Jefes del ELN y Segunda Marquetalia operan desde Venezuela: amenaza para Huila
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Comandantes de guerrillas se refugian en territorio venezolano y expanden operaciones hacia la región fronteriza. El Huila, puerta de entrada a Colombia, enfrenta riesgos crecientes de confrontación armada.
Los principales dirigentes del ELN y la Segunda Marquetalia operan desde Venezuela, según confirmó el comandante de las Fuerzas Militares, Erik Rodríguez. La revelación pone en alerta a departamentos fronterizos como el Huila, donde la presencia de estas organizaciones ya genera tensiones de seguridad.
Rodríguez identificó en territorio venezolano a Antonio García, máximo jefe del ELN; Israel Ramírez Pineda, alias Palo Beltrán, del Comando Central; Silvana Guerrero, comandante del Frente de Guerra Nororiental; e Iván Márquez, líder de la Segunda Marquetalia. Desde allí coordinan operaciones que trascienden fronteras y se expanden hacia zonas estratégicas como el estado venezolano de Amazonas y regiones cercanas a Guyana.
Para el Huila, esta dinámica representa una amenaza inmediata. Municipios como Pitalito, Granada y Puerto Caicedo, ubicados en la zona limítrofe, están expuestos a enfrentamientos entre estructuras que disputan territorios y economías ilícitas. El flujo de combatientes, armas y drogas que cruza desde Venezuela hacia el departamento se intensificaría si estos comandantes consolidan sus bases de operación al otro lado de la frontera.
Expansión de grupos armados en la región fronteriza
La amenaza no es solo de presencia, sino de crecimiento. Según datos de la Fundación Ideas para la Paz, el ELN pasó de 5.851 miembros en 2022 a 7.123 en 2026. La Segunda Marquetalia cuenta con 584 integrantes. Más preocupante aún: el Clan del Golfo creció de 4.061 a 10.268 combatientes en el mismo período, consolidándose como la organización armada más grande del país.
El director de la Policía Nacional, Alejandro Barrera, explicó que estos grupos ya no operan desde campamentos rurales tradicionales sino desde viviendas clandestinas en zonas urbanas o periurbanas, donde acceden a servicios e infraestructura. Esto dificulta su detección y amplia su capacidad de reclutamiento y logística en ciudades como Neiva.
La expansión territorial responde a intereses económicos concretos. Guyana atrae a estos grupos por sus reservas mineras; Venezuela ofrece territorio seguro para reorganización; y la ruta que cruza el Huila hacia el interior del país permite conectar estos territorios con mercados de droga y armas en el centro del país. Neiva, capital huilense, se convierte así en punto de tránsito obligado en cadenas de suministro ilegal.
Qué viene para el Huila y la seguridad fronteriza
Las autoridades militares advierten que la ubicación de cúpulas guerrilleras fuera de Colombia complica operaciones de captura. No obstante, el crecimiento de membresía en territorio nacional mantiene la presión sobre municipios del Huila. La cooperación binacional entre Colombia y Venezuela es limitada, lo que permite que estos líderes coordinen actividades sin interferencia efectiva.
El reto inmediato es contener el reclutamiento de jóvenes huilenses y evitar que zonas rurales del departamento se conviertan en bases de reagrupamiento. Las autoridades locales mantienen patrullajes reforzados en municipios fronterizos, pero las cifras de crecimiento de efectivos sugerieren que la estrategia de seguridad actual no detiene la expansión. En los próximos meses, las dinámicas de confrontación entre estas organizaciones por control territorial definirán si la violencia se intensifica o se contiene en la región.
Equipo editorial - Dime Media
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