KEVIN ACOSTA. Culpa de la vaca

Enrique Ramirez

KEVIN ACOSTA. Culpa de la vaca
"Hay dolores que obligan al silencio.
Y hay dolores que obligan a la decencia."
*Carolina Restrepo

La muerte de Kevin Acosta, un niño hemofílico del Huila, es un caso sensible y complejo que requiere un análisis profundo. No se trata solo de informar el fallecimiento, sino de examinar sus múltiples dimensiones: la tragedia humana, las fallas del sistema de salud, la insensibilidad política, el marco legal y el impacto social.

Es necesario abordar el aspecto humanitario, las deficiencias estructurales en la atención médica, la polémica por las declaraciones oficiales y sus implicaciones, la legalidad en la divulgación de la historia clínica y, finalmente, la repercusión social. Este caso entrelaza la dolorosa muerte de un niño con los vacíos del sistema de salud y una aguda controversia política.

No haré referencia al libro de anécdotas "La culpa es de la vaca". Porque el día que la vaca murió, los problemas siguieron y comprendieron entonces que la culpa no era de ella, sino de su propia negligencia. También me recuerda la fábula del zorro y las uvas, donde el zorro culpa a las uvas de estar verdes por no poder alcanzarlas. Sin duda, se busca un culpable externo para no asumir las propias fallas. Me acorde una de las fábulas más antiguas: El lobo y el cordero, de Esopo.
Un lobo y un cordero bebían agua en el mismo arroyo; el lobo estaba arriba y el cordero, corriente abajo.
Movido por sus instintos, el lobo empezó a buscar un pretexto para devorarlo.
—¿Por qué ensucias el agua que estoy bebiendo? —le dijo, furioso.
El cordero, temblando, respondió:
—Señor, ¿cómo podría ensuciar el agua, si usted está más arriba y el agua corre hacia mí?
El lobo, desconcertado, insistió:
—Bien, pero el año pasado lo oí hablar mal de mí.
—¡Pero si yo nací hace apenas unos meses! — baló el cordero.
Entonces el lobo, perdiendo la paciencia, le mostró los dientes y dijo:
—Aunque te defiendas bien, no pienso dejarte ir. Tu padre habló mal de mí el año pasado, y tú pagarás por ello.
Y sin más, se abalanzó sobre el cordero y lo devoró.

Esto encaja perfectamente con lo que voy a decir. El poder y la excusa: no se busca justicia, sino evadir responsabilidades. La impotencia del débil: la víctima nunca podrá argumentar lo suficiente ante un poder que ya ha decidido que ella es culpable. Y la culpa de existir: el lobo termina culpando al cordero por algo que ni siquiera hizo.

Cuando no se quiere o no se puede resolver un problema estructural, como la falta de medicamentos, la solución más rápida y cínica es buscar a alguien a quien señalar. En esa búsqueda, siempre es más fácil culpar al que no tiene voz, al que está "corriente abajo", que al poderoso que debería garantizar el agua limpia para todos.

Este caso resume la crisis del sistema de salud colombiano: burocracia que mata, falta de insumos y una profunda desconexión entre la clase política y la realidad de los ciudadanos.

Kevin Acosta, el niño, murió esperando un tratamiento para la hemofilia. El comunicado del Colegio de Abogados en Derecho Médico, dice: "Las Entidades Promotoras de Salud (EPS) están en la obligación legal y constitucional de garantizar el acceso oportuno, integral y permanente a los medicamentos, terapias y procedimientos indispensables, especialmente cuando se trata de pacientes con enfermedades crónicas que requieren manejo continuo".

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