de gamín de plaza y en actitud típica de propietario y administrador de un Mariposario, posa como gran adalid de la verdad y la libertad de expresión?
Que estará pensando el señor Aurelio Suarez, que en actitud de huérfano ideológico y con actitud de pisca a tiro de poner, no sabe para dónde ir y tiene como plan diario en la BLU, escoger como sparring cotidiano para sus diatribas Moirosas, al niño prodigio de Ciénaga de Oro, Córdoba. Al señor Aurelio Suarez, le pasa lo mismo que a su mentor político, el senador Jorge Enrique Robledo: ¡Odian más a Petro que a Uribe¡
Nota de cierre: Pido disculpas a los miles de lectores que siguen mi columna de opinión, por las veces en que los domingos no escribo para ustedes. No suelo escribir mi opinión con antelación, pues en la montaña rusa que es Colombia, cada día trae un acontecimiento nuevo, que en muchos casos superan la importancia y actualidad del anterior. No olviden que yo también tengo mis propios derechos y vacíos existenciales que me truncan la inspiración; y con mayor veras, si estoy en mi cama susurrando el oído de mí amada esposa, pasando un guayabo, una trasnocha social en la noche anterior o simple y llanamente, porque no encuentro tema, para mortificar a los seguidores del Ubérrimo. Le pido al periodista Fabián Hernández, que me deje dormir mi domingo tranquilamente; que no moleste tanto y deje de escribirme a las 5 de la mañana preguntando por mi artículo; porque estoy que puyo el burro y me sumerjo en mi mundo vallenato, en donde también soy feliz.