La bicéfala de Agua Bonito

Enrique Ramirez

La bicéfala de Agua Bonito
“La bicéfala de Agua Bonita es un hallazgo excepcional. Su disposición de rostros mirando hacia el mismo lado no tiene paralelo en la estatuaria precolombina conocida.”
Mauricio Puerta.

En la columna de Agua Bonita, estatuas cometí un error: la expedición no fue en 1979, sino en Semana Santa de 1978. La corrección se la agradezco al médico Virgilio Pérez Murcia, quien nos acompañó en esta aventura. También agradezco al señor Olmedo Rivera, que me ayudó a recordar otros nombres, además de la socióloga Ofelia Ramírez Lozada: Cielo Cano, Alba Leonor Chaux, Vilma Dorado (Q. E. P. D.), Cielo María Perdomo, Adolfo Ubajoa, Alberto Cano, Gerardo Vega, Gabriel Perdomo; faltan nombres por mencionar, no se trata de excluir a nadie de esta jornada cultural de jóvenes estudiantes de La Plata.

El tema de las estatuas de La Plata tiene gran relevancia por su valor arqueológico, aunque aún no se les ha dado el reconocimiento que merecen en el ámbito nacional.

Estos vestigios pertenecen a una cultura precolombina que habitó la zona; fueron tallados en diferentes dimensiones y guardan semejanza con las esculturas de San Agustín, tanto zoomorfas (animales) como antropomorfas (figuras humanas con rasgos geométricos y simbólicos). Se, destaca una figura bicéfala, reflejo de creencias sobre la dualidad y el poder.

Arqueólogos como Eliecer Silva Celis, Mauricio Puerta y Álvaro Chávez han resaltado la importancia de estas esculturas para comprender la cosmovisión indígena de la región.

Me referiré especialmente a La Gemela, nombre que encontré en un artículo del periódico Brisas de La Plata de la década de 1920, y que los arqueólogos han mantenido hasta hoy.

La bicéfala de Agua Bonita no es solo un hallazgo arqueológico, sino también un desafío interpretativo. Su rareza la convierte en símbolo único de la cosmovisión precolombina: dos rostros humanos unidos en la misma dirección, metáfora de visión compartida y destino común.

Esta "Gemela" desconcierta a arqueólogos y visitantes. Es una figura tallada en piedra, con dos rostros mirando hacia el mismo lado, rasgo que la distingue de tradiciones escultóricas americanas, egipcias, europeas y asiáticas, donde la duplicidad suele expresarse en oposición o superposición.

Forma parte de la tradición del Alto Magdalena, aunque con rasgos propios. Su acabado tosco y orientación convergente la convierten en testimonio singular. En contraste, las serpientes bicéfalas aztecas muestran cabezas opuestas como símbolo de dualidad cósmica; en Egipto, las representaciones dobles son jerárquicas y expresan poder divino; en Europa, el dios Jano presenta dos rostros enfrentados, mirando pasado y futuro; en Asia, las esculturas múltiples tienden a la oposición o circularidad.

La bicéfala de Agua Bonita rompe con estos patrones: no hay oposición ni jerarquía, sino alineación. Dos rostros que miran juntos hacia un mismo horizonte. Comparten proporciones, pero no son idénticos, lo que sugiere individualidad. La mirada doble crea un efecto de insistencia visual.

Este patrimonio invaluable permanece en abandono. La falta de difusión y conservación ha dejado estas esculturas invisibles para el turismo y la investigación. La bicéfala de Agua Bonita no puede seguir oculta: su valor arqueológico y simbólico merece ser preservado y celebrado como parte esencial de la memoria histórica de Colombia y del mundo.

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